¿La intervención militar norteamericana de 1916 concluyó realmente el 12 de julio de 1924? La autora emprende un ensamblaje crítico sobre este suceso y el Plan Hughes-Peynado, a la vez que extiende hasta nuestros días el influjo de aquel suceso que convirtió por ocho años a la nación dominicana en un estado más de Estados Unidos.
Como si fueran puntos de púas de los alambres que cercan los procesos en la formación histórica de la República Dominicana, algunos hitos se miran con extrañeza por sus rasgos singulares, esos que dan la impresión de estar orientados por movimientos desordenados de avances y retrocesos en el tiempo y el espacio, creando una coreografía que el profesor Juan Bosch conceptualizó como arritmia histórica para registrar tales momentos de hechizo que albergan tanto los análisis concienzudos y académicos como el anecdotario que narran quienes han escrito desde la repetición de un cuento que se deforma.
Así, los modos de vida de los dominicanos durante la intervención militar estadounidense a la República Dominicana de 1916 a 1924 dieron voz a las personas que desde diferentes ángulos observaron las circunstancias de esa ocupación y, en especial, de la posterior desocupación. Hay escribanos de la historiografía dominicana que fijan la desocupación militar del país el día 12 del mes de julio de 1924, pero ese día, si bien es cierto que abrió la fase de un tramo signado en la verdad —porque en esa fecha se posesionaron Horacio Vásquez como presidente de la República y Federico Velázquez como su vicepresidente, quienes habían sido electos el 15 de marzo anterior por una alianza política de caudillos conocida como Alianza Nacional Progresista—, la otra parte que completa esa verdad es que, si bien la asunción del gobierno por el presidente Vásquez marca un punto de partida para el inicio de la desocupación, no fue hasta el 16 de noviembre de ese año 1924 cuando se retiraron los últimos soldados del régimen interventor, no sin antes dejar una secuela, que es el hilo conductor de esta cavilación.
Hacemos amarras en las elecciones del 15 de marzo de 1924 para sortear los hechos y esquivar la tentación de meternos en otros temas de los tantos bajo el paraguas de la desocupación. ¿Cómo pudieron darse esas elecciones en medio de una intervención militar? Y en particular: ¿Hasta qué grado el periodo del 12 de julio al 16 de noviembre de 1924 registra un modelo de gobierno nacional o un estamento civil de la propia intervención similar a la provisionalidad de Juan Bautista Vicini Burgos de 1922 a 1924?
Cuando el capitán de los infantes de marina estadounidenses Harry Shepard Knapp informó a algunos sectores de la clase política dominicana, no al pueblo (pues este no entendería algo que le estaba semioculto hasta ese momento), que su gobierno, el del presidente de los Estados Unidos por el Partido Demócrata Woodrow Wilson, mandaba tomar este territorio insular en nombre de la paz, ni el pueblo ni la oligarquía sospecharon que ese 29 de noviembre de 1916 se iniciaba una arritmia que dejaría el país sin bandera, sin gobierno nacional, y tampoco sospecharon que el cerco de alambre de púas que se tendía sobre la patria dejaría un asombro de aristas que limitaría la soberanía nacional por un siglo, al menos, hasta ahora.
Un académico de la Universidad de Princeton se juramenta como presidente de los Estados Unidos de 1913 a 1921, decide la ocupación militar de la República Dominicana y fallece sin que se piense en la posibilidad de que los infantes de marina abandonen el territorio de la media isla y le devuelvan la soberanía política al país. En la fragua diplomática que antecede a la Primera Guerra Mundial, Wilson lanza su catálogo de invasiones en el Caribe y Centroamérica. Dentro de esa lista de ocupables, la isla de Santo Domingo en su conjunto queda signada con la ocupación de Haití en 1915 y de nuestro país en 1916.
Quizás ningún otro presidente de los Estados Unidos ha tenido que terciar, al mismo tiempo, en tres pugnas de grandes magnitudes como Wilson, quien afrontó el conflicto bélico global de 1914 a 1918, la expansión interventora en América Latina, región cercana a su territorio —lo que en un contexto posterior como la Guerra Fría llamaríamos conflicto norte-sur— y otra conflagración de orden interno de su país como los movimientos de lucha social de la posguerra hasta la crisis económica de 1920.
Así que en 1918 elaboró la proclama de los llamados Catorce Puntos, una declaración de principios que presentó al Congreso de su país como parte del armisticio, pero que es importante para seguir el rastro a la ocupación de la República Dominicana, pues si bien esta había tenido lugar en 1916, siguiendo al hilo los hechos desde 1902 con la San Domingo Improvement Company y el control de las aduanas, a 1904 cuando se firma el Laudo Arbitral, a 1905 con el Modus Vivendi, se afianza en los pilares de la Convención Domínico-Americana, que no fue más que una suerte de Enmienda Platt a las constituciones de 1907 y 1908 de la República Dominicana, y que sigue hasta la selección de un presidente civil provisional dominicano con un comando armado estadounidense paralelo, y, finalmente, en las elecciones presidenciales de 1924.
¿Que decía el corolario Wilson de 1918 que estuviera relacionado con las elecciones y desocupación de 1924, si Wilson falleció en 1921 sin saber que su sucesor Warren Gamaliel Harding elaboraría un plan distinto al suyo, y que este también moriría sin ver salir a sus soldados del territorio dominicano?
El plan de los catorce puntos de Wilson planteaba con precisión la creación de nuevos Estados. Ya ningún acuerdo sería secreto, era una apertura de las intenciones expansionistas sobre mares y territorios donde los europeos debían renunciar a todas las pretensiones coloniales, dando aplicabilidad absoluta a la Doctrina Monroe sobre el continente y extendiéndola a otro hemisferio. Aunque en el punto catorce esboza la independencia política de todas las naciones, grandes o pequeñas, para el logro de un concierto de unidad de las naciones, tal vez no se refería a las del patio.
El presidente sucesor de Wilson, W. Harding, a través del mando militar del gobernador designado de 1921 a 1922, contralmirante Samuel S. Robinson, da a conocer los planes escalonados de posible desocupación de la República, siempre bien atados a múltiples condicionantes, siendo la más trascendental la de escogencia de un Gobierno y asamblea legislativa provisionales que se encargasen de establecer las bases para la celebración de elecciones y de cuyos resultados se aplicaría la retirada de tropas. Empero, la autoridad para negociar la salida de los marines se concedía al mando militar, no al Gobierno civil, en tanto que se señalaba: «El gobernador Militar en ejercicio de las funciones del poder ejecutivo, nombrará a determinados ciudadanos dominicanos como representantes de la República Dominicana para negociar la convención de desocupación».
El Gobierno civil se encargaría de revisar una propuesta de constitución y realizar las elecciones, para lo cual el Gobierno militar delegaría en este el poder administrativo de su ejecución. En verdad, esa delegación, como avizoró Américo Lugo, serviría para dar validez a las órdenes ejecutivas emanadas del poder militar como ley, y a los empréstitos acordados que mantendrían a la República Dominica sujeta a las reglas imperiales. Así, de a poco y por efecto de la partida de Harding de este mundo, el Plan Harding se convertiría en el Plan Hughes-Peynado.
En el tejido de la desocupación, la convención establecía criterios precisos como el nombramiento del Gobierno provisional civil que conduciría las elecciones y elaboraría el presupuesto de la nación. De un lado, Charles Evans Hughes —secretario de Estado de los Gobiernos republicanos de los Estados Unidos entre 1921 y 1925—, Warren Harding y Calvin Coolidge; del otro, Francisco J. Peynado, abogado dominicano que había servido a intereses de ingenios azucareros.
Si bien ese plan convenía a la desocupación, la ley electoral prohijada por el Gobierno provisional de Vicini, en la parte civil, con incidencia determinante de Sumner Welles, comisionado del Gobierno de los Estados Unidos para esos fines, y del coronel Henri Lee en el mando militar, tuvo carácter de revuelta entre los sectores políticos tradicionales que establecían amarras en las provincias del país, llevando el proceso a la postergación de los comicios en enero, los cuales no se celebrarían hasta el 15 de marzo bajo el mando casi absoluto de Welles.
Los mismos comisionados que viajaron a Washington en el primer intento del Plan Harding serían candidatos a dirigir el país y se revelarían en forma diferente al otro mar de revueltas que ya borboteaba por todas las comunidades, con protestas patrióticas a nivel rural y urbano contra los despojos, las agresiones y la anulación del derecho de gentes que produjo esa ocupación militar.
Instalado el Gobierno de Horacio Vásquez, el 12 de julio de 1924, empiezan los debates acerca de cómo saldrían las tropas, lo que ocurrió en parte el día 18 de septiembre cuando embarcó el grueso del contingente, aunque quedó en la Policía Nacional una comandancia y sus encargados de seguridad. Estos hicieron una barrida de los sectores que adversaban al Gobierno, una suerte de operación limpieza que requiere un estudio profundo de las vidas perdidas desde que se anunció que se iban el 12 de julio hasta que en verdad se fueron en noviembre del mismo año. Aunque los jefes civiles, cooptados y asimilados al sistema, y representantes de la bandera de las barras y las estrellas se quedaron hasta que las púas de los alambres del cerco empezaron a picarnos los pies y despertamos de la pesadilla, sangrantes las plantas y sabiendo hoy que aún no se han ido.
