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Entrevista a Emil Chireno “El empoderamiento cívico de la juventud dominicana eleva el nivel de amor por lo nuestro y la identidad cultural”

by Frank Baéz
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Uno de los aspectos más interesantes de las discusiones sobre el cambio climático es la participación y el empoderamiento que los grupos juveniles han alcanzado. En la actualidad, en la República Dominicana se observa que la juventud organizada protesta en contra de decisiones y políticas que afectan el medioambiente. Muchos enarbolan la famosa cita de Joe Strummer: “El futuro no está escrito”, para concienciar y mostrar las posibilidades que tienen de cambiar todo lo que se propongan, incluso los efectos catastróficos que podría tener el calentamiento global. Este es el caso de Emil Chireno, quien formó parte de la delegación dominicana que representó al país en la 15 Conferencia sobre el Cambio Climático de la onu celebrada en Copenhague (cop15), en Dinamarca. Apasionado del medioambiente y del liderazgo juvenil frente a los principales retos que enfrenta la humanidad, es un joven valioso con plena conciencia del papel que tiene su generación frente a los cambios ecológicos y tecnológicos que imperan. Es estudiante de término de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y desde 2008 se desempeña como gerente de proyectos internacionales de la Asociación Dominicana de Naciones Unidas.

Fue coordinador del primer Foro de Jóvenes de las Américas por Haití con la Iniciativa Global Clinton para Universidades y el año pasado la Unesco lo seleccionó como co-facilitador regional para América Latina y el Caribe del Sexto Congreso Mundial de la Juventud de Unesco. Ese año también fungió como asesor juvenil para el Banco Mundial de su programa Latin American and the Caribbean Development Marketplace 2010. Pero sobre todo, Chireno aporta una visión joven a estos esfuerzos. Pienso que lo primordial es que se está involucrando, de una forma renovada, en el tema más trascendente de nuestros tiempos: el cambio climático. Un deber de nuestras sociedades es darle mayor importancia y vigencia a voces como la suya. Tanto el cambio climático como la crisis económica que viven nuestras sociedades, no son más que una oportunidad excepcional para que las voces de la juventud sean tomadas en cuenta en el diseño e implementación de políticas públicas. Pienso que es tiempo de renovarse, de rejuvenecer y de incluir a la juventud en los debates. En última instancia, el futuro les pertenece.  

¿Cuándo empiezas a participar en los debates sobre el medioambiente?

En 2008 realicé una pasantía en la Comisión Interamericana sobre Derechos Humanos en Washington y allí trabajé con el análisis de varias denuncias de comunidades indígenas de Perú y Ecuador que me tocaron sensiblemente; sus testimonios sobre la destrucción indiscriminada del medioambiente eran desgarradores y me marcaron. Desde ahí el tema del medioambiente y su relación con los derechos humanos me despertó un gran interés. Ese año fungí como asesor académico en una conferencia estudiantil de Naciones Unidas sobre derechos humanos y medioambiente en México; aquí comenzó mi interés con los temas medioambientales. Mi trabajo con las discusiones sobre medioambiente a nivel local empezó tras esta experiencia, cuando trabajé con algunas ong locales sobre el liderazgo juvenil frente al cambio climático. En 2009 coordinó la campaña nacional de Naciones Unidas, “Sellemos el acuerdo”, frente a la pasada Conferencia de las Partes (cop15) de Copenhague, y esta me mostró una lección muy importante: cuando se tienen objetivos comunes y las herramientas adecuadas, la solidaridad toca los hilos más sensibles del ser humano. Así es como más de mil trescientos jóvenes de la región se comprometieron a tomar medidas individuales para mitigar los efectos que tiene el cambio climático.

¿Cómo logras formar parte de la delegación que representó a la República Dominicana en la Conferencia del Cambio Climático de Copenhague? 

Fui seleccionado por el Foro Europeo de Juventud y el Gobierno de Países Bajos para representar a la juventud dominicana en la cop15 como parte de un programa de cooperación norte-sur. Luego de mi selección, entendí que se había dado la oportunidad idónea para lograr lo que todos los jóvenes del mundo habían estado intentando, que no es más que acercar los intereses de la juventud a la política medioambiental de nuestros países. Con este fin, decidí contactar a Omar Ramírez. Lo conocí durante la campaña “Sellemos el Acuerdo”. Ramírez me ayudó bastante a comprender el modus operandi de las cop; además, valora mucho eliderazgo juvenil, por lo que entendió que era necesaria la presencia de juventud dominicana dentro de las negociaciones del acuerdo de Copenhague, porque como él dice: “Nos estamos poniendo viejos y de ustedes depende el éxito de todos nuestros esfuerzos”. En la conferencia fui miembro de la delegación de nuestro país y punto focal de contacto con las redes juveniles representadas. Es imposible expresar en palabras la emoción que sentí en las sesiones plenarias donde las diferencias culturales y políticas ilustraban perfectamente el mundo en que vivimos: nuestras sociedades enfrentan retos comunes que ameritan olvidar nuestras diferencias y potenciar nuestras similitudes.

¿Puedes referirte un poco a cómo se coordinan estas conferencias? ¿Cómo funcionan? ¿De qué manera afectan a las políticas que toman las potencias mundiales?

Las cop son un reto logístico debido a que la conferencia se constituye en un punto de convergencia entre sociedad civil y gobiernos cuyas posiciones en muchas ocasiones son diametralmente opuestas. En el caso de Copenhague, los organizadores contaron con la presencia de más de veintiocho mil personas en representación de varias organizaciones no gubernamentales, instituciones académicas, organismos intergubernamentales y gobiernos dentro de un complejo de proporciones impresionantes llamado Bella Center en el centro de Copenhague. Durante las conferencias se divide el trabajo en sesiones exclusivas de negociación para las delegaciones oficiales, sesiones donde puede participar la sociedad civil como observadora y sesiones mixtas. La idea de acreditar a organizaciones de la sociedad civil responde a la necesidad de acercar la política exterior medioambiental, de los estados miembros de Naciones Unidas, a las demandas de la población mundial. Creo que la mayor influencia que tienen estas conferencias en la política exterior de los países industrializados es la de canalizar una fuerte presión mediática que ayude a concretar los apoyos necesarios para que los países en vías de desarrollo puedan adaptar sus economías a un cambiante medioambiente y mitigar los efectos del cambio climático. El tema del financiamiento para la adaptación y mitigación constituyó el punto de inflexión de las negociaciones y me demostró cuanto ha cambiado el escenario internacional: hoy vivimos en un mundo donde las economías emergentes están modificando profundamente la forma en que se toman las decisiones globales.

La conferencia de Copenhague ha sido criticada internacionalmente. Tanto periódicos como especialistas en el tema la han catalogado como un fracaso. Ya que fuiste parte de este proceso, me gustaría escuchar tu opinión al respecto y cuáles son los puntos fuertes a tomar en cuenta en la próxima conferencia a celebrarse en México este año.

La revolución medioambiental que nuestro mundo necesita desesperadamente no puede ocurrir tan rápido. Creo que Copenhague fue un gran paso dentro de un proyecto mayor que está por venir. Nunca antes en las conversaciones medioambientales una conferencia había levantado tantas expectativas y había atraído tanta atención mediática: más de ciento veinte jefes de Estado se dieron cita y eso dio al tema del medioambiente una relevancia política sin precedente alguno. Por esto creo que la conferencia, aun no habiendo logrado los objetivos de un acuerdo ambicioso y de carácter vinculante que se esperaban, mantuvo las primeras planas de los periódicos más importantes del planeta repletas de temas medioambientales durante 14 días, lo cual tuvo un fuerte impacto en la forma en que el mundo está tratando un tema que hasta hace poco resultaba irrelevante para muchos. El reto más importante para México es que las naciones industrializadas logren números concretos y justos en sus objetivos de reducción de dióxido de carbono. Pero más importante aún es consolidar el financiamiento vertical de las naciones más industrializadas, para que los países menos desarrollados puedan luchar contra los efectos del medioambiente y conservar su biodiversidad. No olvidemos que los pulmones del planeta se encuentran en los países en desarrollo.

¿Puedes referirte a las posiciones que adoptaron Estados Unidos y China? 

Aunque históricamente Estados Unidos ha sido el mayor emisor de dióxido de carbono, China en la actualidad es el número uno. Del primero, por el ascenso al poder del presidente Barack Obama, se tenían muy fuertes expectativas de apoyo económico a la causa medioambiental. Del segundo, como modelo de economía emergente, se esperaba un fuerte liderazgo en la reducción de emisiones de dióxido de carbono. La realidad es que la fuerte competencia política del país más poderoso del mundo y su primer competidor llegaron incluso hasta las salas de negociación. El argumento chino (como gran economía emergente) se centró en que la protección del medioambiente debe ir de la mano del crecimiento económico y, por lo tanto, China no se inclinó por un mecanismo de verificación de sus objetivos de reducción de dióxido de carbono ni tampoco se comprometió a una reducción sustancial de sus emisiones. Estados Unidos trató de negociar todo el tiempo un acuerdo de carácter no vinculante (recordemos que Obama se reunió con Hintao una semana antes de cop15 y no pudieron llegar a un objetivo de reducción para ambas partes), primero porque China no mostró disposición de ceder en la verificación de sus reducciones de dióxido de carbono y segundo porque se está ventilando un gran proyecto de ley medioambiental que todavía se está negociando en el Congreso estadounidense y que evidentemente necesita apoyo republicano. 

¿Qué nos espera después del 2012, cuando concluya el periodo de compromisos que se adoptaron en Kioto?

Es una pregunta difícil. Mi esperanza es que México permita trazar el camino para un nuevo acuerdo marco, porque si bien Kioto contiene metas de reducción específicas, estas mostraron ser definitivamente ineficientes en la práctica y actores muy relevantes no lo ratificaron. Por esto se necesita mirar más allá, y crear un nuevo acuerdo con herramientas adecuadas que no se ahoguen en cualquier tecnicismo procedimental. No olvidemos que el acuerdo de Copenhague no fue aprobado unánimemente y por esto las partes solo “tomaron nota” sobre el acuerdo, pero no lo adoptaron porque el reglamento de la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático exige una aceptación unánime de las partes para adoptar un acuerdo de este tipo. En este escenario queda pendiente la titánica tarea de crear un nuevo acuerdo.

¿Cuál fue el papel de la delegación dominicana en estas discusiones?

La delegación tuvo un papel bastante dinámico y multifacético. Como isla, trabajamos muy de cerca con los miembros de aosis (Alliance of Small Island States) quienes tienen condiciones medioambientales muy parecidas a la nuestra y otros grupos de naciones con las que compartimos objetivos comunes. Por igual, por la pluralidad de colaboradores de la delegación, la presencia dominicana fue muy sólida no solo en la negociación regional con nuestros hermanos latinoamericanos, sino en las distintas actividades que organizó la sociedad civil con miras a crear una mayor integración regional. Creo que por nuestra posición geográfica estamos llamados a jugar un rol integrador en América Latina, la cual aún se encuentra dividida frente a las negociaciones de cambio climático, y es una de las regiones más vulnerables del planeta.

Me gustaría que hables un poco sobre el papel de los jóvenes en estos debates, esencialmente sobre la organización llamada Youngo. 

Como parte de una iniciativa de la Secretaría General de la cop15 y el Gobierno de los Países Bajos, en la pasada conferencia de Copenhague más de mil quinientos jóvenes de todo el mundo contaron con representación fija en el pabellón de las delegaciones oficiales. En el Youngo Constituency nos reuníamos todos los días a partir de las ocho de la mañana, con un orden de debate parlamentario distribuido geográficamente, y decidíamos cuál sería la estrategia a seguir durante el día dependiendo del rumbo de las negociaciones. A los jóvenes nos organizaron conversatorios intergeneracionales con figuras de alta relevancia del mundo medioambiental como son Al Gore y el doctor Rajendra Pachauri, director del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, con quien compartí algunas impresiones. Nuestro objetivo principal en Youngo era asegurar que la visión de la juventud estuviera presente en las posiciones de nuestros países y en el acuerdo final. Luego de la conferencia creamos una plataforma mundial con representación regional para coordinar con más antelación nuestra posición para la próxima cumbre y ver si logramos resultados concretos en la cop16. Creo que la energía, creatividad y liderazgo de la juventud del Young Constituency es una de esas experiencias que contaré a mis nietos.

Ya que compartimos la isla con Haití, ¿no es necesario que trabajemos en conjunto en aspectos ambientales y que se cree una comisión paralela de ambos países para tratar estos temas? 

Me parece que la cooperación con nuestros hermanos haitianos es fundamental. De hecho, en Copenhague, la delegación dominicana junto a la haitiana y la cubana, presentamos un proyecto llamado Corredor ecológico del Caribe, que busca crear estrategias conjuntas de cooperación medioambiental entre Cuba, la República Dominicana y Haití. Hace varias semanas me reuní con un colega de la MacArthur Foundation y confieso que me sorprendió mucho saber que existen varios proyectos de conservación de la biodiversidad que involucran a la República Dominicana y Haití, especialmente en el parque nacional de Jaragua, al suroeste de nuestro país y al sureste de Haití. En esa región tenemos ecosistemas idénticos y por el futuro de ambos lados de la isla, debemos hacer todo lo posible para conservarlos. Creo que Haití tiene una oportunidad sin precedentes para sentar las bases de un desarrollo que sea ecológicamente sostenible. Aunque la inclemencia de la naturaleza haya azotado fuertemente a nuestros hermanos haitianos, ahora es el momento de trabajar por un Haití mucho más verde y en ello nuestra patria tiene mucho que aportar.

En tu opinión, ¿de qué manera nuestros representantes, nuestros gobiernos y nuestros líderes están asumiendo esta situación? ¿Dónde se debería empezar a concientizar? 

Me parece que el liderazgo mundial, aunque quizá no al ritmo deseado, está tomando el rumbo que nuestro planeta necesita. Gradualmente el medioambiente se está convirtiendo en una industria multimillonaria en las que todos quieren participar y eso da relevancia económica al tema. Muchos turistas antes de viajar verifica que los hoteles por los que están pagando cumplan con estándares de conservación medioambiental. Por las mismas razones, hay miles de movimientos de consumidores abogando por productos orgánicos producidos bajo un esquema de comercio justo. Incluso en la política hay un fuerte efecto: los llamados partidos “verdes” están ganando más adeptos que nunca, por lo que creo que la tendencia del liderazgo mundial es asumir con mucho más seriedad los problemas medioambientales. Todo debe comenzar por nosotros, los jóvenes.

En los últimos años se ha visto un acercamiento de los jóvenes dominicanos a luchas a favor del medioambiente. Se ha protestado en contra del arrendamiento de bahía de las Águilas, así como de la colocación de una cementera en Los Haitises, y ahora recientemente se ha protestado contra la Barrick Gold Corporation. ¿Cómo ves este proceso? ¿A qué crees que se deba el interés de los jóvenes ante estas luchas?

La revolución tecnológica que vivimos hoy crea una oportunidad sin precedentes para la juventud de organizarse y trabajar por objetivos comunes. La juventud dominicana no es ajena a dicha realidad, y eso, sumado a la vulnerabilidad de nuestros ecosistemas, produce esas movilizaciones. Hoy es muy fácil acceder a cualquier tipo de información: las fronteras prácticamente no existen y así como hay jóvenes del otro lado del Atlántico enfrentando problemas globales de manera local, así pasa en nuestra patria. Creo que no es casualidad que la cita “Think global and act local”, haya sido acuñada en la Cumbre de Río de 1992. En virtud de esto, lo que estamos viviendo me parece que es parte de una nueva tendencia generacional de participación cívica activa en los asuntos públicos, algo muy positivo. Creo que este tipo de empoderamiento cívico de la juventud dominicana eleva exponencialmente el nivel de amor por lo nuestro y nuestra propia identidad cultural.

A partir de la experiencia que has acumulado, ¿qué sugerencias tienes para combatir el daño ecológico y el calentamiento global en el país? 

En la campaña “Sellemos el Acuerdo” aprendí que la forma más efectiva de lograr cambios reales es mostrando que las acciones individuales unidas son una gran acción colectiva. Lo más importante es cambiar nuestros hábitos diarios: cerrar la llave durante el baño, apagar la computadora y sembrar un árbol parecen actividades aburridas, pero cuando haces de ellas una tendencia, ganar muchos seguidores, con esto logras la fórmula que te comenté más arriba. ¿Recuerdas la hora del planeta? Jóvenes de todo el mundo se unieron a esta campaña, incluyendo mi hermanita de 12 años, quien sentó a toda mi familia para explicarle por qué era importante apagar nuestras luces y ahorrar energía eléctrica. En iniciativas como estas que involucran a jóvenes de todas las edades está nuestra mayor apuesta hacia el futuro.

Ante la realidad del calentamiento global, ¿qué consideras que debe hacer el país para prepararse ante los cambios climáticos que se están generando y que están afectando diversas regiones del planeta? ¿Hasta qué punto las empresas nacionales y extranjeras se están involucrando en estas propuestas ecológicas? ¿Se están proponiendo modelos en nuestras escuelas para conservar nuestro ambiente?

La República Dominicana tiene una biodiversidad verdaderamente envidiable y a la vez muy sensible. Por eso debemos procurar, dentro de los futuros mecanismos de financiación vertical, fondos que nos permitan adaptar nuestra sociedad a un medioambiente cada día más cambiante. Esto combinado con el turismo como uno de los pilares de nuestro desarrollo, hace que la protección y conservación del medioambiente sea fundamental para nuestro futuro. Respecto de las empresas, creo que en la medida que la doctrina de la responsabilidad social corporativa siga beneficiando a esas empresas que son “verdes” veremos una fuerte participación de los empresarios en el negocio del medioambiente. De hecho es paradójico que hoy las empresas que más contaminan son las que llevan la delantera con el desarrollo de tecnología limpia de punta (Dupont es un ejemplo). Aunque el capitalismo de casino ha sido el causante de la catástrofe climática que vivimos, creo que es a partir de este que se puede impulsar el cambio que necesitamos. Mientras tanto, el reto de crear conciencia y entender que la generosidad de nuestra madre tierra tiene un límite, queda por delante. 


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