Revista GLOBAL

La transición de liderazgo y la legitimidad en el centro de la espiral clientelista

by Ramón Tejeda Holguín
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Hay quienes se preguntan perplejos: ¿cómo pudo la reelección triunfar cuando ha sido maldita y funesta para la sociedad dominicana? Hay quienes –parecería– recién descubrieron que el clientelismo es la base de la interacción social entre ciudadanía y organizaciones,1 por lo que sostienen que es el clientelismo lo que explica los resultados del pasado proceso electoral. Sin embargo, todos los gobiernos que ha tenido la nación en la posguerra han sido clientelistas. Sostengo que, más que el clientelismo, es la inaudita transformación que conoce el sistema de partidos dominicano lo que explica el triunfo de un proyecto reeleccionista en la primera vuelta electoral. El objetivo de este artículo es provocar el debate sobre el triunfo de la reelección en el contexto de la transición de liderazgos y de una sociedad clientelar.

El clientelismo ha sido la regla, la constante de la sociedad dominicana. Lo que, por desgracia, hace que una proporción de los partidos minoritarios –y una pléyade de políticos oportunistas– apoye al que va a ganar. Plantear el clientelismo como la constante no es un argumento para justificarlo, ni para negar su efecto pernicioso. Conocer las diversas facetas de este fenómeno permitirá dotarnos de mayores herramientas para reducir el efecto del clientelismo en la sociedad, y no sólo en la política dominicana.

Tomando el clientelismo como la constante, mi hipótesis es la siguiente: los cambios del sistema político y lo que he llamado la transición de liderazgo en el país tienen una influencia importante en la explicación del triunfo de la reelección en el actual proceso electoral. Entre otros aspectos, cuatro encuestas –en cuyo diseño y ejecución he participado– realizadas por la firma española Noxa para la revista Clave fortalecen esta hipótesis.

II.        Así se forjó un nuevo sistema de partidos

II.1      La Hidra de Lena, los partidos y el clientelismo. Para las organizaciones civiles y los partidos políticos de oposición –sean minoritarios, pequeños, revejíos, emergentes o mayoritarios– es importante hacer una evaluación desapasionada de la coyuntura para poder definir sus estrategias. Conocer esta complejidad nos ayudará a comprender el sistema político y a elaborar estrategias para enfrentar la insoportable omnipresencia del clientelismo que, como la Hidra de Lena –aquel mitológico monstruo policéfalo–, cuando le cortan una cabeza le nacen dos. En este sentido, la legitimidad de todos los gobiernos surgidos de las urnas nace con el pecado original del clientelismo.

Después de las muertes de Peña Gómez, Bosch y Balaguer, la correlación de fuerzas es distinta y los liderazgos nacionales se han repartido de desigual manera en este siglo xxi. No hay derecha, ni izquierda. Sólo un centro por el cual quieren competir los dos partidos mayoritarios, el Partido de la Liberación dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) Centro del cual han excluido al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Pero los tres partidos se relacionan con las masas de manera clientelar. Es decir, la fuente de legitimidad partidaria pasa por ese intercambio de apoyo a cambio de favores.

Los tres partidos tradicionales han cambiado en cuanto a los arreglos internos. Para bien o para mal, ya los partidos dominicanos no son lo que eran hace apenas 14 años.

Ninguno de los tres caudillos logró dejar un cuerpo doctrinal y una forma de hacer política que le sobreviviera. Ni siquiera Balaguer. A pesar de que su fantasma acecha a todos, y parecería que es el modelo a seguir. Empero, su forma de dominio sobre las élites económicas es irrepetible, su control del campesinado es imposible de reproducir en estos tiempos y su zorruna forma de manejarse con los poderes fácticos ya no da frutos. Incluso su tipo de clientelismo ha sido superado, y con creces. Los cambios de la sociedad dominicana han sido vertiginosos y substanciales.

El cambio del sistema de partidos en estos 14 años se relaciona con el relevo del liderazgo nacional, con el lugar que ocupa ahora cada uno de los otrora tres partidos mayoritarios, y con la representación de los sectores en que se divide la sociedad dominicana. El clientelismo, también, ha sufrido cierta mutación, aunque hoy, como hace 40 años, es la base de la relación que establecen los partidos y la ciudadanía. En resumen, la transición de liderazgo, la situación interna de cada uno de los tres partidos que hace cuatro años eran mayoritarios, explican el triunfo de la reelección, mientras que el clientelismo, como la base de las relaciones políticas, conforma el contexto, el marco de acción de todo el sistema partidario.

II.2 Cosas de Cronos el implacable. La coyuntura electoral recién pasada resulta inexplicable si no observamos los últimos 14 años de vida del sistema político dominicano. El PLD no comenzó a convertirse en el partido más grande del sistema político de repente, ni el PRD redujo su influencia como por arte de magia, ni el PRSC dio inicio a su loca pendiente hacia su conversión en partido minoritario de manera inexplicable. La situación de estos partidos conforma las ramas de un árbol cuyas raíces nacieron en 1994, cuando se firmó el Pacto por la Democracia.

El Pacto por la Democracia abrió la etapa de transición de liderazgos en el país. La forma en que el PRD, el PRSC y el PLD, que en ese entonces eran los tres “mayoritarios”, entendieron la transición de liderazgo y la naturaleza del cambio político que la modificación constitucional de 1994 implicaba, son factores importantes para comprender el actual sistema de partidos.

Como resultado del Pacto por la Democracia, en 1996 se celebraron las primeras elecciones presidenciales sin la participación de dos de los tres líderes constructores del actual sistema político. El Pacto impidió a Balaguer ser candidato a la presidencia, pero este se resistió a nombrar un heredero dentro de su partido. Balaguer hizo que el PRSC, cuyo control le disputaba Jacinto Peynado, apoyara al candidato del PLD. Con Bosch enfermo, el liderazgo del PLD apostó por un joven abogado que había sido candidato a la vicepresidencia. Fue así que, de los tres líderes de la posguerra solamente José Francisco Peña Gómez participó en aquellas elecciones.

Fernández, con el apoyo de dos de los tres principales líderes del sistema de partidos, le ganó al tercero. Su ascenso a la Presidencia no fue calibrado correctamente por los demás partidos. Y, sin embargo, ese fue el momento en el que la transición del liderazgo dominicano comenzó a serle favorable al PLD, y en especial a Fernández. Sobre todo porque en el PRD y en el PRSC no hubo conciencia de que debían prepararse para la desaparición de sus respectivos caudillos. La fragmentación interna de esas organizaciones impidió que se reglamentara la competencia por el liderazgo. Cuando los caudillos de ambos partidos murieron se desató la guerra intestina por su sustitución, con escasas reglamentaciones partidarias.

La percepción de la ciudadanía de que Hipólito Mejía hizo uno de los peores gobiernos del post-trujillismo, el intento de Mejía de ser reelegido en un contexto de gran rechazo y la incapacidad del PRSC de sobreponerse a la muerte de Balaguer, impidieron que tanto el PRD como el reformismo se convirtieran en organizaciones fuertes y unificadas. Esta situación fue aprovechada por el PLD, que se había convertido en el partido más preparado para sobrevivir a la desaparición de Juan Bosch, su fundador y líder histórico.

II.3      ¿Cómo fue la cosa en el PRD?

En el PRD se desató una lucha fratricida por la sustitución del liderazgo de José Francisco Peña, cuya muerte tomó por sorpresa a las grandes masas del partido. La organización tuvo un proceso de desorientación inicial, luego se de sató la lucha, sin reglas, por con vertirse en el heredero o heredera de Peña Gómez. Para colmo, los dirigentes perredeístas olvidaron que debían buscar formas de seguir representando al sector popular al cual apelaba Peña Gómez, o al menos de fortalecer esa relación. En una errónea interpretación del momento, trataron de competir por ocupar el espacio del balaguerismo, sin fortalecer el propio. Pero el PLD corría con ventaja en la competencia por ocupar el espacio dejado por la muerte de Balaguer.

Hipólito Mejía y su Proyecto Presidencia Hipólito (PPh), que controlaban parte del Congreso Nacional y todo el Poder Ejecutivo, usaron los recursos que tenían a su disposición para crear una clientela leal dentro del partido. Lograron imponerse, a pesar del alto nivel de rechazo que los principales dirigentes del PPh tenían en la población, así como el propio Mejía, y se lanzaron a la locura de un cambio constitucional para restablecer la reelección y llevar al impopular presidente a la repostulación. Mejía y el PPh no lograron su cometido pero consiguieron el control del partido y acallaron toda disidencia interna, ya fuera a través de la repartición de cargos internos, o simplemente porque los adversarios internos renunciaron al PRD.

II.4      ¿Cómo fue la cosa en el PLD?

Bosch desapareció, como quien dice, poco a poco y con su partido en el poder, razón por la que el PLD estuvo en mejores condiciones para sustituirlo. El proceso de elección del candidato presidencial del año 2000 fue traumático y amenazó la unidad interna. Sin embargo, fue evidente que en el PLD se había constituido un nuevo liderazgo.

Fernández emergió como la cara visible de dicho liderazgo. Diversas razones explican su surgimiento: por sus dotes de buen comunicador, porque había sido apoyado por dos de los tres líderes de la tímida democracia dominicana, por su condición de primer presidente del PLD, porque su candidatura había sido lograda por consenso entre los diferentes líderes del PLD, porque había logrado ser aceptado por una parte de la prensa, porque represen taba el surgimiento de un liderazgo joven, o por una mezcla de todas esas razones.

Cuando llegó al poder en 1996, el PLD era todavía un partido de cuadros, jóvenes políticos capacitados por Bosch y sus diversos colaboradores. El PLD comenzó a convertirse en un partido de masas cuando Fernández fue presidente de la República. Si bien Danilo Medina puede ser visto como el organizador, Fernández es visto como el que posee el carisma y la comunicación con la gente. Así va constituyendo su propio liderazgo.

II.5      ¿Cómo fue la cosa en el PRSC? El Partido Reformista fue la maquinaria que hizo que Balaguer se mantuviera gobernando. El Partido Reformista representaba las extremidades, los músculos que hacen el trabajo práctico, mientras que Balaguer era el músculo que pensaba, es decir, el cerebro. La desaparición del líder devino en la muerte cerebral del PRSC. Nadie ha resumido mejor la ideología del Partido Reformista en sus comienzos que Alfredo Mota Ruiz, cuando creó el movimiento: “Lo que diga Balaguer”. Esto significa que los vaivenes del hombre fueron las veleidades del partido. Y la ideología del hombre tenía una sola divisa: “Llegar y mantenerse en el Gobierno”. La dirigencia del PRSC conservó esa visión del quehacer político, lo que no significa que no haya excepciones entre sus dirigentes actuales.

Si el hombre enseñó que aferrarse al poder era el fin último de la política, resulta lógico observar que el reformismo tradicional se haya dispersado, y muchos de sus dirigentes –en cada proceso electoral– apoyan a quienes –ellos creen– huelen a “poder”.

III.      Hacia un bipartidismo de nuevo cuño

III.1    Cuestión de números. Las debilidades de la dirigencia del PRD y el reformismo y la ausencia de un liderazgo capaz en el seno de las fuerzas emergentes ayudan a que el PLD se convierta en el partido más grande del sistema político dominicano. Su ascenso se verifica rápidamente: pasa de 753,340 votos en la elección presidencial del 2000, cerca de un 23%, a 1,771,377 votos en las del 2004, un 49%. Resulta un cambio inusitado y que lo comienza a colocar como el principal partido del país. El proceso electoral de 2008 marca el punto de consolidación del PLD, ya que sus votantes crecieron en términos absolutos –obtuvo 1,836,468 votos, 65,091 por encima de la votación de 2004–, aunque se redujo en términos relativos (45% de los votantes de 2008).

El PRD conoce una caída estrepitosa en 2004, pero se recupera substancialmente en 2008: pasa de 1,108,400 votos en 2004 (31%), a 1,576,149 en 2008 (39%). Su crecimiento fue de 467,749 votos. El incremento del PRD no implica una recuperación de su primacía, pero sí una oportunidad importante para calibrar las razones de la caída de 2004, y diseñar su estrategia para consolidar su crecimiento en 2008. Todo dependerá de la lectura que haga del fenómeno y de los esfuerzos que realice para constituir un liderazgo fuerte y compacto, que compita con el del PLD.

III.2    Apoyo y rechazo a Fernández.  La recuperación del PRD se relaciona con la marcha del sistema de partidos en el país hacia una reconstitución del bipartidismo. La tradición y la debilidad del reformismo permitieron que el PRD se convirtiera en el partido que concentró la oposición al PLD. Según los resultados de la encuesta a boca de urna realizada por la firma Penn & Schoen, el bipartidismo actual se relaciona con el liderazgo de Fernández y el PLD. Los votantes se repartieron entre quienes le apoyan y quienes le rechazan. O sea, que la transición de liderazgo da pistas para entender los resultados del proceso electoral.

“En la encuesta de boca de urna de Penn & Schoen, después de contestar por quién votó, se le preguntó al encuestado las razones de su de isión. Un 25% de los que votaron por Leonel Fernández dijeron que lo hicieron por considerar que éste tenía más capacidad; un 25% porque hizo un buen trabajo en su gestión, y un 23% porque consideraba que era el único que podía resolver los problemas del país. En el caso de los que votaron por Vargas Maldonado, un 31% lo hicieron para sacar al que estaba en el poder y un 22% porque pensó que Vargas Maldonado bajaría el costo de la vida.”

Los resultados publicados por Penn & Schoen sugieren que las principales razones para votar por Fernández se relacionan con sus habilidades y capacidades personales, mientras que en el caso de Maldonado la razón principal –un tercio de sus votantes– se relaciona con la percepción de que era el que tenía más probabilidades de sacar del poder a Fernández.

III.3    ¿Un nuevo tipo de bipartidismo?  

Los datos sugieren que podríamos estar avanzando hacia un bipartidismo diferente, distinto al protagonizado por el PRD y el PRSC, ya que en ambos partidos existían liderazgos fuertes y reconocidos; es decir, Balaguer y Peña Gómez encarnaban la voluntad de sus respectivas organizaciones. Mientras, el bipartidismo actual se presenta en el contexto de un liderazgo fuerte en el PLD, el de Leonel Fernández Reyna, y la ausencia de un liderazgo fuerte y compacto dentro del PRD. Lo que implica que el PRD debería colocar como uno de los aspectos más importante de su agenda la constitución de un liderazgo colectivo.

Muchos interpretaron que el triunfo de Fernández en 2004 se relacionaba con una situación coyuntural, provocada por el pésimo manejo de los fraudes bancarios y de la economía del gobierno de Hipólito Mejía. Además, en términos de políticas públicas, el PRD y Mejía se alejaron de los sectores populares, que eran sus votantes naturales y tradicionales. Haya sido o no un golpe de suerte el triunfo de Fernández en 2004, los resultados actuales evidencian la consolidaciónde su liderazgo.

Hoy sostengo que el crecimiento del PRD se relaciona con la percepción de que este partido era el que tenía mayores probabilidades de ganarle a Fernández. En su votación hay una proporción del votante tradicional perredeísta y una proporción del voto de rechazo a Fernández. En este sentido, la pregunta del millón para el PRD es:

¿podrá Miguel Vargas consolidar su posición como el principal opositor de Fernández, continuara siendo Hipólito Mejía, o constituiráel PRD un liderazgo colectivo quedispute a Fernández la primacía delsistema político?

IV. Las pruebas empíricas:

una mirada al proceso a través de las cuatro encuestas Desde la primera encuesta, realizada en octubre de 2007, la mayoría de las personas tendían a percibir que la situación económica del país era mala o muy mala y, sin embargo, la intención de voto favorecía al presidente y candidato a la reelección. La relación entre la percepción negativa de la economía y las posibilidades de un candidato a la reelección, se supone que es inversa. Es decir, a medida que aumenta la percepción negativa de la marcha de la economía del país se reducen las probabilidades de ganar del candidato a la reelección.

Sin embargo, Leonel Fernández tendía a crecer, alcanzando más del 50% en la tercera encuesta realizada en febrero de 2008, manteniéndose por encima de dicho porcentaje hasta la última encuesta. La preferencia por Miguel Vargas Maldonado, el principal contendiente, se mantuvo estable durante las tres primeras encuestas, y sólo en la última creció seis puntos porcentuales, llegando a 37%.

A medida que aumentaba la intención de voto a favor de Fernández se reducía la percepción de que la situación económica nacional estaba mal o muy mal. Dicha percepción pasó de 64% en octubre de 2007 a 59% en febrero de 2008, y quedó en 54% a finales de marzo de este año. Una revisión de esta percepción, según el partido por el cual votaron en 2004, muestra que, en todas las encuestas, alrededor del 80% de los votantes del PRD percibía la situación económica del país como mala o muy mala, mientras que entre los que votaron por el PLD se reducía esta percepción, pasando de 49% en octubre de 2007 a 37% en marzo de 2008.

Se podría argumentar que en octubre de 2007 el presidente no había logrado convencer a una parte importante de sus votantes de 2004, lo que sugiere que la intención de voto por el PLD se vio afectada por la lucha interna, logrando sólo un 42% en la primera encuesta y un 45% en la segunda. El éxito de Fernández y el PLD fue concitar de nuevo el apoyo del segmento del electorado que lo votó en 2004, y modificar su percepción sobre la marcha de la economía.  La mayoría de los votantes del PRD de 2004 apoyó al candidato desde la primera encuesta realizada en octubre, por lo que la estrategia de este partido debió centrarse en la conquista de los votantes que no habían decidido apoyar al candidato a la reelección, y que habían votado en contra de Hipólito Mejía en 2004. La estrategia final de este partido de incorporar a Hipólito Mejía y de no distanciarse de su proyecto político no iba en consonancia con lo que sugerían las encuestas realizadas para Clave, ni en consonancia con la mutación del sistema político, tal cual reseñamos más arriba. ¿Cómo hacerlo? Ese era el reto del PRD.

Las encuestas mostraron que la percepción de la marcha de la economía tenía poca influencia en la decisión de votar, por lo que había que investigar otros factores.

Obviamente, si se trataba de conquistar a quienes votaron en contra de Mejía, de alguna manera había que distanciarse de este y de su proyecto político.

IV.1 ¿Influye la percepción de la existencia de corrupción en la intención de voto?

Las tres primeras encuestas muestran a Leonel Fernández en ascenso, a Miguel Vargas estancado y a Amable Aristy en picada. Las demás opciones nunca alcanzaron porcentajes de intención de voto significativos. El PRD basó su campaña en denunciar la existencia de corrupción. Se centró en un contrato de 130 millones de dólares con la Sun Land. El caso fue llevado a la justicia y reposa un injusto sueño en la scj. Una comnicadora independiente, Nuria Piera, mostró imágenes de personas de los comités intermedios del PLD cobrando cheques en instituciones del Estado. Estos escándalos no debilitaron la tendencia ascendente del PLD.

¿Será que la corrupción no influye en la intención de voto?

La encuesta de marzo indagó si existía la percepción de que la corrupción era inevitable porque formaba parte de la forma en que actúan los partidos políticos: el 43% de las personas entrevistadas estuvo de acuerdo con dicha idea,el 39% no lo estuvo. El porcentaje restante ni estaba de acuerdo, ni en desacuerdo. Los datos sugieren que la percepción de corrupción influye poco en la decisión de votar, porque la mayoría percibe que los partidos comparten niveles de corrupción similares. Por lo que, para decidir por quién votar, esta mayoría toma en cuenta otros aspectos.

IV.2. ¿Sólo el clientelismo es la base de la intención de voto?

Se ha dicho que Fernández ganó en la primera vuelta gracias al clientelismo, los programas sociales y la compra de dirigentes. El papel jugado por estos aspectos, lamentablemente, no puede ser evaluado por las encuestas. Pero, si tomamos en cuenta que el clientelismo ha sido una constante de la sociedad y que durante el intento de reelección de Hipólito Mejía se hizo uso de los recursos del Estado y de los medios de comunicación intervenidos, necesitaríamos encuestas similares para establecer las diferencias y similitudes entre el intento reeleccionista de Mejía y el de Fernández.

IV.3 Conclusiones.

En las cuatro encuestas Noxa-Cies-Clave, el PLD y Fernández fueron percibidos como que tenían mejores condiciones para enfrentar los retos del país. La imagen positiva del PLD tendió a crecer en las tres primeras encuestas, reduciéndose en la cuarta. La valoración de Fernández en las cuatro encuestas se colocó por encima de sus contrincantes, como se puede observar en el cuadro 1. No obstante, no sólo la valoración fue mayor. Cuando a las personas se les pedía que compararan a los diversos candidatos, la mayoría sostuvo que Fernández era más eficiente, poseía mayor capacidad de diálogo, más experiencia, mayor proyección internacional, mayor conocimiento de los problemas, y estaba más cerca de los ciudadanos que todos los demás candidatos (cuadros 2, 3 y 4). No hay pruebas del surgimiento de nuevos liderazgos. El tránsito de militar a político de Pedro de Jesús Candelier ha sido un fracaso. En todas las encuestas fue el candidato con la tasa de rechazo más alta, pasando de 67% el porcentaje de personas que en la primera encuesta decía que nunca votaría por este candidato a 72% en la cuarta y última encuesta (ver cuadro 5). Este alto porcentaje a lo largo de todo el proceso revela que el rechazo por este candidato no fue coyuntural, y se confirmó por su bajísimo nivel de votación. Los demás candidatos no lograron posicionarse como oferta electoral atractiva. La serie de encuestas sugieren que la valoración positiva del PLD y de Leonel Fernández está relacionada con la percepción de que los candidatos y partidos de la oposición resultaban peores opciones que la reelección. Ramón Tejada Holguín es sociólogo, dirige su propia oficina de consultoría e investigaciones sociales y ha realizado diversas encuestas sobre cultura política y preferencias electorales.

Fue editor del estudio Participación ciudadana y descentralización en América Latina: avances, problemas, desafíos y prácticas ejemplares (Santo Domingo: indes-bid-intec, 2002), y ha publicado los libros de cuentos y relatos: El recurso de la cámara lenta y Probablemente es virgen, todavía, este último en colaboración con René Rodríguez Soriano. Notas 1 Defino clientelismo como una relación social, política y económica basada en el intercambio de apoyo por parte del “cliente”, a cambio de favores, ya sean políticos, económicos o sociales, de parte del “apoyado”. Lo característico de la relación clientelar es que el favor recibido no se basa en el mérito o la capacidad del cliente, sino que es la recompensa por el apoyo dado. Esto significa que dicho apoyo puede ser político partidario, o puede ser en una organización de cualquier tipo en la cual se celebran elecciones para elegir sus autoridades. En la relación clientelar poco importa si el cliente merece o no el favor recibido (que puede ser un cargo público, un empleo en una ong para el cual no se está calificado, ser beneficiario de programas sociales, o asignación monetaria sin realización de trabajo alguno).

2 “Transición de liderazgo, para mí, significa que debemos pasar por una etapa de construcción de liderazgos colectivos y organizacionales para sustituir a los líderes carismáticos y caudillistas desaparecidos. No me refiero al surgimiento de líderes mesiánicos que sustituyan a los tres caudillos que dirigieron la sociedad dominicana durante las cuatro últimas décadas.” Tejada Holguín, Ramón (2007): Una transición interminable. Semanario Clave, no. 57, 12 de abril de 2007, pág. 31. (Ver en mi blog: http://desdeelpaisdealicia.blogspot.com/2007/03/ transicino-consolidacin-del-liderazgo. html) 3 Las organizaciones políticas tradicionales dominicanas, PLD, PRD y PRSC, han hecho un uso clientelar de los recursos que han tenido a sus disposición, tanto en este como en otros procesos electorales. No es casual que la principal organización de oposición (PRD) diseñara una tarjeta de “Solidaridad” futurista para entregar a sus militantes, garantizando que dicha tarjeta tendría vigencia cuando ganaran las elecciones.

Por su parte, el PRSC repartió pollos, cerdos, salami y dinero a las personas, mientras que el Gobierno amplió la cobertura de los programas asistenciales. De los tres partidos, el PLD tuvo a su disposición mayor cantidad de recursos. 4 He preferido hacer estos cálculos tomando en cuenta sólo la votación del PLD, sin incluir los votantes de las organizaciones que fueron aliadas al PLD. De todas maneras, sostengo la hipótesis de que la mayoría de los partidos pequeños, ya sea que vayan aliados al PRD o al PLD, no lograrían el mismo nivel de votación en caso de asistir con candidato presidencial propio. Pero, por razones de espacio, es imposible desarrollar mis argumentos con claridad, por lo cual sólo señalo la votación lograda por los partidos de manera individual. 5 Vega, Bernardo, “Razones para haber votado”, semanario Clave, 115, 22 de mayo de 2008, página 10. 6 Esta parte del artículo se basa en el texto publicado en la revista Clave, no. 113, 15 de mayo de 2008, páginas 6 y 7.


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