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Una preocupación global y compleja: crecimiento poblacional y recursos naturales

by Equipo editorial
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Según las proyecciones de Naciones Unidas, en su informe Perspectivas de la población mundial, en el año 2022 el planeta alcanzó 8 billones de habitantes, lo que significa un impacto directo sobre los recursos naturales dentro de la configuración del ecosistema global. Asimismo, el año 2023 se registró como el más caliente desde el comienzo de dicho monitoreo en 1850.

Cada ser humano demanda servicios y bienes que provee la naturaleza como agua, aire, alimentos, energía; y mientras más humanos respiren, más demanda natural existe. Es válido reflexionar, y quizás hoy más que nunca, si lo que la naturaleza brinda es suficiente para esta generación y las subsiguientes como lo persigue el concepto de desarrollo sostenible. ¿Qué depara el futuro? ¿Cómo garantizamos la armonía entre la capacidad de proveer que tiene la naturaleza y el aumento de la presión de la población sobre el medio ambiente? Solo en este año hemos sido testigos de la mayor sequía en Europa de los últimos 500 años, las lluvias rompieron récords en la costa este de Australia, hubo amplias olas de calor en India y Pakistán, tormentas de arena y polvo en Medio Oriente, inundaciones tan severas que destruyeron caminos en el Parque Nacional Yellowstone de los Estados Unidos.

Las inquietudes sobre el crecimiento poblacional han estado orbitando desde hace al menos dos siglos cuando Robert Malthus, en 1798, publica su ensayo El principio de la población, que, en resumen, establece que la población crece de forma geométrica (1,2,4,8,16,32…) mientras que la producción de alimentos crece de forma aritmética (1,2,3,4,5,6…) y que, por tanto, llegaría un momento en que no se podría alimentar a toda la población. Aunque Malthus no pudo prever algunas cosas como el desarrollo y la transferencia tecnológica en la producción de alimentos, su ensayo no deja de ser visitado por muchos en busca de la chispa de reflexión que nos dejó desde aquel entonces. Es tanto así que para la década de 1980 recobra vida cuando el Informe Brundtland (“Nuestro Futuro Común”) se presenta en 1987 en las Naciones Unidas, encargado por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Mediante este informe, que enfatizó que la población mundial no podía seguir creciendo de forma indefinida y que se tenía que repensar el modelo de desarrollo, se conoció por primera vez el término “desarrollo sostenible”, un modelo que mundialmente aspiramos a alcanzar, pero aún hoy quedan retos difíciles por lograr.

El Informe Brundtland, como es más conocido, definió la sostenibilidad como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. Consiste en una idea de tres dimensiones: sostenibilidad ambiental, social y económica, contraponiendo el problema de la degradación ambiental que tan frecuentemente acompaña el crecimiento económico y, al mismo tiempo, la necesidad de ese crecimiento para aliviar la pobreza.

En 1970, dentro de un círculo de debate, se presentó la fórmula conocida como I= P x A x T, donde la letra: I= Impacto, como variable dependiente; y como variables independientes figuran P= Población, A= Afluencia y T= Tecnología. Aunque se puede criticar por su simplicidad frente a muchas otras variables, de muy buena forma resume que el impacto sobre el planeta puede ser mayor o menor según la cantidad de la población= P, su patrón de consumo= A y el uso de la tecnología= T. Así, por ejemplo, el impacto en el planeta no sería el mismo si (P x A x T) o (P/2 x A x T) o (P x A/2 x T) o (2P x A x T). Es decir, si la población se mantiene, pero el patrón de consumo disminuye o la tecnología utilizada disminuye los impactos por contaminación y aumenta la eficiencia de producción, entonces el impacto sobre el planeta irá disminuyendo. De esta forma, comprendiendo estas variables, podemos generar modelos que nos permitan entender mejor cómo el número de la población no es la única variable que influye en el uso de los recursos naturales, sino que debemos dar una mirada más amplia. Amén de definir las variables que correspondan, el resultado es un impacto, y este impacto no puede ser tal que exceda la capacidad regenerativa de la naturaleza y su resiliencia.

Entonces, ¿cuál es la capacidad de los ecosistemas para brindar servicios o bienes? Esta inquietud es sumamente importante, pues reconoce que los recursos son finitos y que, además, su capacidad de producción tiene un límite. Hay dos principios limitantes a tomar en cuenta. Primero, los recursos naturales no deben utilizarse a una velocidad mayor de la que puedan regenerarse; por ejemplo, la extracción acelerada de peces en la actividad pesquera puede mermar la capacidad de reproducción de estos. Al pescar más adultos que la capacidad que tienen de regenerarse, incidirá en una menor tasa de reproducción y, a su vez, en una menor cantidad de peces o, en el peor de los casos, en su extinción, como ha ocurrido. El segundo principio es que los recursos naturales no pueden recibir una carga de contaminación mayor que la que puedan absorber y reciclar. La naturaleza por sí misma absorbe nuestros desechos, pero no es lo mismo una cáscara de naranja en el medio natural que una tonelada de cáscaras de naranjas concentradas en el mismo lugar.

Si hay que definir cómo se relaciona el ser humano con la naturaleza, se debe empezar por definir cuál es la percepción del humano sobre la misma. La clave del éxito de los humanos en cuanto a su proliferación como especie ha sido la de trabajar en formas colaborativas como no puede ninguna otra especie, no hay otra especie que pueda colaborar con millones y billones de individuos. Y aunque muchos de los esquemas que hemos creado han sido muy efectivos, como leyes, gobiernos, empresas, lo cierto es que respecto al medio ambiente hemos sido algo tímidos. Muchos hoy piensan que la naturaleza es un regalo de los cielos, que es permanente y que tenemos derecho de uso sobre ella, y aunque puede que así sea, la indiferencia de cada individuo respecto a los recursos puede conducir a lo que se conoce como “la tragedia de los comunes”, que establece que los recursos naturales de uso colectivo inevitablemente derivan en una sobreexplotación y, a largo plazo, se agotan.

Por ejemplo, si una determinada cantidad de campesinos adquiere un terreno de tamaño limitado, todos pueden tener acceso a pastar sus animales. Si todos tienen una vaca, tendrán determinada cantidad de dinero, y si alguno decide tener dos vacas, tendrá una mejor condición, pero si todos deciden tener dos vacas entonces puede que el terreno no lo soporte. En este contexto, todos tienen el mismo derecho a tener cuantas vacas deseen, el problema es que a largo plazo todos quedarán afectados sin pasto ni negocio a menos que todos se pongan de acuerdo y limiten sus intervenciones por el bien colectivo y con mirada hacia el largo plazo. En algunos casos ha ocurrido que los grupos saben organizarse para controlar los usos sin que se afecte el derecho de todos y la provisión del servicio natural a largo plazo. Cuando una comunidad no logra esto, una autoridad podría diseñar y poner en funcionamiento una estructura de gobernanza que efectivamente logre una gestión equitativa de En ocasiones, los gobiernos pueden hacer un buen trabajo para evitar llegar a esquemas como “la tragedia de los comunes”. Generalmente, son gobiernos éticos, transparentes, institucionales y libres de corrupción; el reto luego de esto es un acuerdo global, porque como cada gobierno es soberano, refleja diversos intereses sobre el ecosistema global que compartimos. Un ejemplo claro es la lucha por las especies acuáticas en mares abiertos, controlar la pesca es difícil, hasta el punto de que hemos visto conflictos serios entre países por el uso de espacios marinos en aguas abiertas.

El cambio climático y sus efectos son de orden global, es decir que todas las personas son vulnerables a sus efectos, así como también todas las personas deben velar por el uso racional de los recursos naturales. Según la coalición de científicos internacionales sobre la severidad de la crisis ambiental, los desastres relacionados con el clima siguen en aumento y los niveles de dióxido de carbono están en el nivel más alto desde que se empezaron a medir. A estao hay que añadir la frecuencia de eventos de calor extremo, la pérdida de la cobertura boscosa, incendios, la pérdida de hielo en la Antártida, la acidificación de los océanos, inundaciones, entre otros. Saleemul Huq, de la Universidad Independiente de Bangladesh, indica que el cambio climático no es un asunto de enfrentar a solas, sino que es parte de un problema sistémico mayor, de una presión ecológica donde la demanda del humano está excediendo la capacidad regenerativa de la biosfera.

De lo expuesto anteriormente se puede inferir que la población tiene un impacto relacionado con su crecimiento y con su patrón de consumo (cómo nos relacionamos con el ambiente). Conocemos que enfrentamos problemas ambientales globales, pero también conocemos que los recursos naturales tienen un límite. En este contexto es pertinente preguntar: ¿hasta qué punto puede crecer la población?, ¿cuál es el límite de la capacidad de carga del planeta? Hoy en día no tenemos la respuesta definitiva, pero podemos pensar en escenarios probables que nos permitan prepararnos para el futuro.

Cuando vemos las proyecciones del crecimiento poblacional, se divisa una curva exponencial que parece no acabar; generalmente, a este tipo de curvas se les conoce como curva J, ¿pero será este el caso? ¿Puede ser otro tipo de curva? No lo sabemos con certeza, pero podemos aproximar. Otra curva que sigue un patrón similar es la curva conocida como S, que, a diferencia de la J, en un momento de su crecimiento parece detenerse y mantener una línea estable horizontal. Ver ilustración 1.

Al comprender estos conceptos sería lógico aspirar a que la población opte por un crecimiento de tipo S, de esta forma el desarrollo de la humanidad alcanzaría una relación casi armoniosa con el medio ambiente en la cual no comprometería los límites mencionados anteriormente. ¿Pero qué refleja la data? Si miramos la curva de crecimiento a nivel global, indudablemente parece una curva J. Ver ilustración 2.

Cuando se visualiza por delimitación geográfica, se observan diferentes comportamientos de proyección. ¿Por qué? Ver ilustración 3

posición de una población y su crecimiento a futuro, aunque en resumen la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad son determinantes; también la tasa de fertilidad es crucial y depende de la composición por sexo y edad de una determinada población. Gráficamente se puede apreciar esta en una pirámide: dependiendo de su forma, se puede inferir si la población se expande (mayor cantidad de personas entre 15 y 45 años), contrae (mayor cantidad de personas mayores de 45 años) o estaciona (composición homogénea entre los diferentes rangos). Ver ilustración 4. Se puede observar ejemplos como Alemania (tendencia poblacional decreciente), ilustración 5, y Nigeria (tendencia poblacional creciente), ilustración 6.

Aunque muchas variables se consideran, como son nivel de educación, calidad de vida, acceso a salud, recreación, nivel de ingresos y muchas otras, en el ejercicio de este artículo el autor se limitará a variables como los ingresos de una determinada población. Como se puede apreciar en la ilustración 7, al parecer, los países con mayores niveles de ingreso son aquellos donde hay una menor tasa de fertilidad, es decir una población más estable, que es lo mismo que acercarse a una curva S.

Se puede apreciar el cambio demográfico de la población de Portugal entre 1950 y 2100 en la ilustración 8.

Se puede ver el crecimiento del PIB desde 1950 hasta el 2020 en la ilustración 9.

Ciertamente, podemos esperar que cuando una nación determinada logra aumentar sus ingresos, la tasa de crecimiento de la población tienda a decrecer. Aunque se hace la salvedad de que otras variables deben considerarse para una proyección mucho más acertada, lo expuesto aquí es para fines ilustrativos. A juicio del autor, cuanta más educación (menor tiempo de ocio), acceso a salud, urbanismo y mayor equidad económica y social de una nación, más se ve afectado el comportamiento poblacional.

El crecimiento de la población es una preocupación genuina que ha formado parte de los argumentos que todavía hoy se utilizan en relación con las presiones que enfrenta el medio ambiente. Por suerte, se puede inferir que a medida que los países se vayan acercando a un crecimiento económico más equitativo, en la misma proporción la población mundial tenderá a estabilizarse. ¿Pero qué se puede hacer mientras tanto? Porque la contaminación parece no detenerse, la extracción del medio natural tampoco parece acabar, y el consumismo sigue siendo un modelo predominante entre una importante parte de la población.

Hoy en día encontramos residuos hasta en nuestro propio organismo, partículas de plástico hasta en la sangre y, por lo que parece, en los próximos años la contaminación por plásticos seguirá en aumento. Se estima que estamos perdiendo entre 200 y 2,000 especies por extinción; de hecho, la tasa de extinción es de 1,000 a 10,000 veces más alta que la tasa natural de extinción. De las cinco extinciones masivas por las que ha pasado nuestro planeta, la sexta parece ser indudablemente por factores antrópicos. Nuestro planeta es un sistema interconectado de organismos vivos, sus funciones e interacciones con el medio; cada eslabón tiene una función y es clave para la salud global. El ser humano es el factor principal en la incidencia sobre la salud de los ecosistemas y sobre la calidad de los servicios y bienes que nos ofrece el medio natural, y, además, la única especie consciente de la necesidad de contar con recursos naturales saludables.

Aunque el panorama es incierto, no se puede ignorar el crecimiento tecnológico sostenido de los últimos siglos hasta el punto que hemos logrado almacenar energía desde el suministro principal del planeta, el sol, y además podemos disponer al antojo de esta energía, una tecnología a la que aún le falta mucho por entregar y solo está en sus inicios. También hay una gran cantidad de patentes e innovaciones que buscan hacer más eficiente el aprovechamiento de los recursos naturales y reducir la contaminación (ver la ilustración siguiente).

Ilustración 10. Avances tecnológicos con soluciones ambientales, 1980-2010. Fuente: European Environment Agent. La otra parte es el consumo, aunque la mayoría de las personas entiende que el aumento del consumo es lesivo al medio ambiente. En parte, porque exige extracción y de alguna forma hay que descartar o disponer los residuos. Se debe aclarar que no todo consumo es dañino; de hecho, se puede aumentar el consumo sin generar impactos o, al menos, reduciendo el impacto. Por ejemplo, el consumo de libros hoy en día está pasando a un modelo digital donde el consumo de papel se disminuye; así también ocurrió con los casetes, discos compactos y otras aplicaciones que ya pasaron a otra fase. También se pueden mencionar las reuniones virtuales que la comunicación hoy permite, disminuyendo el impacto del transporte y sus emisiones, los riesgos a la integridad humana, entre otros.

Hoy vemos personas que optan por un consumo más selectivo o inteligente, buscan opciones menos lesivas al medio ambiente, adquieren productos de comercio justo, que sean fáciles de disponer o reciclar, que hayan sido producidos con esquemas de compensación, entre otras características. Al final, si bien la población sigue creciendo, también seguirá creciendo el espíritu de la innovación, de hacer las cosas cada vez mejor, de educarse y hacer consumos más inteligentes. Estamos notando un cambio de la relación entre el ser humano y la naturaleza, estamos presenciando una fase de reflexión que cada vez toma más espacio, que sin duda en las próximas décadas irá cambiando el esquema de desarrollo que hemos vivido en los últimos años.

Dado el panorama con el que contamos, debemos ser muy cautos con las proyecciones a futuro. Indudablemente, el crecimiento de la población es un factor crítico que debemos observar y supervisar con el mejor de los intereses y que debe estar en la agenda y en la planificación de todos los gobiernos del mundo. Debemos aspirar a un desarrollo donde el medio ambiente sea parte del modelo, no un requisito, más bien un aliado para todas las personas en las próximas décadas. Hay que plantear escenarios donde las naciones sean cada vez más equitativas en lo económico y social, donde la educación y el civismo sean la base para nuestra relación con el entorno natural, donde la inversión en nueva tecnología se oriente a servir a los límites del planeta. Mejor eficiencia en el uso de los recursos naturales y mejor eficiencia en la disposición de nuestros desechos. No solo disminuir el consumo, sino hacer compras más inteligentes. Al final, el futuro no parece tan trágico si en el presente seguimos cambiando nuestra relación con la naturaleza pasando a una relación de armonía global.


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