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Lobos solitarios: tendencia terrorista en aumento

by Randolfo Rijo Gómez
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Lamentablemente vivimos tiempos de guerra. Esta es una afirmación que ha sido constante en la historia de la humanidad desde el principio de los tiempos, puesto que los conflictos armados son penosamente parte intrínseca de las relaciones humanas, siendo el alcance de la violencia lo único cambiante en el trascurrir de la historia. Estos conflictos son más transparentes y más cercanos cuando salen de las fronteras de nuestros vecinos y nos tocan dentro de las nuestras, esto es lo que precisamente ha estado haciendo el terrorismo en los últimos años. En lo que va de año, Occidente ha sido el escenario de varios ataques terroristas, lo cual se nos presenta como una proyección actual y cercana de la violencia que viven los países envueltos en conflictos armados en el mundo musulmán.

Percibimos esto en nuestros países como un tipo de internacionalización de aquella guerra tan lejana a nosotros, la cual nos aterra y nos explota la frágil burbuja de paz en que vivimos. Recientemente, la ciudad estadounidense de Orlando, conocida por sus famosos parques de atracciones, fue escenario de uno de los ataques terroristas más importantes sufridos por los Estados Unidos tras los ataques del 11 de septiembre del 2001. Este trágico episodio sirvió para alimentar más la percepción de que la guerra está más cerca de lo que imaginamos, lo que obliga a los Estados occidentales a tomar medidas destinadas a combatir este flagelo para garantizar la seguridad de los ciudadanos dentro de sus fronteras. El domingo 12 de junio de este año el estadounidense de origen afgano Omar Siddique Mateen, armado con un fusil semiautomático, irrumpió en la madrugada en un club nocturno muy popular entre la comunidad gay y dio muerte a 50 personas, hiriendo a unas 53 más, para luego ser abatido por las fuerzas del orden.

Un hecho que a todas luces se presentaba como un crimen de odio cambió de perspectiva cuando a las pocas horas fue reivindicado por la organización terrorista del Estado Islámico. Varias fuentes periodísticas destacaron el hecho de que realizó una llamada al número de emergencias 911 en la que declaraba su lealtad a esta organización; sin embargo, hasta el momento no existen elementos de prueba que nos indiquen que dicha organización terrorista dirigió al perpetrador. Esto aconteció luego de que el 2 de diciembre del 2015 una pareja musulmana de inclinación islamista radical y seguidora del Estado Islámico asesinara a 14 personas en San Bernardino, en el estado de California. Estos ataques tienen algo en común y es que no fueron coordinados ni dirigidos por el Estado Islámico, aunque sí incitados por la organización terrorista, razón por la cual quienes los cometieron son catalogados como «lobos solitarios». 

¿Qué es un lobo solitario? La mayoría de los análisis sobre lobos solitarios se han realizado basados en estudios de casos y en contraposición a las características conocidas de grupos terroristas. Sin embargo, existen pocos análisis sustentados en modelos estadísticos formales. La literatura especializada establece que no existe un perfil específico del lobo solitario. Los que utilizan esta forma de ejercer el terrorismo combinan de una forma muy particular y única los intereses personales, los objetivos de organizaciones terroristas y elementos muy individuales de su personalidad. El término lobo solitario fue acuñado en los años 90 y se atribuye a dos líderes supremacistas blancos norteamericanos, Tom Metzger y Alex Curtis, quienes incitaban a sus seguidores a que cuando cometieran actos violentos en pos de sus ideales racistas lo hiciesen fuera de la manada, con el fin de no implicar a sus compañeros y a la organización misma. Así se promovía una táctica identificada en los años 60 como «resistencia sin líder», en la cual el activista violento decide actuar en contra del sistema asumiendo una lucha en solitario, ya sea por desconexión con la organización o simplemente por criterio propio, evitando así ser detectado por la socialización de sus planes.

El profesor Ramón Spaaij de la Universidad de Ámsterdam, quien es además uno de los académicos más citados en relación con el fenómeno de lobo solitario en el terrorismo, nos define el término en su artículo «El enigma del terrorismo de lobo solitario: Una evaluación», publicado en el 2010, de la siguiente manera: «los ataques terroristas llevados a cabo por personas que (a) operan de forma individual, (b) no pertenecen a un grupo organizado terrorista o red, y (c) su modus operandi está concebido y dirigido por el individuo sin ninguna orden directa foránea o jerárquica». Sin embargo, estos terroristas comparten muchas veces una ideología o simpatizan con los objetivos estratégicos de un grupo extremista, actuando en consonancia con estos intereses, y suelen combinar esa ideología con sus frustraciones, intereses políticos o inclinación religiosa. El presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, en un discurso ofrecido en Iowa, el 15 de agosto del 2011, hiso referencia al peor ataque perpetrado por un lobo solitario en Noruega. Anders Behring Breivik, de tendencia ultraconservadora, ultimó a 77 personas, en su mayoría adolescentes, que participaban en una actividad de esparcimiento auspiciada por el Partido Laborista. Al hacer referencia a este acto de terror, establecía que los ataques perpetrados por un lobo solitario eran más probables que los ataques coordinados y dirigidos por alguna organización terrorista, ya que según él «Cuando tienes una persona que está trastornada o impulsada por una ideología de odio puede hacer mucho daño, y es mucho más difícil de rastrear a estos lobos solitarios». 

Diferencias entre el terrorismo de grupo y el de lobo solitario

Existen múltiples diferencias entre estos actos de terror solitario y los de terrorismo de grupo, muchas de ellas relacionadas con los rasgos del actor, del cual no existe un perfil específico frente a la población general, pero sí frente a los grupos terroristas. Utilizando métodos de análisis cuantitativo, el Instituto para la Economía y la Paz, en su Informe del Índice Global de Terrorismo 2015, sugiere que los lobos solitarios suelen tener más experiencia militar, ser más jóvenes y estar socialmente aislados, pero conectados de alguna forma con un grupo de presión más amplio, en relación con los miembros de los grupos organizados. Otra de las diferencias que señala el mismo informe entre los actos de terror cometidos por lobos solitarios y los realizados por las organizaciones terroristas son los objetivos que atacan. Cerca del 50% de los ataques de lobos solitarios fueron perpetrados de alguna forma contra el movimiento a favor del aborto –la mayoría de los actos de terror ejecutados por lobos solitarios están relacionados con este aspecto–, frente al 17% perpetrado por las organizaciones terroristas.

Asimismo, los establecimientos comerciales representan un 27% de los ataques de las organizaciones terroristas, frente al 6% en el caso de los lobos solitarios. Aunque la motivación de estos ataques perpetrados por lobos solitarios y organizaciones terroristas es de carácter político, la dinámica de operación es muy diferente. Es más, hay quienes establecen que el auge de estos casos en el mundo occidental, y muy particularmente en los Estados Unidos, se debe a una adaptación de las técnicas terroristas ante las rigurosas medidas tomadas para prevenir el flagelo en sus fronteras. Otro elemento diferenciador entre estos dos tipos de terrorismo es el nivel de letalidad. El terrorismo vinculado a organizaciones es mucho más letal que el relacionado con un actor solitario. Esto se infiere al comparar la cantidad de víctimas de los dos tipos de terrorismo: el acto de terror más letal perpetrado por una organización terrorista lo fueron sin lugar a dudas los ataques del 11 de septiembre del 2001, con casi 3,000 víctimas, mientras que en el acto más letal perpetrado por un actor solitario, el bombardeo del Edificio Federal de la ciudad de Oklahoma, realizado por Timothy McVeighen, fallecieron 168 personas, ambos ataques en territorio norteamericano. Existen autores que establecen que uno de los elementos diferenciadores del lobo solitario frente a otras formas de terrorismo es que opera sin el soporte y sin estar influenciado por la dinámica organizacional.

No obstante, debemos señalar que, si bien es cierto que carece de contacto directo con las organizaciones terroristas con las que comparte la ideología, no está aislado totalmente de su influencia. El fenómeno del terrorismo solitario es internacional: se han registrado casos en Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Italia, Australia, Canadá, Holanda, Gran Bretaña, Portugal, Noruega, Suecia, Dinamarca, Polonia, Rusia e Israel. Con excepción de Rusia e Israel, todos los países donde se han presentado ataques de lobos solitarios son occidentales. En Occidente, el 70% de las muertes causadas por el terrorismo se adjudican a lobos solitarios, según establece el Informe del Índice Global de Terrorismo 2015, tendencia que va en aumento. Esto puede interpretarse como consecuencia de la guerra contra el terrorismo internacional, que ha debilitado el poder de las organizaciones terroristas que amenazan a Occidente. Tras los ataques del 11 de septiembre del 2001, las brechas de seguridad que permitían que estas organizaciones pudieran cometer sus actos fueron detectadas y cerradas, hasta el punto de que la amenaza islámica de grupo se encuentra en niveles muy bajos. Entretanto, se han incrementado los actos de terror perpetrados por lobos solitarios, que adjudican sus actos a favor del alcance de los objetivos estratégicos de estas organizaciones terroristas. De todos los países que componen el mundo occidental, Estados Unidos tiene el mayor número de casos de lobos solitarios. Este tipo de terrorismo abarca una amplia gama de actores con diferentes motivaciones, objetivos y metas.

Los datos observados demuestran que estos ataques no están inspirados exclusivamente por las llamadas para la yihad internacional por parte de Al Qaeda y el Estado Islámico, como establece el informe citado. De hecho, las motivaciones en su mayoría son diferentes a las motivaciones del fundamentalismo islámico. Según la Base de Datos de Terrorismo Global, administrada por el Consorcio Nacional para el Estudio y Respuesta al Terrorismo, desde el 2006 al 2014 el ataque de lobo solitario con mayores víctimas en Occidente fue el de Anders Behring Breivik, en el 2011 en Noruega, que ya mencionamos. Asimismo, Estados Unidos tiene en este período la mayoría de los casos de ataques de lobos solitarios fundamentalistas islámicos: 12 ataques y 19 personas asesinadas. Esto se puede contraponer al número de víctimas relacionadas con los ataques de lobos solitarios con motivaciones políticas diferentes del fundamentalismo islámico, que representaron 110 muertes de las 164 registradas en Occidente. En su mayoría las motivaciones políticas se refieren a sentimientos antigubernamentales, anarquismo, movimientos antiaborto o en contra de políticas favorables a los derechos de los LGBT. En el mismo período encontramos 37 casos de terrorismo perpetrados por lobos solitarios motivados por razones meramente políticas, 27 ataques realizados por supremacistas raciales y 25 casos relacionados con el fundamentalismo islámico; asimismo, encontramos ocho casos de terrorismo con motivaciones individuales. Es innegable que las organizaciones terroristas fundamentalistas islámicas, independientemente de que estén debilitadas o no, hacen llamados a utilizar las tácticas de resistencia sin líder y a perpetrar ataques al margen de la organización en Occidente. Un ejemplo de esto es el llamado constante y sistemático que realizaba Adam Gadhan, occidental radicalizado identificado como portavoz de habla inglesa de Al Qaeda, a través de videos difundidos por internet. En marzo del 2010, AlQaeda publicó un video en inglés titulado Una llamada a las armas, donde Gadahn incitaba a realizar ataques contra los infieles sin necesidad de esperar una orden directa, actuando por iniciativa propia. En otro video publicado en junio del 2011 en inglés, Gadahn enfatiza mucho más el recurso al lobo solitario y hace un llamado a sus simpatizantes en Estados Unidos para aprovechar las facilidades que se ofrecen en este país para adquirir armas de fuego.

Radicalización

En la naturaleza, los lobos no cazan solos, son animales gregarios y cazan en manadas. Al igual que ellos, estos actores no están realmente solos. Son reclutados, radicalizados, enseñados, entrenados y dirigidos por otro. Su análisis revela el nivel de socialización que estos manejan a través de plataformas en línea, que van desde sitios web a los medios sociales como redes y foros. A diferencia de los medios de comunicación masivos tradicionales, como las televisiones, radios, panfletos, etc., el internet plantea una comunicación más dinámica, en la que los individuos que consumen material propagandístico están aislados de la sociedad, pero relativamente activos en el mundo en línea, lo que se traduce en la interconexión con personas que muchas veces tienen los mismos intereses o con miembros de organizaciones extremistas que de alguna manera influyen en su decisión de atacar. A este consumo sistematizado de propaganda que busca cambiar la conducta y las actitudes de los individuos en torno a una ideología extrema, lo llamamos radicalización. Esta puede presentarse de una manera autodirigida, cuando el individuo consume el material propagandístico de manera autodidacta sin dirección definida ni programada. Otro tipo de radicalización es la dirigida, en la cual existe un individuo o grupo que incentiva e influye, tanto en el tipo de material propagandístico que consume como apoyando para que este proceso sea lo más eficiente posible. Es evidente que todo el material propagandístico emitido por estas organizaciones está destinado y diseñado para cumplir con una parte importante de los objetivos operacionales de la organización terrorista, que van desde el soporte y coordinación de los ataques hasta la radicalización y reclutamiento. En el caso exclusivo de los lobos solitarios yihadistas, nos encontramos con una campaña abierta de radicalización a través de un proceso sistemático que utiliza internet como principal herramienta de divulgación. Un ejemplo de esto es la célebre revista yihadista Inspire, que se distribuye por internet en inglés y se editaba con elauspicio de Al Qaeda. Poco se sabe de sus editores actuales, ya que los anteriores –Samir Khan y Anwar Al-Awlaki– perecieron bajo el bombardeo de un avión no tripulado norteamericano en Yemen en el año 2011. Inspire se convirtió en una herramienta importante para reclutar, informar y motivar a estos yihadistas solitarios. Cada número de la revista, de hecho, tiene una sección especial llamada «Yihad de Código Abierto», que tiene por objeto dotar a los aspirantes con las herramientas que necesitan sin desplazarse a los campos de entrenamiento. También es una especie de manual de terrorismo en el cual se encuentran recetas para hacer artefactos explosivos improvisados. Son múltiples los ejemplos de jóvenes occidentales para los que esta revista fue uno de los elementos que influenciaron en su radicalización. Un ejemplo reciente puede ilustrar la influencia en el proceso de radicalización. En el 2011 José Pimentel, un joven dominicano de 27 años convertido al islam y residente en Manhattan, fue arrestado por planear ataques con bombas de fabricación casera contra vehículos de la policía y servicios postales de Nueva York y Nueva Jersey. Pimentel fue acusado de cinco cargos por fabricación de bombas, pero no se llegó a demostrar que formara parte de una organización terrorista. La inspiración para sus atentados le vino de leer Inspire. Además, encontró en sus páginas las instrucciones para fabricar bombas de tubo, concretamente en un artículo titulado «Cómo hacer una bomba en la cocina de su madre», publicado en la revista, la cual se le ocupó junto a una cantidad indeterminada de artefactos explosivos. A pesar de las diferencias en cuanto al origen y la táctica, los lobos solitarios comparten algunas características comunes, como es el grado de compromiso e identificación con los movimientos extremistas que buscan representar; en otras palabras, sus acciones no tienen lugar en el vacío y son producto del consumo de propaganda destinada a su reclutamiento y acción.

Tipología 

Como hemos visto, las figuras del lobo solitario y del terrorista solitario se definen en el contexto de su relación con los grupos organizados. Esto, sin tomar en cuenta la motivación política del ataque, la cual debe existir para poder distinguir el ataque terrorista de un crimen común o de un crimen de odio. Por esta razón vemos que los ataques de lobos solitarios pueden tener diversas motivaciones y ser perpetrados por simpatizantes de organizaciones terroristas, las cuales a su vez pueden presentar objetivos estratégicos disimiles  y motivaciones ideológicas muy particulares e individuales. Porque entendemos que el estudio de este fenómeno debe realizarse a fin de tomar medidas que disminuyan o eliminen la amenaza, nos permitimos hacer una clasificación. En principio, podemos encontrar ataques de lobos solitarios tanto en el terrorismo internacional como en el nacional. El primero se refiere a la utilización de métodos terroristas que tienen como fin coaccionar a gobiernos, naciones o instituciones fuera de las fronteras en donde estas organizaciones operan. El segundo, a los ataques que buscan intimidar o coaccionar a la población civil e influenciar la política de un gobierno por medio de intimidación o coerción, dentro de sus fronteras. Según la teoría de las cuatro grandes olas del terrorismo formulada por David Rappaport, nos encontramos sumidos en la cuarta ola de terror, que se inició en 1979 con el éxito de la revolución iraní y el surgimiento del yihadismo internacional. En este sentido, nos referimos al lobo solitario yihadista, el cual opera en consonancia con los objetivos que persiguen estas organizaciones fundamentalistas islámicas. Asimismo, nos encontramos con que el fenómeno del terrorista solitario y el lobo solitario, dentro del contexto de terrorismo doméstico, posee una gran variedad de motivaciones, y que es incluso más difícil su persecución y sanción. Raffaello Pantucci, en su artículo «Una tipología de los lobos solitarios: Análisis preliminar de los terroristas islámicos solitarios», publicado por el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia Política en marzo del 2011, ofreció una clasificación muy interesante de estos sobre la base de los medios y el contexto de la radicalización dirigida o la autorradicalización, las tácticas de combate y el marco de apoyo disponible. Los clasifica en cuatro subcategorías: terrorista solitario, lobo solitario, manada de lobos solitarios y atacante solitario. El terrorista solitario se define como una persona que planea o lleva a cabo un acto terrorista utilizando como justificación el uso de una ideología extrema, teniendo además otros motivos personales que lo impulsan a cometer el acto. Sin embargo, no tiene ningún tipo de contacto con extremistas, y su radicalización no va más allá de su capacidad de acceder a dichos grupos o individuos a través del consumo pasivo y no dirigido de estas ideas, ya sea a través de internet o de la sociedad en general. De acuerdo a Pantucci, los lobos solitarios se diferencian de los terroristas solitarios en que comenten sus actos de terror utilizando la ideología extrema como única justificación. Además, tienen cierto nivel de contacto con extremistas operativos, casi siempre relacionado al proceso de su radicalización, lo que se puede interpretar como una respuesta a una especie de estructura de mando y control. La manada de lobos se parece a la de los lobos solitarios, con la excepción de que, en vez de la existencia de un solo individuo, se trata de un grupo radicalizado. El atacante solitario es el terrorista que realiza el ataque solo, pese a que ese ataque es coordinado y apoyado por una organización terrorista, lo que supone estar bajo una estructura de mando y control.

La lucha contra este tipo de terrorismo

Este fenómeno debe estudiarse desde el punto de vista de su prevención. Las técnicas vinculadas a la prevención de los ataques terroristas están orientadas a impedir que alcancen sus objetivos tácticos frustrando el ataque en su fase de planeación y coordinación logística con otros individuos del grupo, lo cual se logra mediante métodos de inteligencia que son ineficientes cuando nos encontramos con personas que planean y coordinan los ataques de modo solitario o sin tener contacto con otros vinculados a organizaciones extremistas. El caso de Ted Kaczynski, apodado Unabomber y conocido por enviar cartas bomba, es un lamentable ejemplo de cómo una campaña de terror llevada a cabo por un solo hombre puede tardar años en descubrirse. La amenaza del lobo solitario ha significado cambios en la manera de abordar el terrorismo en su sentido amplio. Al romper los patrones de identificación que usan las organizaciones que luchan contra el terrorismo, los servicios de inteligencia y la policía, estos terroristas resultan extremadamente difíciles de encontrar y detener. También son particularmente difíciles de detectar debido al poco margen de monitorización que dejan al no socializar sus planes con otras personas. Alex Shone, de la Sociedad Henry Jackson del Reino Unido, en su artículo «Lucha contra el terrorismo de lobo solitario: El mantenimiento de la visión», nos dice que el factor clave en la prevención no es saber quién los llevará a cabo, sino cómo. Además, si la mayor parte del proceso de reclutamiento, el apoyo y la formación de lobos solitarios, es decir, todo lo relacionado con su radicalización, se basa en las plataformas en línea, estos sitios pueden monitorearse y estudiarse con el fin de proporcionar alertas tempranas. Tales señales de advertencia incluyen los lazos que los individuos pueden haber desarrollado con los radicales conocidos o la interacción en línea a través de sitios web radicales. La utilización de internet y la miríada de herramientas de comunicación que esta red ofrece nos trae a la reflexión que tal vez los lobos solitarios no son realmente solitarios, como plantea Gabriel Weimann en su artículo «Lobos solitarios en el ciberespacio», publicado por el Centro de Estudio del Terrorismo y la Violencia Política en el 2012, ya que esta comunicación se da en el más absoluto anonimato gracias al libre acceso de herramientas criptográficas de alta complejidad. Otra medida utilizada para rastrear y encontrar potenciales lobos solitarios es el uso de agentes encubiertos e informantes en línea. Por ejemplo, el Departamento de Policía de Nueva York ha desarrollado una unidad de inteligencia cibernética en la que «agentes cibernéticos» rastrean las actividades en línea de presuntos extremistas violentos e interactúan con ellos para evaluar la amenaza que suponen. Según el esquema actual, el proceso de radicalización se da en mayor medida a través de internet, lo que convierte el ciberespacio en el campo de batalla de esta guerra muy particular contra el terrorismo. Esta estrategia de monitoreo de indicadores de comportamiento, que muchas veces pasa del mundo en línea al mundo físico, se ha convertido en el centro de la prevención en los Estados Unidos; sin embargo, los críticos dicen que no funciona: «En pocas palabras, se basan en correlaciones generalizadas que encuentran en los terroristas escogidos selectivamente sin el uso de grupos de control para ver con qué frecuencia se producen los comportamientos correlacionados identificados en la población no-terrorista», establece Michael German, exagente del FBI en declaraciones al blog de periodismo de investigación The Intercepter, con motivo de los ataques de San Bernardino a finales del 2015. Otra crítica que se hace a la estrategia es que los indicadores utilizados son excesivamente amplios y obligan a las autoridades a desechar muchas amenazas que quizás resulten reales. Los indicadores de comportamiento deben estar orientados a detectar actividad sospechosa con la finalidad de prever cómo se ejecutaría, en vez de concentrar los esfuerzos en quién incurriría en ella; y deben hacerlo aprovechando la relación que existe entre las motivaciones y el proceso de radicalización, monitoreando la forma en que este proceso se realiza y las herramientas que las organizaciones terroristas proveen al nuevo recluta, siempre dentro del contexto político que las motiva. Una estrategia que tiene la misma orientación es la utilizada por el Reino Unido, donde se ha creado una unidad adscrita a la policía metropolitana que rastrea y bloquea las páginas de internet con material que pudiera promover la radicalización. Esto se hace dentro de un contexto de debate sobre la legitimidad de la censura de internet, pero se realiza bajo el amparo de la ley de terrorismo del 2006. Según el Informe del Grupo de Trabajo del Primer Ministro en la lucha contra la radicalización y el extremismo, publicado en diciembre del 2013, a la fecha se habían retirado de internet más de 18,000 piezas de material ilegal, aunque para el periódico inglés The Guardian, en un artículo del 24 de septiembre del 2014 a cargo de Shiv Malik, a la fecha el material censurado había superado las 45,000 páginas. En el duro camino de la guerra contra el terrorismo del lobo solitario, es importante desmontar algunos mitos que no nos permiten apreciar los problemas en toda su profundidad. Si bien es cierto que un debilitamiento de una organización terrorista tiene como consecuencia la incapacidad de ejecutar ataques coordinados, esto no quiere decir que adapte su táctica para intentar alcanzar sus objetivos estratégicos solo incitando a ataques de terroristas solitarios a través de la radicalización, puesto que estos son dos tipos de terrorismo independientes el uno del otro, tomando en cuenta las diferencias que presentan (perfiles, objetivo táctico, nivel de letalidad, frecuencia, etc.).

También vemos que no existen elementos ni datos suficientes que permitan correlacionar la tendencia de crecimiento que tienen los actos de terror solitario con el fortalecimiento de las medidas de seguridad o debilitamiento de las organizaciones promotoras, aunque es importante señalar que los ataques de terroristas solitarios y lobos solitarios con motivaciones relacionadas con el fundamentalismo islámico van en creciente aumento. Pero de algo podemos estar seguros: en el campo de batalla de esta guerra que se da tanto en el ciberespacio como en el mundo real, las medidas tomadas van en detrimento de la privacidad de los ciudadanos, debido a la utilización indiscriminada de herramientas de monitoreo masivo del comportamiento de la población general en internet, lo que ha despertado una legítima preocupación en la sociedad. Antes de enviar este artículo para su publicación, en la ciudad de Niza (Francia) un ciudadano francés de origen tunecino, Mohamed Lahouaiej Bouhlel, lanzó su camión contra una multitud de personas que disfrutaban de un espectáculo de fuegos artificiales con motivo de las fiestas nacionales. Perdieron la vida 84 personas y 200 más resultaron heridas. Pocas horas después del incidente, el presidente Hollande había definido el hecho como un acto terrorista. Sin embargo, más allá de la reivindicación por parte del Estado Islámico a través de la agencia de noticias Amaq, hasta la fecha no se han encontrado indicios de un proceso de reclutamiento ni radicalización que vincule el hecho con los objetivos de la organización. Es más, existen indicios de que esta persona sufría cierto desequilibrio mental. Según conocidos del atacante, no practicaba la fe del islam de forma radical, por lo que a la fecha no podemos confirmar ni descartar que este incidente se trate de un ataque perpetrado por un lobo solitario. Sin duda, el futuro nos deparará más ataques de lobos solitarios.


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