«La ingeniería moderna debe ser audaz, sí, pero también responsable»
Por su vasta experiencia como ingeniero civil, supervisor y constructor de carreteras, tanto en el sector público como privado, don Pedro Delgado Malagón es, además, una personalidad fundamental en la vida cultural e intelectual del país. Es proverbial su prosa ensayística en la prensa nacional, en la que exhibe enorme erudición en historia, literatura, música, pintura, arquitectura o filosofía. Hombre de la ciencia y las matemáticas, pero de gran sensibilidad humanística y artística, Delgado Malagón, en esta entrevista para Global, aborda con propiedad, lucidez y competencia los problemas de la ciudad capital y del país en materia de movilidad vial, tránsito terrestre y planeamiento urbano, así como sus posibles soluciones y alternativas.
BB. Revista Global. Desde su vasta experiencia como constructor y supervisor de carreteras y como exministro de Obras Públicas en el período 1982-1986, ¿cómo usted observa el futuro y los desafíos del sistema vial en el país?
Pedro Delgado Malagón. El principal desafío del sistema vial dominicano no es ya la construcción de nuevas infraestructuras, sino su integración racional en un modelo de desarrollo territorial coherente. Durante décadas se privilegió la obra puntual —carreteras, avenidas, elevados— sin una visión sistémica de largo plazo. El futuro exige pasar de la ingeniería reactiva a la planificación estratégica, incorporando mantenimiento, gestión del tránsito, ordenamiento urbano y sostenibilidad ambiental. Si no se corrige esa fragmentación, cualquier inversión adicional seguirá siendo insuficiente.
BB. A su criterio, ¿cuál sería la solución al problema de los tapones, ante un parque vehicular que crece exponencialmente cada año con nuevas unidades, sin que salgan las viejas?
PDM. El problema de los tapones no se resuelve ampliando indefinidamente las vías. Ninguna ciudad del mundo lo ha logrado así. El crecimiento exponencial del parque vehicular, sin mecanismos de retiro de unidades obsoletas ni desincentivos al uso del vehículo privado, conduce al colapso. La solución pasa por un conjunto de medidas simultáneas: fortalecimiento real del transporte público, regulación estricta de importación y circulación de vehículos, políticas de estacionamiento disuasorias y un rediseño del espacio urbano que priorice la movilidad colectiva sobre la individual.
BB. La República Dominicana es uno de los países con mayor número de accidentes vehiculares del mundo, y la causa se atribuye esencialmente no a los carros sino a los motores. ¿Qué solución propone?
PDM. El drama de los accidentes de tránsito en el país es, ante todo, un problema cultural e institucional, no mecánico. La motocicleta se ha convertido en el principal factor de riesgo por falta de regulación, educación vial y control efectivo. La solución no puede ser represiva de manera aislada, pero sí firme: licencias reales, registro obligatorio, inspección técnica, educación vial desde la escuela y aplicación sostenida de la ley. Mientras la impunidad sea la norma en las calles, las estadísticas no cambiarán.
BB. En materia de movilidad vial y planeamiento urbano, el tránsito terrestre en el país constituye uno de los principales dolores de cabeza para los Gobiernos y para el Estado dominicano. ¿Los elevados, el metro y los túneles han sido una solución o falta mucho más por hacer? ¿Qué habría sido de esta ciudad sin estas vías de tránsito y movilidad urbana? Pese a la extensión de nuevas líneas del metro y de teleféricos, ¿se necesitan más?
PDM. Los elevados, los túneles y el metro han sido necesarios y, en muchos casos, inevitables. Basta imaginar esta ciudad sin esas infraestructuras para comprender su valor. Sin embargo, no constituyen una solución definitiva. El metro y los teleféricos deben seguir expandiéndose, pero integrados a un sistema multimodal eficiente de autobuses, rutas alimentadoras y gestión del tránsito. El error sería pensar que una sola obra, por ambiciosa que sea, resolverá un problema esencialmente estructural.
BB. Todos sabemos del crecimiento horizontal y ahora vertical de la ciudad capital. Es decir, donde antes había o hubo una casa ahora se construye o habrá una torre de decenas de niveles, incluso violando leyes de condominio o de patrimonio monumental. Esto amenaza las aceras y provoca una escasez de estacionamiento, pues donde había un solo carro o dos, ahora hay decenas. ¿Qué pasará con esta urbe y qué solución usted ofrece como ingeniero?
PDM. El crecimiento vertical sin control está llevando a la ciudad a una crisis silenciosa de habitabilidad. Torres construidas sin respeto a la capacidad vial, a las aceras ni al estacionamiento generan un deterioro progresivo del espacio urbano. Como ingeniero, considero imprescindible reforzar la planificación urbana y la aplicación estricta de las normativas, incluyendo estudios de impacto vial obligatorios, límites reales de densidad y una política clara de estacionamientos. Sin eso, la ciudad se volverá cada vez más invivible, incluso para quienes pueden costearla.
BB. ¿Cómo usted evalúa al país en materia de carreteras y autopistas? ¿Faltan más o las que existen deben ser ampliadas y mejoradas? ¿Son las vías de comunicación del país un referente para el resto de la región? ¿Por nuestra condición de isla resultan suficientes?
PDM. El país ha avanzado notablemente en su red de carreteras y autopistas, y en algunos tramos alcanza estándares regionales aceptables. No obstante, el énfasis debe desplazarse hacia la mejora, ampliación selectiva y mantenimiento de lo existente, más que a la construcción indiscriminada de nuevas vías. Como isla, nuestras necesidades son específicas y no requieren una expansión infinita, sino una red bien conectada, segura y eficiente que articule producción, turismo y movilidad interna.
BB. Ingeniero, siempre he pensado que el país necesita una comunicación, aunque sea subterránea, entre la región del Cibao y la región Sur, pues para trasladarse hay que pasar por la ciudad capital en ambas direcciones. ¿No es posible construir un túnel para reducir costos, combustible y tiempo, o sería una solución muy invasiva, que tendría un impacto negativo en el medio ambiente, como han observado los ambientalistas y ecologistas?
PDM. Desde el punto de vista técnico, nada es imposible. Sin embargo, una conexión subterránea entre el Cibao y el Sur sería una obra de altísimo costo, enorme complejidad geológica y fuerte impacto ambiental. Antes de pensar en soluciones de ese calibre, habría que optimizar rutas alternas, mejorar la conectividad regional y evaluar con rigor el costo-beneficio. La ingeniería moderna debe ser audaz, sí, pero también responsable. No toda obra espectacular es necesariamente la más sensata.
BB. Otro fenómeno preocupante —algo que también han advertido los expertos en medio ambiente por su impacto en la agricultura— es el que sucede sobre todo en la región más agrícola del país, el Norte (Moca, La Vega, Santiago, San Francisco de Macorís, etc.), donde las tierras más fértiles y productivas han sido ocupadas o invadidas por residenciales y urbanizaciones. ¿Qué sucederá en el futuro? ¿No tendrá una repercusión negativa en materia económica? ¿Qué solución propone?
PDM. La ocupación de las tierras más fértiles por urbanizaciones es uno de los mayores errores estratégicos del país. A largo plazo, tendrá un impacto negativo en la seguridad alimentaria, la economía y el medio ambiente. La solución pasa por una política firme de ordenamiento territorial, que proteja el suelo agrícola, incentive la densificación urbana controlada y penalice la expansión desordenada. Sin una visión de país que armonice ciudad, campo y producción, estaremos hipotecando el futuro por ganancias inmediatas.
