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Michaëlle Jean “Haití nunca ha dejado de caminar en mi sangre”

por Magda Mathurin
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Como enviada especial de la Unesco en Haití, la ex jefa de Estado de Canadá fragua esperanzas en la refundación de este país, que la vio nacer y partir al exilio durante la dictadura de François Duvalier. La periodista Michaëlle Jean promueve la idea de que el Haití que ha de surgir tras el terremoto del 12 de enero de 2010 deberá contar con la perspectiva de una estrategia de desarrollo insular e integrada de la isla, entre la República de Haití y la República Dominicana. Precisa que “estos dos pueblos necesitan fortalecer sus vínculos y definir su futuro juntos”.

Usted es una experiodista de renombre de la televisión pública canadiense, ex gobernadora general y jefa comandante de Canadá, miembro activo de la Academia en Canadá, actual representante de la Unesco en Haití. Es, sin dudas, un modelo para muchas personas y especialmente para sus compatriotas de Haití. ¿Qué otro mérito hay que añadir a una ruta tan excepcional?

Esta ruta muestra mis raíces en Canadá, mi país de adopción después de las trágicas circunstancias de aquellos años muy oscuros de la historia de mi país natal, Haití, bajo la dictadura de François Duvalier. Esta situación obligó a mis padres, como a miles de compatriotas, a tomar el camino del exilio. Trasplantada en suelo canadiense, crecí, pero todo lo que Haití me ha dado, alegrías y tristezas, son lecciones importantes que han contribuido a hacer de mí la mujer en la que me he convertido. Llevo con orgullo el extraordinario patrimonio haitiano como un invaluable legado. Sé de dónde soy y Haití nunca ha dejado de caminar en mi sangre, una frase que proviene de la hermosa lengua creole y que está siempre en mi boca. Mi arraigo en suelo canadiense fue un buen aprendizaje de la responsabilidad cívica. Así que me gustaría añadir a esta ruta diez años de participación en el movimiento de mujeres de Quebec, dedicada a crear una red de refugios para mujeres víctimas de violencia doméstica y sus niños en todo el territorio de Quebec. Estos años de mi vida fueron determinantes. Mis estudios en lenguas y literatura italiana e hispánica y luego literatura comparada me conducen a dos años de enseñanza en la Universidad de Montreal antes de abarcar la carrera de periodismo. También tendré el gran honor de ocupar, a partir del primero de febrero de 2012, la función de canciller de la Universidad de Ottawa, la cual, por cierto, es parte de un consorcio de universidades canadienses que trabajan en estrecha colaboración y en diversas esferas de actividad con las universidades de Haití.

La comunidad internacional se ha movilizado en el caso de Haití tras el terremoto del 12 de enero de 2010, ya que el esfuerzo humanitario se desvanece, ¿cuál debería ser el papel de la universidad haitiana en la estrategia de reconstrucción del país?

Cuando se trata de la reconstrucción del país, me encanta cuando las haitianas y los haitianos hacen una distinción importante evocando la necesidad de construir un nuevo Haití en un espíritu de refundación. En este sentido, la Universidad haitiana deberá situarse en el corazón de esta emocionante aventura y ayudar a definir los contornos de esta refundación con el Estado y con toda la sociedad haitiana. Por lo tanto, ¿cómo llegar a una perspectiva auténticamente haitiana y no dictada desde fuera sin la valiosa contribución de los estudios, investigaciones, reflexiones, observaciones e investigaciones realizadas por universidades de todo el país? Las universidades son un recurso inestimable para contribuir en el inventario, el análisis de las problemáticas, desafíos, realidades y soluciones que provienen desde Haití. En el momento de reforzar las capacidades institucionales y realizar el plan operativo para un sistema de educación y de formación accesible, universal y de calidad según las prioridades para el desarrollo humano y sostenible del país, es obvio que la universidad haitiana debe ser considerada, si ya no lo es, como un actor clave y socio de preferencia por el Estado haitiano.

Hace aproximadamente un año que tiene el papel de enviada especial de la Unesco en Haití, ¿cuáles son los mayores obstáculos que enfrenta en el desempeño de esta gestión?

En mi calidad de enviada especial de la Unesco para Haití llevo una cruzada en todo el mundo, además de las frecuentes misiones que realizo en el país, no sólo para la educación, sino para todos los campos de competencia de la organización, incluyendo la ciencia, la cultura y las comunicaciones. Mi preocupación es que Haití siga en el radar de la comunidad internacional. Otra de mis preocupaciones es promover nuevas sinergias en el caos y la fragmentación de las intervenciones que por la falta de coordinación producen una fragmentación lamentable de los recursos. Dirijo esta defensa con toda mi energía. 

Me gustaría ver al Gobierno haitiano asumir su pleno liderazgo en materia de coordinación para que Haití emerja de los efectos lógicos de la dependencia crónica de la ayuda internacional que, desgraciadamente, prevaleció en las últimas décadas. El reto es grande, tanto la manera de hacer están profundamente arraigadas en el lado de los socios multilaterales como en los propios haitianos; sin embargo, dispuesto a asumir el cambio necesario. Este deseo es ya un gran paso en la dirección correcta, ahora debemos tener el coraje de actuar, de inventar. Llegar a resultados y ver a Haití de pie sobre bases sólidas y duraderas.

¿Utiliza sus contactos internacionales y la experiencia de haber sido la gobernadora general de Canadá para ayudar a Haití a reconstruir su sistema educativo y, en particular, el subsector de educación superior?

Puse mi experiencia de gobernadora general de Canadá en la cruzada que organizo a favor de Haití. Durante los cinco años de mi mandato he efectuado cuarenta visitas de Estado en el mundo, Haití ha estado muy a menudo en la agenda de las conversaciones bilaterales. Todas estas alianzas son oportunidades para hacer socios y obtener cooperación e intercambios en diversos sectores, incluyendo la educación. En Canadá, después de haber ejercido el rol de jefa de Estado llegué a crear puentes, alianzas y fomentar las inversiones. La experiencia de unos y otros es esclarecedora en muchos aspectos para Haití.

Entre esas experiencias acumuladas, ¿existe alguna especial para la universidad haitiana?

La extensa reforma de la educación realizada en Quebec le interesa enormemente a la universidad haitiana. Las universidades canadienses han estado siempre, y hoy más que nunca, dispuestas a reforzar los centros de educación superior de Haití y, en toda reciprocidad, sienten que tienen mucho que aprender. También creo en la cooperación sur-sur con los países hermanos de América y de África, en particular, porque tenemos mucho en común: una historia, retos y realidades muy similares. Entonces, ¿por qué no compartir también soluciones y estrategias? Sugerí a la oea esta idea y me alegro del entusiasmo que provocó. La perspectiva de una estrategia de desarrollo insular e integrada de la isla entre la República de Haití y la República Dominicana está llena de promesas para estos dos pueblos que necesitan fortalecer sus vínculos y definir su futuro juntos. También creo que todo lo que el país podría aprender de la experiencia de Ruanda y sigo de cerca la idea de una comisión de Haití en Ruanda.

¿Cómo ve su papel como representante de la Unesco en un país donde los niños parecen tan vulnerables? ¿Los objetivos que estableció a corto plazo están en vías de realizarse?

Deseo mejores oportunidades para los niños y la juventud haitiana. Los jóvenes haitianos deben ser parte de las soluciones. Debemos escuchar sus aspiraciones, sus preocupaciones, reconocer sus iniciativas cívicas y su deseo de participar en el nacimiento de un nuevo Haití, más justo y equitativo, donde es posible soñar en grande, de imaginar, hacer lo imposible y florecer de nuevo. Tengo siempre en la mente y repito a menudo lo que un niño haitiano –Edou, de 11 años– me dijo un día con gran emoción: “Usted sabe lo que tiene que cambiar en mi país: el egoísmo”. La evidencia es que la verdad sale de la boca y el corazón de los niños. Los compromisos asumidos en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad no se realizaron durante toda la historia de este país. Como prueba, el estado de servidumbre, de horrible explotación e incluso la esclavitud a la que tantos niños están sometidos hoy en Haití es abrumador. El asombroso número de niños abandonados, privados de acceso a la educación y la educación de calidad, también es importante.

¿Existen esperanzas de cambiar estas situaciones? 

Es alentador que el actual presidente de la República de Haití, Michel Martelly, haga de la educación la prioridad de su mandato, así como lo fue de su predecesor, René García Preval, quien había establecido una comisión presidencial que emanó, con el apoyo financiero del bid, en el Grupo de Trabajo sobre Educación y Formación, cuyas recomendaciones han ayudado a construir un plan operativo que libera el horizonte de las tareas a realizar, los objetivos primordiales para alcanzar las medidas a tomar en cuenta para lograr estos propósitos. Todo es para convocar de forma dinámica e inclusiva a la población, la sociedad civil, el país entero en torno a un Pacto Nacional por la Educación.

¿Qué hace la Unesco de manera específica? 

La Unesco, que preside hace más de una década en Puerto Príncipe el Grupo Sectorial sobre la Educación, se reúne con el Ministerio de Educación de Haití, los representantes de los países donantes, los principales organismos multilaterales y las principales instituciones bancarias. Estas estuvieron de acuerdo para apoyar el plan operativo. Importantes fondos se han destinado a este fin y la contribución del Gobierno de Canadá permitirá a la Unesco asistir en la elaboración de estadísticas de la escuela, la formación de los docentes, el diseño de los contenidos, planes y programas con el objetivo de fortalecer las capacidades del Ministerio de Educación de Haití en la gobernabilidad del sistema y la coordinación crucial de la oferta proveniente de los socios. Tenemos mucho que hacer y hay esperanzas.


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