Revista GLOBAL

Los presupuestos y las implicaciones filosóficas del pensamiento –y de las Ciencias– de la  Complejidad

por Pedro Luis Sotolongo Codina
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El pensamiento y las ciencias de la complejidad busca trascender la compresion percibida ya como simplificadora de todas la complejidad que hoy constatamosen en el mundo natural, en las sociedades en las subjetividades y conciencia de los hombres, en la interaccion de esos hombres con los medios técnicos construidos por ellos, en el proceso mismo de la obtención del Saber. Semejante ideal y pathos constituyen, sin duda alguna, una ambiciosa empresa, aún en construcción. Sólo obtenible si, al mismo tiempo, transforman cualitativamente las bases sobre las que se erigieran como generalizados esa clase de pensamientos y esas Ciencias “simplificadoras”; y si por medio de tal mutación cualitativa construyen una nueva articulación con el Saber filosófico. Tal proceso se halla ya en marcha…

¿En qué consisten las denominadas bases de uno u otro Saber a transformar? Usualmente se hace referencia ya bien al ámbito o nivel empírico; ya bien al ámbito o nivel teórico de esos saberes (a los nuevos datos obtenidos empíricamente, a los nuevos desarrollos conceptuales llevados a cabo en ellos). Suele, sin embargo, pasarse por alto ese otro e importante ámbito o nivel de los saberes específicos donde se produce su articulación con el saber filosófico y conformado por:

• Los ideales –de racionalidad– más generales a los que tributan.
• Las nociones, valores y normas generales por los que se orientan.
• El estilo de pensamiento que ponen en juego.
• El tipo de “cuadro del mundo” que pretenden construir.

Estos componentes integran, precisamente, las bases de esos sabores, que no han sido identicos a si mismo en diferentes periodos historicos, ya bien por el impacto transformador que sobre ellos han ejercido los cambios ocurridos en el saber filosofico, ya bien por el impactoque reciben de trasformaciones en los propios saberes particulares.

De esta manera, no han sido los mismos ni los ideales de racionalidad, ni las nociones, valores y normas generales, ni el estilo de pensamiento, ni el tipo de “cuadro del mundo” puestos en juego por los saberes de la Antigüedad, por los del Medioevo, por los de la Modernidad Occidental; ni tampoco han sido los mismos que en Occidente los puestos en juego por los saberes orientales.

En nuestra contemporaneidad, a partir del último tercio del recién finalizado siglo xx, estamos asistiendo (unos más advertidamente, otros no tanto) a los comienzos de una nueva mutación epocal en tales bases de los saberes específicos, esta vez de la mano, entre otros, del pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad. Son solamente los comienzosde un proceso que aunque con final abierto, como todo proceso social alcanzaria su pleno desarrollo en periodos aun por advenir,tal como bien lo hiciera el proceso de la gran mutacion de las bases de los saberes, comenzado con el siglo XVII, XIX y buena parte del XX.

Y en tanto es precisamente en ese ámbito o nivel de las bases de uno u otro Saber específico que se producen las articulaciones de los mismos –armoniosas o conflictivas, según el caso– con el Saber filosófico, entonces, cuando mutan cualitativamente las bases de esos Saberes, no puede no producirse una renovación en la articulación entre Filosofía y esos otros Saberes, entre ellos, entre la Filosofía y el Saber científico, las Ciencias. A continuación se explican algunos de los presupuestos, implicaciones y aportes más significativos que el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad han comenzado a poner en juego para el aludido proceso de transformación de las bases de los Saberes contemporáneos y para la conformación de esa nueva articulación Filosofía Ciencias.

El nuevo tipo de cuadro del mundo en construcción. El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad están comenzando a construir un “cuadro del mundo” de un tipo o clase diferente al construido por los Saberes, entre ellos el Saber científico, de la Modernidad Occidental. Este nuevo “cuadro del mundo” en proceso de construcción es de índole:

• Transdisciplinar
• Holista
• No lineal Demarcándose del “cuadro del mundo” disciplinar, analítico y lineal construido por la ciencia moderna y generalizado en un tipo de pensamiento tornado ya en “tradicional” desde los albores de la Modernidad.

Las Ciencias de la Modernidad Occidental fueron organizándose cada vez más en compartimentos disciplinares especializados –que a su vez se han subdividido en “especialidades” y hasta “especializaciones” disciplinares, obstaculizando el flujo cruzado mutuamente fertilizante de conocimientos entre dichos saberes compartimentados y, de hecho, construyendo un “cuadro del mundo” parcelado disciplinarmente.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad pretenden trascender dicha situación, construyendo un Saber transdisciplinar –que no elimina, pero sí trasciende las disciplinas– nutriéndose de nociones originadas en ellas, pero construyendo un cuerpo conceptual de Saber transversal a las mismas, que puede a su vez ser empleadas en la indagación de los objetos tradicionales de los estudios disciplinares, pero con una visión nueva transdisciplinar.

Por otra parte, para la Ciencia tradicional, “lo complejo” ha sido siempre sinónimo de “lo complicado”, Sin embargo, tal ideal analítico del Saber resultó ser incompatible –sin desmedro de lo mucho que permitió lograr en el conocimiento acerca de “las partes” y de aquellos objetos y procesos en los que sus “partes” no presentan fuertes interacciones internas entre sí– con la aprehensión de “lo complicado” (equivalente para ese ideal a “lo complejo”), debido a la circunstancia de que, al desmembrar las totalidades “complicadas” en sus partes, se dejaba fuera de la indagación precisamente lo que hoy, fruto del pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad sabemos ya que es lo que genera “lo complejo”: las interacciones internas entre las que ya no son “partes”, sino que se tornan componentesde esas totalidades “complicadas”.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad se orientan entonces precisamente a la aprehensión de esas totalidades “complejas”, que para ellas cesan de ser sinónimo de “complicadas”. Son, sencillamente, eso: “complejas” y, como tal, deben aprehenderse, sin desmembrarlas en sus partes. Pero como el arsenal de las Ciencias de la Modernidad Occidental, con su ideal analítico del Saber, no nos ha pertrechado con “herramientas” adecuadas a tal comprensión holista (de “holos”, en griego “el todo”), el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad se están viendo obligadas a construirla.

A su vez, el propio pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad han establecido que no todas las interacciones internas son capaces de generar la Complejidad del mundo. Sólo las interacciones internas no lineales la generan. Por lo que se orientan al estudio y la caracterización de la no linealidad en los fenómenos indagados.

Ello constituye otra línea de demarcación con respecto al pensamiento –y a las Ciencias– tradicionales, que indagan procesos lineales (o pretenden –y se afanan– en “linealizarlos”). Para tales fenómenos lineales, pequeños cambios en las condiciones reinantes llevan siempre a pequeñas consecuencias, mientras que cambios grandes en esas condiciones reinantes conllevan, también siempre, a grandes consecuencias.

Por el contrario, en los fenómenos no-lineales, estudiados por el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad, pequeños cambios en las condiciones pueden, en ocasiones, generar enormes consecuencias; y, a su vez, grandes cambios en las condiciones pueden, también en ocasiones, no generar consecuencias significativas. Y de tal no-linealidad, entre otros factores, emergen las nuevas complejidades en el mundo natural y social.

El nuevo estilo de pensamiento puesto en juego. El pensamiento – y las Ciencias– de la Complejidad ponen en juego, para implementar el aludido cuadro del mundo holista, un estilo de “pensamiento-en-red”, de índole inherentemente relacional e interaccional, que pretende trascender las dicotomías construidas por el estilo de pensamiento –percibido cada vez más ahora como “dicotómico”– tradicional moderno. Para ese nuevo estilo de pensamiento, el mundo está cada vez menos caracterizado como una multiplicidad de objetos, involucrados externamente unos con otros en procesos a estudiar, sino que es cada vez más comprendido como una verdadera “red-de-redes” (o como “redes-en-red”) no lineales; cada una de las cuales, por autónoma que de inicio se nos antoje, no es más que un nodo local articulado –es decir, relacionado e interactuando– dentro de una red más global no lineal que abarca un ámbito mayor (desde las partículas subatómicas hasta la conformaciones metagalácticas, pasando por átomos, moléculas, macromoléculas, los organismos vivos, los seres humanos, sus sociedades, el planeta que habitamos, nuestro sistema solar, y así sucesivamente).

Redes de interacciones no lineales, por cierto, “distribuidas”, es decir, no jerárquicas –excepto aquellas resultantes así (intencionalmente o no), construidas por los hombres en sus sociedades–, sino espontáneamente emergentes (o sea, surgidas “de-abajo-hacia-arriba”) sin que unos u otros de sus nodos “dirija” a los otros en dicho proceso de auto-organización. Tales redes-en-red o redde-redes de interacciones no lineales distribuidas pueden auto-organizarse “de-abajo-hacia-arriba”, es decir, “emerger” espontáneamente, gracias a que son capaces de reconocer los propios patrones o pautas de interacciones que ellas mismas van generando, en una suerte de “memoria interna de red”. Todo ello redunda en la flexibilidad y creatividad ontológicas de tales redes naturales y sociales.

Estamos aún lejos de sospechar y poder aquilatar todas las potencialidades que presenta tal “pensamiento-en-redes-no-lineales-distribuidas” para la comprensión del mundo con el que tenemos –y debemos– lidiar cotidianamente; especialmente su potencial impacto en nuestra comprensión acerca de lo que implica “intervenir” en los procesos espontáneos de la naturaleza o lo que implica “dirigir” los procesos sociales.

Nuevas nociones, normas y valores generales por los que se orienta. El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad se orientan hacia –y por– nociones, valores y normas generales en lo que concierne a la obtención del Saber, que no son iguales a las nociones, valores y normas que regían –y hacia las que se orientaban– los Saberes construidos desde la Modernidad Occidental. En particular ello concierne a las nociones, valores y normas vinculadas a la comprensión contemporánea de “la verdad”, “la objetividad” y “la fructificación de los Saberes”.

Como resultantes de semejante orientación vienen siendo plasmadas colectivamente nuevas nociones, valores y normas que atañen a la construcción de una “verdad contextual” intersubjetiva, al reconocimiento de la inevitable “omnijetividad” del Saber y a la propiciación de un “diálogo no hegemonizante entre Saberes” diferentes. Lo que va demarcando al pensamiento –y a las Ciencias– de la complejidad de las correspondientes nociones, valores y normas acerca de una “verdad por correspondencia”, una “objetividad pura” no  “ contaminada” por ninguna subjetividad y una “hegeminia de la ciencia”(es decir, del saber cientifico) sobre el resto de los saberes, que la modernidad Occidental fue entrozinando.

El pensamiento de la Modernidad Occidental en su dicotómica visión del Sujeto indagador y el Objeto indagado, que los oponía radicalmente, y en su aspiración a alcanzar la “completa” y “pura” objetividad del Saber, eliminó de ese Sujeto indagador todo vestigio de subjetividad sentimental, afectiva, ideológica, sociológica, pues, según tales nociones, valores y normas para con el Saber, todo ello “contaminaría” con subjetivismos la cognición, y redujo ese Sujeto a un sujeto de operaciones lógicas y metodológicas universales despersonalizado.

Tal sujeto –objetivado– era, sin embargo, para ese pensamiento objetivante, el único capaz de arribar a un conocimiento verdadero que correspondiera exactamente con el objeto indagado. Era la noción de “verdad por correspondencia”.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad se empeñan en restituir la presencia insoslayable de la subjetividad humana –que no es necesariamente “subjetivismo” humano– a toda la Complejidad del proceso de aprehensión. Pero al mismo tiempo que debemos reconocer nuestra pertenencia a esa intersubjetividad desde la cual siempre indagamos, cada vez más tomamos en cuenta que nunca tenemos que vérnosla con uno u otro objeto de indagación aislado, por más que en ocasiones así nos parezca. Siempre indagamos una “interobjetividad” de objetos articulados en red.

Entonces, a esa práctica indagativa que transcurre inmersa desde una “intersubjetividad” a la que no podemos escapar, y que indaga siempre uno u otro aspecto de una “interobjetividad”, bien puede caracterizársele como una “práctica omnijetiva”, y a esa articulación de intersubjetividad e interobjetividad como “omnijetividad del Saber”, nociones que, aunque debatidas –y debatibles– terminológicamente, sin duda vehiculan una difícilmente debatible realidad puesta cada vez más en claro por el pensamiento –y las  Ciencias– de la Complejidad, en lo concerniente a nuestra praxis de aprehensión del mundo.

Por otra parte, a semejantes nociones, valores y normas generales a las que se orienta el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad, que reconocen la contextualidad intersubjetiva e interobjetiva de todo Saber, de toda Verdad, les es ajena la idea –tan cara al pensamiento de la Modernidad Occidental– acerca de la superioridad hegemónica del Saber científico -de la Ciencia (y del propio pensamiento Occidental) con relación al resto de los Saberes (y con relación al pensamiento Oriental). Por lo mismo, el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad propugnan el “diálogo no hegemónico entre Saberes”, mutuamente fructificante, que exige, para ser legítimo y auténtico, que de todas las vertientes de los Saberes en diálogo exista la disposición de que los demás Saberes tienen algo que aportarles. De suyo se comprende que el pathos transdisciplinar del pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad concibe como natural el diálogo no hegemónico entre las diversas disciplinas en que la Modernidad Occidental ha dividido el Saber.

Nuevo ideal general –de racionalidad– a que tributa. Desde nuestro ventajoso “horizonte” temporal de inicios del siglo XXI, pueden ya reconocerse con mayor facilidad los componentes esenciales del ideal que la Modernidad Occidental se forjó de lo que comprendía como “la racionalidad”:

• La primacía de la razón como facultad humana.
• La exterioridad irracional del resto del mundo.
• El conocimiento científico como medio de alcanzar el dominio sobre la naturaleza por los hombres, que se constituyeron en el marco que condicionaba –y en el que se integraban– los diferentes momentos en que nos hemos detenido anteriormente; ideal de racionalidad –devenido para nosotros en “clásico”– que distinguió radicalmente a esa Modernidad Occidental de las épocas precedentes, que habían reconocido siempre una racionalidad objetiva del mundo como macrokosmos, que propiciaba su intelección por ese microkosmos –inmanentemente articulado a aquelmacrokosmos– que éramos los seres humanos. Y por lo cual el tema del “dominio del mundo” no era concebible, si bien la mencionada articulación inmanente macro-micro-kosmos fue entendida con un humilde-orgullo por el paganismo antiguo y con un orgullo humillado por el cristianismo medieval.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad han comenzado a elaborar una diferente comprensión de “la racionalidad”, en la que el fundamento de coherencia para la producción de conocimientos –de Saber en general– si bien incluye, por supuesto, a la facultad de la razón humana, no se reduce, sin embargo, a la misma, integrando también esa producción de Saber a los sentimientos y a las acciones prácticas en un “conocer-querer-hacer”.

Al mismo tiempo, ello conduce cada vez más al reconocimiento de que aquello que en los seres humanos no obedece al canon de la razón (lo “a-racional”) no debe ser necesariamente identificado con “lo irracional” (con “lo racional” deformado), ni oponiéndose antitéticamente a “lo racional”, sino complementándolo; y a despojar al mundo exterior a esos seres humanos de la “irracionalidad” que la Modernidad Occidental le endilgó, pudiendo ser, por lo mismo, intelegido en su especificidad y como mucho más articulado inmanentemente con la racionalidad humana, comenzando por el ámbito de lo somático-humano, hasta llegar a poder reconocer una condición o dimensión cósmica en el ser humano;5 corolario de todo lo cual es la demarcación de una aspiración al “dominiode-la-naturaleza” y un tributar al reconocimiento de una “co-evolución” naturaleza-hombres-sociedades, que se impone cada vez más ante las crudas realidades constatadas de los perjuicios ya ejercidos por semejante pretendido “dominio” de uno de sus términos sobre el resto en el delicado balance entre los tres términos en co-evolución.

Otras incidencias provenientes del pensamiento –y de las Ciencias– de la Complejidad, con impacto transformador en la conformación de su nuevo ideal en construcción –ya “no clásico”– de racionalidad, conciernen a una nueva comprensión:

• De la causalidad.
• De la explicación.

Esta nueva comprensión rompe con la eliminación del tiempo (de la temporalidad) y de la interioridad (del contexto interno) en la Ontología y en la Epistemología, que tiene su origen en los albores del filosofar occidental –hace ya más de dos mil años– y continuada con especial empeño por el pensamiento de la Modernidad Occidental. Es pues, una comprensión de la causalidad y de la explicación que restituye su historicidad y su pertenencia contextual tanto a los fenómenos del mundo como a los de la aprehensión de ese mundo.

La nueva comprensión de “la causalidad”.

La comprensión que la Ciencia Occidental de la Modernidad elaboró de la causalidad se demarcó radicalmente de la anterior cuatripartita comprensión aristotélica de la misma que desde la filosofía natural comprendía causas finales, formales, eficientes y materiales; reduciéndolas, mutatis mutandi y bajo la influencia newtoniana, a la causalidad eficiente del tipo “colisiones de bolas-de-billar” (causa incidente-contacto-efecto consecuente) entre objetos materiales externos unos a los otros. Al mismo tiempo que conservaba el principio –también aristotélico– de que “nada se mueve a sí mismo”.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad están elaborando una comprensión de una causalidad “inter-niveles”, “causalidad circular”, o “causalidad como constreñimiento”.

Tal nueva comprensión de la causalidad proviene de la confluencia entre los estudios acerca de los sistemas complejos adaptativos y del desarrollo de la teoría de los sistemas dinámicos, por una parte, con el pensamiento-en-red-de-redes de interacciones [acciones y retroacciones –suscitadoras y amortiguadoras– no-lineales distribuidas (no jerárquicas, sino heterárquicas), elementos del pensamiento de la Complejidad todos ya aludidos más arriba]. Tal articulación permite arribar (para los sistemas abiertos al entorno –como son todos los sistemas complejos, que intercambian con dicho entorno sustancias, energía, información o sentidos) a un nuevo tratamiento de la correlación entre las partes –componentes– de esos sistemas complejos y el todo, es decir, la totalidad del sistema como tal.

Correlación componentes-todo en la cual la dinámica a nivel global del sistema como un todo regula y constriñe el comportamiento de los componentes locales, manteniendo así –y realzando– la identidad del sistema como tal; plasmando así, de hecho, un tipo de interacción causal “inter-niveles” (“causalidad circular” entre componentes y el todo sistémico; “causalidad como constreñimiento” dinámico de los componentes por el todo sistémico) que corresponde a aquella a la que Inmanuel Kant se refirió con la frase de “un tipo de causalidad desconocida para nosotros”.

Una clase de causalidad en la que a través de la dinámica compleja de tales redes-en-red de interacciones no lineales distribuidas se conserva la huella “de-lo-que-les-sucedió” a sus componentes (su historia sistémica), al igual que se conserva la huella “de lo que les está sucediendo ahora” (es decir, su contextualidad sistémica), restituyéndose así la inmanencia del contexto y la historicidad a los sistemas complejos del mundo real, escamoteadas por el pensamiento secular de Occidente.

El pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad están asimismo restituyendo dicha historicidad y contextualidad a la aprehensión de ese mundo de los sistemas complejos, es decir, a la obtención del Saber acerca de ese mundo. Esta vez, ello es la resultante de la confluencia –ya aludida– entre dicho pensamiento y la Nueva Epistemología de 2do. Orden.

La nueva comprensión de” la explicación”.

La Epistemología de la Modernidad Occidental construyó su comprensión acerca de “la explicación” sobre la base de la deducción a partir de leyes atemporales y acontextuales –atemporalidad y acontextualización propiciadas por la fijación por el indagador de “condiciones iniciales” de la indagación (que ya no variarán en el curso de la indagación ulterior)–. Semejante proceso lógicodeductivo permite que lo que se va a explicar –el explanandum– sea inferido. Todo ello, asociado al establecimiento de leyes de cobertura universal, permitió la predicción de lo que acontecería en el futuro en procesos que obedecen a tal determinismo rígido.

Todo ello era aplicable al estudio de los fenómenos asociados a sistemas “cerrados” –o que para todos los fines prácticos (o para las escalas de tiempo consideradas en la indagación) podían considerarse como tales–. Pero para los sistemas complejos, sistemas abiertos a su entorno, no es posible fijar condiciones “iniciales” que ya no variarían, pues con ello estaríamos “cerrando” dicha interacción del sistema a indagar con el entorno; en otras palabras, “simplificándolo”. Es lo que el pensamiento –y las Ciencias– de la Modernidad Occidental han hecho durante cuatro siglos (desde el estudio del movimiento mecánico de un péndulo hasta el de nuestro sistema solar, en este último caso para escalas temporales pequeñas con las de la existencia de la humanidad).

Por el contrario, el pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad ponen en claro cada vez más que los sistemas complejos naturales o sociales –abiertos a su entorno– presentan siempre una u otra gama de alternativas previsibles, pero no predecibles– de comportamiento ulterior (de las cuales se plasma una, en dependencia de las condiciones que la propicien, quedando el resto como potencialidades virtuales). Es como si tales sistemas, para su dinámica potencial de cambios y transformaciones, presentaran potencialmente diversos “atractores” dinámicos (tipos de comportamiento hacia los que tienden), quedando “atrapados”, en dependencia de las condiciones que lo propicien, en uno u otro de tales “atractores”.

Cuando algunos de tales regímenes de cambios y transformaciones sistémicas entran en conflicto (es decir, compiten contradictoriamente entre sí por “atrapar” al sistema), se manifiesta una “bifurcación” dinámica de su conducta sistémica. Tales “bifurcaciones” presentan, entre otras, las características siguientes:

• Cualquier fluctuación interna en las condiciones del sistema o cualquier perturbación sobre el sistema desde su entorno –por pequeñas que fueren– puede cambiar cualitativa y bruscamente el comportamiento del sistema.
• El resultado –beneficioso o perjudicial– de semejante súbita transformación cualitativa para el sistema no es predecible (aunque, en ocasiones, puede ser previsible).

“La explicación” del comportamiento de tales sistemas complejos implica entonces no un proceso lógico-deductivo a partir de leyes universales atemporales y acontextuales, sino, por el contrario, la caracterización –narrativa– de la historia previa del sistema y de lo-que-le-está-sucediendoahora contextualmente, a partir del conjunto de “atractores”. Estas características son susceptibles de “atrapar” sus cambios y transformaciones ulteriores; condicionadas (es decir, propiciadas u obstaculizadas) siempre por el conjunto de los constreñimientos que enfrenta el sistema, provenientes ya bien de la índole –variable– del entorno (“constreñimientos de entorno”), ya bien de la índole –que puede también variar– de sus propios componentes en red (“constreñimientos composicionales”)11 que proporcionan la ya aludida nueva comprensión compleja de la “causalidad como constreñimiento” que opera sobre el sistema complejo indagado.

“Explicar” los sistemas complejos, pues, se constituye más en un proceso de comprensión hermenéutica de naturaleza narrativa, que un proceso de deducción lógica.

El conjunto de los presupuestos, implicaciones y aportes del pensamiento –y las Ciencias– de la Complejidad, con incidencia e impacto para con una reconformación de la articulación entre el Saber filosófico y el resto de los Saberes, abarca pues toda una gama de desarrollos caracterizados más arriba que, en su conjunto, y con la contribución también de otras direcciones de pensamiento y praxis, están trasformando el ámbito o nivel de las bases de los Saberes contemporáneos en un proceso que apenas comienza –epocalmente hablando– y que promete sus mayores repercusiones en lo futuro.

Pero aún hoy en día y como resultado de lo alcanzado ya por ese pensamiento –y Ciencias– de la Complejidad, podemos afirmar que el mundo no es de “suma cero”, sino emergente; que no está ahí, nada más esperando por nosotros para que lo conozcamos, sino que constantemente plasma su creatividad ontológica dando origen a nuevas y nuevas manifestaciones de su Complejidad sistémica.


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