En el ámbito de la literatura homosexual, encontramos escritores homosexuales que escriben sobre su realidad y sobre su condición (Óscar Wilde, García Loca, Truman Capote, Gore Vidal, Álvaro Pombo, Jaime Bayly y un largo etcétera), y escritores heterosexuales que escriben sobre la homosexualidad. Vargas Llosa se inserta en este último grupo. Existe una clara diferencia en el abordaje de la homosexualidad en un escritor homosexual y uno heterosexual. El escritor homosexual trata la temática con una especial sensibilidad, y en muchos casos se trata de obras testimoniales o inficionadas de hechos o sucesos que forman parte de la experiencia personal del narrador. En el caso de los escritores heterosexuales, su aproximación es distinta. Realizan una exploración sobre la homosexualidad captando los elementos subjetivos que determinan la orientación sexual, la aproximación al amor y los primeros flirteos sexuales. Es más descriptiva que analítica, posiblemente porque obvian el elemento testimonial, escribiendo a una cierta distancia y apoyándose en las herramientas que provee la ficción.
Vargas Llosa hace presente, en muchas de sus obras, la figura del homosexual. Las referencias a la homosexualidad y a los homosexuales constituyen constantes en la obra de Mario Vargas Llosa. Son ampliamente conocidas sus posiciones, reflejadas en sus artículos periodísticos, con respecto a la legalización del denominado «matrimonio gay» y su defensa de las minorías en sociedades democráticas; incluso los sectores más conservadores lo llaman «abanderado del movimiento homosexual».
En cuanto a su obra narrativa, al menos podemos encontrar tres personajes representativos que encaran la homosexualidad de maneras muy distintas.
Mayta y la izquierda homofóbica
Historia de Mayta narra la biografía del revolucionario Mayta en un Perú apocalíptico, aunque al final de la novela se confirma la teoría vargas yosiana de la «verdad de las mentiras», al descubrir que el narrador no pretendía crear una biografía real sino una biografía ficcionalizada de este personaje. En la historia se construye –mediante el acceso a diversas fuentes– la épica de Mayta, que de la militancia furtiva pasa a la acción revolucionaria. De esta forma el narrador nos traslada hacia una investigación de Mayta que, al final, resultará una ficción al entrevistarse el narrador con el propio personaje, descubriéndose la verdadera personalidad y los sucesos reales de esa etapa de su vida.
Así, en la trama encontramos a Mayta en distintas situaciones homoeróticas, como cuando conoce al alférez Vallejos en una fiesta y queda deslumbrado por su porte y físico. También, al estar descansando en la misma cama con su camarada de partido, Anatolio, Mayta decide liberar sus instintos reprimidos y toca a Anatolio: «Déjame correrte –murmuró, con voz agonizante, sintiendo que todo su cuerpo ardía–. Déjame, Anatolio». (Historia de Mayta, Alfaguara, 2000: 119). En la novela también surge una reflexión sobre la forma en que la izquierda revolucionaria trataba a sus militantes homosexuales. En una entrevista a un antiguo compañero de Mayta, el senador Campos, se manifiesta la forma en que la izquierda veía a los homosexuales, trasluciendo el conservadurismo moral de la izquierda política en materia sexual: «¿Se puede tener confianza en un homosexual? Un ser incompleto, feminoide, está hecho a todas las flaquezas, incluida la traición. …] ¿Por qué …] no existen casi homosexuales en los países socialistas? …] Porque hay en esas sociedades mucho que imitar. En ellas ha desaparecido la cultura del ocio, el vacío anímico, esa inseguridad existencial típica de la burguesía que duda incluso del sexo con el que ha nacido. Maricón es indefinición, valga el pareado» (Historia de Mayta, Alfaguara, 2000: 120). Al mismo tiempo, Mayta no asume su orientación como una tara, todo lo contrario. Cuando su esposa le sugiere que se someta a una terapia de electrochoques, se niega y responde: «No fue por miedo –dijo, bajito, mirándola–. Fue porque no quería curarme» (Historia de Mayta, Alfaguara, 2000: 234). Afirma su condición de homosexual, de homosexual y de revolucionario: «Quiero ser el que soy –tartamudeé–. Soy revolucionario, tengo pies planos. Soy también maricón. No quiero dejar de serlo. Es difícil explicártelo. En esta sociedad hay unas reglas, unos prejuicios, y todo lo que no se ajusta a ellos parece anormal, un delito o una enfermedad. Pero es que la sociedad está podrida» (Historia de Mayta, Alfaguara, 2000: 235).
¿Qué significado puede tener un personaje como Mayta en la novela, así como en su contexto social? Sin duda, representa el variado universo de héroes fracasados que componen la narrativa Vargas Llosa. En este caso particular, Mayta, desde una perspectiva política, encarna todo aquello que Vargas Llosa rechaza (su adhesión a la izquierda revolucionaria, la insurgencia armada, etc.), pero rescata como una de sus luchas la de reconocer su condición sexual, lo que lo convierte dentro del relato en un fracasado en sus veleidades revolucionarias.
