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El fin de la privacidad: un acercamiento al pensamiento de Byung-Chul Han

by Mario Heider Magallanes
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Los ensayos del sur coreano Byung-Chul Han pertenecen a los libros filosóficos más populares de los últimos diez años. Su crítica social se enfoca en temáticas relacionadas con el neoliberalismo y la comunicación digital. Este artículo ofrece un acercamiento y una crítica al pensamiento de Byung-Chul Han, especialmente al panóptico digital y a la transparencia/opacidad.

En el año 2007, la compañía estadounidense Apple lanzó el primer teléfono inteligente, el iPhone. Durante los siguientes años, el iPhone y sus rivales, basándose en el sistema Android de Google, lograron difundirse tanto que en nuestros días es casi obligatorio contar con uno de ellos. Según el World Factbook de la CIA, que no diferencia entre móviles y teléfonos inteligentes para el año 2016, en la República Dominicana, un 82% de los habitantes tenían un teléfono móvil. El uso masivo de los teléfonos inteligentes es el cambio más visible que existe entre el antiguo mundo análogo y el emergente mundo digital.

Ese cambio, y otros aún desconocidos, son comparados por algunos con los efectos de la revolución industrial, que está atrayendo el interés no solamente de muchos científicos sino también de un público amplio. A nivel mundial existen muchas instituciones y pensadores individuales que se dedican en este momento a la investigación del mundo digital; para mencionar solamente un ejemplo cercano, tenemos el caso del Observatorio de las Humanidades Digitales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.  

Uno de los pensadores del mundo digital más leído, especialmente en Latinoamérica, es el filósofo surcoreano Byung-Chul Han (1959), quien estudió filosofía en Alemania e hizo su doctorado sobre la obra de Heidegger en 1994. Actualmente es profesor de Estudios de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín (Universität der Künste). Algunas de sus obras más importantes son La sociedad del cansancio (Barcelona, Herder Editorial, 2012), La sociedad de la transparencia (Barcelona, Herder Editorial, 2013), En el enjambre (Barcelona, Herder Editorial, 2014), Psicopolítica (Barcelona, Herder Editorial, 2014) y La expulsión de lo distinto (Herder Editorial, 2017).

Es muy notorio que en la percepción de las ideas de Byung-Chul existe una ambivalencia muy grande. Por ejemplo, la enciclopedia popular Wikipedia dice: «Byung-Chul está considerado como uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo por su crítica al capitalismo, la sociedad del trabajo, la tecnología y la hipertransparencia». En una entrevista que realizó Andrés Merejo al filósofo español Javier Echeverría sobre Byung-Chul, publicada en acento.com.do de abril de 2018, este último dice: «Es un autor interesante, pero un poco tecnofóbico y bastante metafísico». Y para citar solamente una de las numerosas y muchas veces mal valoradas reseñas de Byung-Chul Hans, basta leer cómo la tituló el periódico suizo Tagesanzeiger: «El filósofo sobreestimado. Byung-Chul Han es muy tentador para gente que lee rápido y entiende lento».

Lo que se puede decir hasta ahora es que Byun-Chul impresiona bastante al público, pero sus teorías son muy controversiales. En el artículo «El filósofo surcoreano que se hizo viral»,5 publicado en el periódico español El País, se cita al catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz, quien dice: «Por un lado, ha acertado en el formato. Esos textos de intervención corta y clara son fundamentales. Además, está el estilo. Tiene un modo de plantear las cosas sumamente atractivo. Parte de un concepto intuitivamente aparente –la transparencia, por ejemplo– o una metáfora –la sociedad del cansancio– y consigue un grado de accesibilidad muy grande. También está muy preocupado por la experiencia. Por último, está acreditando solvencia. Te puede gustar o no, pero no puedes decir que sea un charlatán».

No quiero seguir con la pregunta de si ByungChul Han es un charlatán o no, si es tecnofóbico o bastante metafísico, o si se hizo viral por la forma de sus publicaciones. Eso solamente nos lleva fuera del problema central: ¿Qué hace la digitalización con nosotros, con nuestra forma de comunicar, de vivir y trabajar? Lo primero que podemos aprender de ByungChul Han es que esa pregunta es falsa. En una sociedad dominada por el capitalismo neoliberal, no es posible mirar a la tecnología como mera tecnología. Tenemos que pensar siempre en la tecnología como medio de producción.

En los primeros días de Internet existía una euforia grande con respecto a las nuevas posibilidades de comunicarse. Parecía posible una comunicación directa entre iguales, sin censura, sin jerarquía. Existía la utopía de un ciberespacio sin dueños y al margen de los poderes políticos. El más famoso documento de esa época es la «Declaración de independencia del ciberespacio», de John Perry Barlow, publicado en el año 1996. Pero la realidad de hoy es muy distinta a esas utopías.  

La base tecnológica de Internet está en manos de compañías privadas. Si se quiere entrar al mundo virtual sin depender de accesos públicos, se tiene que pagar a una empresa como Claro, Altice, Viva u otras. Pero no es como un peaje que permite usar la infraestructura de manera anónima. En la mayoría de los casos, es necesario por política de la compañía o por las leyes del país presentar el documento de identidad para obtener un acceso a Internet. Aparte de eso cada smartphone, tableta o computadora, tiene su dirección IP, que se puede ocultar solamente con un poco de esfuerzo. Así es fácil ser observado por las compañías digitales y las autoridades estatales. Desde Edward Snowden sabemos que esa observación es universal. 

Este es el primer paso hacia la sociedad de la transparencia, observado por Byung-Chul Han, o la hipervisibilidad, y al mismo tiempo la sociedad de la opacidad. Lamentablemente, Byung-Chul en sus textos trata solamente la transparencia, dejando a un lado la opacidad. Aunque menciona (como su pensamiento está basado en la dialéctica) que cuando aumenta la transparencia aumenta también la opacidad.

Con el fin de describir la sociedad de la transparencia, Byung-Chul usa la metáfora del panóptico digital. Para facilitar la vigilancia de prisioneros (y también trabajadores de fábricas), Jeremy Bentham desarrolló, a finales del siglo XVIII, una estructura arquitectónica que hacía posible observar a los internos sin ser observado por ellos. En la cárcel concebida por Bentham, en la que se inspiró el Presidio Modelo de la Isla de la Juventud, en Cuba, los prisioneros están en celdas alrededor de una torre central. Como las celdas están completamente abiertas hacia la torre, los guardianes pueden ver siempre a los presos sin ser vistos por ellos. Así se quedó en los prisioneros el sentimiento de vigilancia permanente. Ya en los años setenta del siglo XX el panóptico ha servido a Michel Foucault como metáfora de la sociedad disciplinaria y resucita como panóptico digital en la sociedad de la transparencia de Byung-Chul Han.

Toda acción que realizamos en Internet queda grabada y es vista, pero no por guardianes desde una torre que ejecutan el poder del Estado si es necesario, sino por compañías privadas como Google, Facebook, Amazon y otros. Esas compañías no tienen un interés en un mejoramiento moral como el que Bentham tenía en su mente, tampoco quieren castigar a alguien por comportarse mal. Su interés en la vigilancia de los inquilinos del panóptico digital no es castigar una conducta indeseable, es obtener toda la información posible para predecir el comportamiento del consumidor.

No se encuentra en Byung-Chul Han la distinción entre el panóptico digital capitalista y su versión china. El Gobierno chino está interesado en la transparencia total de la sociedad para formar nuevos ciudadanos. Como Byung-Chul Han se interesa más en los efectos sociopolíticos del capitalismo neoliberal en la sociedad, descuida el caso de China, pese a que su concepto del panoptismo quedaría mejor en este país que en los Estados occidentales. Byung-Chul Han hace referencia en sus libros al Big Brother de Orwell, pero su preocupación central no está en la vigilancia de los ciudadanos por el Estado, sino en la entrega voluntaria (exposición) del sujeto consumidor al universo virtual de las empresas digitales.

Algo problemático en el pensamiento de Byung-Chul Han es la estructura asistemática con que lleva sus razonamientos al lector. No valida sus ideas con procedimientos técnicos, no las funda en datos estadísticos, no usa una perspectiva histórica y tampoco se refiere mucho a teorías de otros pensadores de una manera profunda. El principio de su libro La sociedad de la transparencia ilustra ese estilo de pensar. «Ningún otro lema domina hoy tanto el discurso público como la transparencia». La propia percepción de ByungChul Han se convierte en un hecho si él ve la necesidad de sustentar sus afirmaciones.

Por eso, a veces sus supuestos básicos no son acertados y lo llevan a caminos equivocados, como el planteamiento de que la transparencia es el enemigo de la política. Byung-Chul Han no diferencia entre una transparencia del deber y una transparencia obligatoria. En el discurso de la transparencia él ve un peligro por el principio de la representación en la política porque «la política como acción estratégica necesita un poder de la información, a saber, una soberanía sobre la producción y distribución de la información. En consecuencia, no puede renunciar por completo a aquellos espacios cerrados en los que se retiene información de manera consciente. La confidencialidad pertenece por necesidad a la comunicación política, es decir, estratégica. Si todo se hace público sin mediación alguna, la política ineludiblemente pierde aliento, actúa a corto plazo y se diluye en pura charlatanería. La transparencia total impone a la comunicación política una temporalidad que hace imposible una planificación lenta, a largo plazo. Ya no es posible dejar que las cosas maduren. El futuro no es la temporalidad de la transparencia. La transparencia está dominada por presencia y presente».

Es cierto, como dice Byung-Chul Han, que la demanda por transparencia de los procesos políticos es resultado de la falta de confianza en los políticos. Pero en eso él está muy enfocado en la situación en Europa occidental o en Norteamérica. Como demuestra el caso de corrupción gigantesca de la empresa brasileña Odebrecht, la transparencia sería en otras partes del mundo una posibilidad de establecer una política que debilite la corrupción.

Transparencia voluntaria (exposición)

Byung-Chul Han relaciona el motivo de la exposición de los sujetos en las redes sociales con la demanda de una permanente optimización por parte del sistema capitalista neoliberal. Según nuestro autor, el capitalismo moderno ha convertido al trabajador clásico, explotado por fuerzas ajenas, en un empresario de sí mismo y dispuesto a la explotación propia, aunque pensando que es una autorrealización. En este sistema del rendimiento, «el hombre se ha convertido en el explotador de sí mismo por un propio afán desmesurado de competencia, de éxito, vivido como realización personal».El éxito mensurable en el Facebook es el «me gusta», en Twitter el número de los seguidores y en Youtube la cantidad de los suscriptores. Así vemos en los medios sociales una cantidad de cuerpos –optimizados por deporte, cirugía o Photoshop– en poses íntimas, amoldados al ideal del rendimiento y dispuestos a dejar ver todo para generar atención y recibir muchos clics como comprobación de su propio éxito.

La sociedad del consumidor transparente 

Hemos escuchado mucho hasta ahora sobre la transparencia, pero esa transparencia no es universal, sino que se trata de la transparencia del consumidor o la transparencia de los participantes del mundo virtual. Como Vicente Luis Mora observó en su crítica a Byung-Chul Han, la tecnología para entrar al mundo virtual es algo totalmente opaco. Escribió: «No solo son incomprensibles las máquinas digitales, a cuyo interior en ocasiones ni siquiera se puede acceder físicamente (los últimos modelos de Mac y los iPhone no tienen tornillos, no pueden abrirse salvo en las tiendas oficiales y por sus técnicos), sino que el lenguaje con que está construido su software es inaprensible, es ilegible, a menos que seas programador».

Pero eso se puede aplicar a cada tecnología moderna que no sea inteligible para el usuario. La verdadera opacidad no está en la tecnología, sino detrás de la fachada tentativa del mundo virtual. Cada plataforma –sea Facebook, Youtube, Amazon, etcétera– trata de formar un espacio agradable a sus usuarios, invitándonos con varias estrategias a pasar mucho de nuestro tiempo en ella a fin de recibir todas las informaciones posibles sobre el cibernavegante. Y con el enlace automático (los famosos algoritmos) de esas informaciones, las compañías digitales pueden generar perfiles supuestamente precisos de los usuarios. Y ¿quién lo hace?, ¿cómo lo hace?, ¿con cuáles fines lo hace?, ¿cuáles son los resultados? Todo eso permanece opaco. Según Byung-Chul Han, nuestra vida se reproduce totalmente en la red digital. Pero no es así, aunque el enlace de data de diferentes fuentes deja de mirar a veces hasta las cosas más íntimas, refleja nuestras huellas en el mundo digital. Una entrada en Instagram o Facebook, más que mostrar algo real, representa una obra teatral.

El mismo Byung-Chul Han lamenta que en las redes sociales, en vez de comunicación, lo que se logra es la exposición personal. Entonces sería más apropiado decir que la vida de nuestro avatar se reproduce en la red digital, y con la consecuencia de que «se confunde la recolección de informaciones y de huellas de todo tipo con el auténtico conocimiento». Al fin se puede decir que nuestra vida de consumidor se transparenta a través de las compañías digitales mientras que ellas se quedan en la opacidad total. Pero todo eso parece como un ejercicio delante de la nueva megatendencia, la inversión masiva en el mercado de salud

Si mis gustos con respecto a la ropa o mis preferencias de lectura o mi consumo de videos es accesible, pudiera ser que me lleguen ofertas más o menos interesantes, o la repetición perpetua de lo mismo pudiera aburrirme. Pero si ofrecemos a las empresas informaciones mensurables relativas a nuestro organismo, como presión de sangre, actividad cardiovascular, nivel de glucemia, etcétera, para que las exploten económicamente, esto sí será el verdadero fin de la privacidad y la autonomía. Ya nuestras sensaciones del cuerpo no guiarán nuestro comportamiento, sino una dictadura de los algoritmos que decidirán a partir de una base de datos. El infierno de la transparencia. 

Notas 

1- «The World Factbook». .

2- «Byung-Chul Han». . [Consulta: 29/04/2018] 

3- «Diálogo filosófico con Javier Echeverría: Espacios virtuales, ciberpolítica y tiempos transidos». . 

4- «Der überschätzte Philosoph». . 

5- «El filósofo surcoreano que se hizo viral». 

6- Byung-Chul, Han: La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder, 2013. 

7- Byung-Chul, Han: En el enjambre. Barcelona: Herder, 2014. 

8- «Byung-Chul Han: la sociedad de la transparencia, psicopolítica y autoexplotación neoliberal: de lo viralinmunológico a lo neuronal-estresante». . 

9-«Lo opacidad, Han, la opacidad». . 

10- «Byung-Chul Han: la sociedad de la transparencia, psicopolítica y autoexplotación neoliberal: de lo viralinmunológico a lo neuronal-estresante». .


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