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Festivalización de la cultura: poesía y diáspora dominicana

by León Félix Batista
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En virtud del aumento progresivo de inmigrantes provenientes de América Latina en los Estados Unidos –país que es una especie de reservorio de naciones–, estando colocados entre los primeros lugares los ciudadanos procedentes de la República Dominicana,1 y en vista de que los estudios en el ámbito de las industrias culturales y creativas (ICC) proporcionan herramientas útiles para crear y emprender proyectos que beneficien las culturas nacionales en cualquier espacio en que se desarrollen, acaso sea el momento de sondear la pertinencia de crear y gestionar un Festival Internacional de Poesía de la diáspora latinoamericana en los Estados Unidos, o FIP Diáspora. Es preciso considerar las derivaciones en el presente del concepto actual de aldea global –creado en los 60 por el sociólogo Marshall McLuhan para ejemplificar los efectos que ejercen sobre la interculturalidad moderna los procesos globalizadores–, hasta la noción y denominación de ciudad global, así como la proliferación y establecimiento mundial de los FIP, sus consecuencias en los modos de practicar y consumir literatura y poesía, y el creciente fenómeno de la «festivalización» de la cultura y las repercusiones en los planos turístico, económico, político y social generados en los entornos sociales por su celebración.

En la historia reciente de los países que componen Latinoamérica existe la tradición de celebrar encuentros culturales con participación internacional, sobre todo a partir de la segunda mitad del pasado siglo XX, y muy marcadamente a partir de la década de los 90 de dicha centuria, coincidiendo con el aumento del caudal migratorio latinoamericano en éxodo hacia los Estados Unidos.

El espectro temático de ese tipo de encuentros resulta ser de variadas prácticas artísticas: desde festivales de teatro, cine, música y diseño hasta literatura. En esta última rama son considerables, por su relevancia y número, los llamados festivales internacionales de poesía (FIP). Suele acontecer también que no siempre se les llame «festival», aun cuando no varíe de manera sustancial la estructura y desarrollo de su programación, siendo el nombre sustituido en ocasiones por «circuito», «recital», «foro» o «encuentro», denominación esta última que es el sustituto más común.

Dicha proliferación ha generado entre algunos críticos, pensadores e investigadores culturales la preocupación por analizar la incidencia de estos eventos en la forma de hacer, consumir y difundir poesía, llegándose a considerar como significativa la incidencia del fenómeno de la festivalización de la cultura en las ciudades en que se llevan a cabo, así como en el propio desarrollo del género poético, tanto a nivel de producción como de consumo.

En la República Dominicana, la situación con respecto a este tipo de encuentros literarios no ha sido diferente. Es posible citar, entre los más imE Quizás sea el momento de crear y gestionar un Festival Internacional de Poesía de la Diáspora Latinoamericana en Estados Unidos 73 portantes, el Festival Internacional de la Cultura –«realizado sin continuidad en 1970»3–; el Foro de la Poesía, a mediados del decenio de los 70; los encuentros de Jóvenes Poetas en los años 80; el Encuentro Internacional de Escritores Pablo Neruda, llevado a cabo en el país en 1983; el intermitente Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo (FIP) –convocado y llevado a cabo en 2007, 2009, 2011, 2017 y 2018, más una convocatoria en modalidad nacional en 2019–; y los actuales Festival de Poesía de la Montaña, Semana Internacional de la Poesía, Festival de Poesía de Punta Cana, Grito de Mujer: Festival Internacional de Mujeres de Poesía y Arte, y distintos encuentros y festivales provinciales.

Como se dijo, por efecto de la extendida emigración de ciudadanos dominicanos hacia los Estados Unidos a partir del ajusticiamiento del dictador Trujillo, acrecentada a raíz de la crisis económica de los 80, la comunidad asentada en el mencionado país (específicamente en la ciudad de Nueva York y estados aledaños) fue forjando un sólido basamento cultural que condujo a la creación de la ya desaparecida Casa de la Cultura Dominicana en Nueva York en 1986, y luego del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos, a partir de 2005 (denominado desde el 2023 Dirección de Cultura Dominicana en el Exterior). Así pues, en el aspecto culturalliterario se originaron eventos como ferias del libro, festivales de poesía y afines. Algunos de ellos son: Feria del Libro Dominicano en Nueva York, Festival Internacional de Artes Sólo para Locos, Feria del Libro Hispana/Latina de Nueva York, Feria Internacional de Mujeres Escritoras en New York, Feria Internacional de Libro New Jersey y Feria del Libro Domínico-Hispano en Orlando. No obstante, tanto los eventos localizados en la isla como los que se realizan en suelo norteamericano organizados por dominicanos carecen del matiz siguiente: la integración plena (tímida, aunque real en algunos de ellos) de la amplia emigración hispanoamericana, incluyendo la dominicana, en un evento propio. Las ferias y festivales focalizados en una comunidad no alcanzan a cumplir los cometidos de la integración que demanda la globalización actual. Así, en palabras de Carlos Andújar Persinal, «las aristas que unen estos conceptos [globalización, cultura e identidad] implican un análisis diverso de lo cultural como expresión concreta de la naturaleza humana, así como los impactos de la globalización como modelo de articulación del mercado y las sociedades en los tiempos actuales y su repercusión en los componentes identitarios de los pueblos».

Por dichas específicas razones, se puede afirmar que la realización de un Festival Internacional de Poesía de la diáspora latinoamericana en los Estados Unidos, organizado en principio desde la perspectiva nacional dominicana, lograría no sólo poner en valor la tradición poética dominicana y su contemporaneidad –la cual probadamente excede el territorio insular–, sino además lograr –por contraste y concurrencia con el resto de las tradiciones poéticas latinoamericanas presentes– contribuir a encontrar respuestas a la situación de la lectoescritura de poesía por parte de personas emigrantes, y sobre todo a aproximar entre sí desde sus periferias a las comunidades culturales latinoamericanas.

Ha dicho el especialista en gerencia y gestión de la cultura Juan Gelabert que «con el desarrollo de la industria cultural, el despegue de la transnacionalización económica, el auge e impacto de los medios de comunicación masiva, la globalización […] fue inevitable la interacción de todas las culturas» y que «en este contexto es ineludible repensar las identidades, a raíz de estar juntos, vivir en sociedades tan distintas a la nuestra, con la impronta de que la ciudadanía está en constante rejuego sígnico».5 La pertinencia de llevar a efecto un festival con las características descritas es que su ejecución procura y logra el intercambio, la convivencia y la concertación de objetivos y políticas generadas por contraste entre tradiciones.

Hay temas que discernir previamente, sin embargo. Por ejemplo: ¿qué significa puntualmente «diáspora»? Dado su origen, el término ha sido sometido frecuentemente a prolongadas discusiones, específicamente sobre la conveniencia o no del mismo al momento de designar a ciudadanos emigrantes. Diáspora –del griego διασπορά (diasporá), que significa «dispersión»– indica, en primera instancia, la dispersión o dispersiones históricas del pueblo judío por el mundo. Ya en una segunda acepción, según lo define el Diccionario de la Real Academia Española, hace referencia a la diseminación por otros espacios geográficos de cualesquiera grupos humanos «que abandonan su lugar de origen», por causas tan diversas como problemas económicos y conflictos étnicos, sociales o políticos, y no exclusivamente religiosos como en principio aconteció con la diáspora hebrea que da origen al concepto.

Otros vocablos igualmente novedosos y al uso en tiempos modernos son transterritorialidad (la nación no es el espacio geográfico sino el pueblo, el colectivo), desarraigo y transnacionalidad o transtierro –condición que define a quien se encuentra física, mental o emocionalmente entre tierras, países, patrias, hogares, etc., de acuerdo con Montás–.6 Todas estas expresiones, sin embargo, poseen menos aura simbólica que diáspora, vocablo que se ha impuesto para definir el fenómeno en el presente, no sólo en los ámbitos de los estudios sociales y académicos, sino además por su profuso uso cotidiano en los medios de comunicación, las redes sociales y en el vocabulario del ciudadano común latinoamericano. Extraterritorialidad, concepto creado por George Steiner,7 es un tanto distinto en su significado, restringido a la escritura literaria –aunque por allí se tocan sus aristas–, y expone más bien los casos de escritores que, sin necesariamente estar fijos en un territorio, se expresan en más de una lengua. Por razones obvias, existen escritores latinoamericanos (y dominicanos: véanse los casos de los narradores Junot Díaz, Julia Álvarez, Angie Cruz, por ejemplo) con esta condición de extraterritorialidad, pero no son el objeto de esta propuesta en particular, enfocada en poetas que publican obras en su lengua original.

Según Mireya Fernández M., el empleo actual de la palabra diáspora ha conseguido convertirla en una especie de suma en sí misma de términos afines como «exilio» y «migración», y detallando la complejidad del término, incluso empieza su análisis problematizando el vocablo.8 En virtud de la propiedad de síntesis esencial a esta expresión, me decanto por su utilización al construir la tipología totalmente novedosa y original del FIP Diáspora como elemento de cohesión de la dominicanidad dispersa.

Un interrogante más: ¿En qué consiste un festival cultural? También llamado «de artes», un festival cultural se define porque sus objetivos son propiamente culturales, con los que se persigue una celebración de orden cultural o artística. Suelen ser realizados en disciplinas como música, teatro, danza, literatura y otros. Pero, además, pueden partir de subtipologías de las mencionadas disciplinas como, por ejemplo: música moderna, teatro de títeres, danza contemporánea, poesía, etc. Este tipo de festival contiene, de acuerdo con su carácter, presentaciones artísticas, conferencias, talleres, exposiciones, lecturas, conciertos, presentaciones de libros, entre otros. Existen también los festivales culturales mixtos.

La revista de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, o WIPO por sus siglas en inglés: World Intellectual Property Organization), organismo del Sistema de Naciones Unidas (ONU), indica que «los festivales de artes constituyen un acontecimiento cultural en muchos pueblos, ciudades y países del mundo. Como celebración de la riqueza y la diversidad de la cultura y la creatividad, a menudo engloban diversas formas de arte contemporáneo y tradicional: danza, música, teatro y artes y oficios. Desde el punto de vista cultural, ofrecen una instantánea única de la identidad de una comunidad, brindan la oportunidad de revitalizar y conservar las prácticas culturales, y a menudo sirven como laboratorio creativo para los artistas contemporáneos. Desde el punto de vista social, sirven para reforzar el diálogo intercultural, promoviendo un entendimiento más profundo a través de la experiencia compartida; y desde el punto de vista económico pueden generar considerables beneficios financieros a largo plazo y muchas oportunidades laborales y comerciales».

y muchas oportunidades laborales y comerciales». Tomando en cuenta las citadas opiniones, se puede finalmente añadir que, para que un festival pueda ser identificado como cultural, debe tender a conservar las identidades culturales, y deben prevalecer en él la creatividad, el enfoque en el tipo de público, su permanencia y afianzamiento en el tiempo y sus actividades.

¿Y qué es propiamente un Festival Internacional de Poesía (FIP)? Las siglas FIP corresponden a los grafemas iniciales de las palabras Festival Internacional de Poesía. Dicha abreviatura se ha consolidado, tanto como en su momento lo consiguieron hacer las siglas FIL para las ferias internacionales del libro y FIT para los festivales internacionales de teatro. Vistos los párrafos anteriores, un FIP corresponde a la categoría de festival cultural, cuyo eje central es el género literario llamado poesía o género lírico.

Bonett y Schargorodsky9 (en quienes, dicho sea de paso, la festivalización es vista como síntoma) trazan una tipología de los festivales. Basándose en las preguntas por qué, para quién, qué y cómo, explican aquellos que consideran los cuatro factores clave: 1) El territorio donde está ubicado, 2) La institucionalidad, 3) El presupuesto disponible, y 4) El proyecto artístico. Una particularidad propia de esta acción cultural llamada festival es la de la periodicidad: se llevan a cabo, por lo general, para las mismas fechas cada año, cosa que los reviste de expectativa y al mismo tiempo exige planificación.

Todos estos factores son propios de cualquier FIP. Empero, se podría formular una última pregunta: ¿cuál es el detalle que le otorga especificidad, identificación propia, peculiaridad? El tema está, obviamente, delimitado ya en el nombre. El eje en torno al cual gira cualquier FIP es la poesía.

Corresponde a continuación esbozar otras preguntas clave: ¿para qué sirve un festival que se dedique básicamente a la poesía? ¿Es válida su realización frente a la crisis del Estado de bienestar y el fracaso de la emancipación del hombre en la postmodernidad señalados por Lyotard10 y las formas de injerencia del poder político o empresarial ejercidas a través de las administraciones públicas y privadas? ¿Resulta pertinente? Son preguntas servidas para un gran debate ya que, como afirman Bonet, Castañer y Font,11 «los contextos institucionales condicionan la forma de gestión y el posicionamiento estratégico de un proyecto cultural». Es probable que el matiz de las respuestas tenga más espesor o menos si los interrogantes son considerados en su sentido filosófico absoluto, o si se toman en cuenta las realidades actuales relativas a estas llamadas fiestas de la cultura, como el señalado fenómeno de la festivalización, desarrollado a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Otro interrogante más queda planteado con las discusiones en torno a la comercialización del ocio que genera la progresiva festivalización de la cultura, y aquí entramos en el terreno conceptual de la economía naranja. La concepción de la cultura mercantilizada, como arte espectacular, como márquetin turístico o político se da de lleno contra la postura frecuentemente contestataria, contrapoder y crítica de los escritores, más aún de los poetas: Throsby, por ejemplo, opina que «la creatividad es la antítesis de un proceso estructurado», y asimismo que «un enfoque que se base más directamente en un razonamiento puramente económico podría considerar la creatividad como un proceso de optimización con restricciones en el cual se ve al artista como un maximizador racional de la utilidad individual sometido a restricciones impuestas tanto externa como internamente».12 El desafío consiste en hacer sustentables y constantes en el tiempo los eventos, sin conculcar la utilidad inherente al ser humano que proporciona el ocio cultural. Resumiendo, la finalidad es una frase simple, manida, pero eficaz: trocar las desventajas en ganancia. O en la siguiente expresión, que por más que se repita sigue teniendo vigencia: «la poesía une a los pueblos».

Se afirma en la Guía para los Festivales (2005) de la Comisión de Festivales de la CIOFF (acrónimo del Consejo Internacional de Organizaciones de Festivales de Folklore y de Artes Tradicionales, o Conseil International des Organisations de Festivals de Folklore et d’arts traditionnels, en francés), organismo de la Unesco creado en 1970, que un festival «es el medio de salvaguardar, promover y difundir la cultura tradicional, principalmente a través de formas de expresión tales como la música, la danza, los juegos, los rituales, las tradiciones, la destreza en la artesanía y en otras artes». No es otro el propósito de un Festival Internacional de Poesía.

La condición especular de las culturas las fuerza a proceder en paradoja, afirmándose enfrentadas ante el espejo de otras culturas distintas, ello pese al «problema del relativismo y la dificultad y condiciones del diálogo intercultural» aducido por Berttolini y Lagon13 y otros analistas. En el contraste una cultura encuentra rostro. La pertinencia de crear un Festival Internacional de Poesía de la diáspora latinoamericana en los Estados Unidos, el primero en la historia, es que con ello se persiguen, justamente, esa defensa y afirmación de la identidad cultural de estos pueblos mediante la construcción de un puente dialógico, ante la fuerte amenaza de dilución en el silencio que permea los procesos migratorios. Cuando Bajtin habla de otredad, asegura Iris Zavala que se «apunta a las voces opositivas dentro de una cultura, a los enunciados reducidos al silencio, y que recobran voz en el carnaval a través de la dialogía polémica»14. Así también, bajo el término bajtiniano heteroglosia –la estratificación en voces de un idioma–, se detalla cómo «los enunciados dominantes y hegemónicos se modifican polémicamente en las posiciones irreconciliables de los discursos (y clases y etnias y hasta géneros sexuales) antagónicos». Dialogía polémica que socava el monologismo tan del gusto de las hegemonías: «Lo que Batjin se esfuerza por definir […] es la liberación del mundo de lo simbólico, que constituye el ocaso mismo de las hegemonías y los autoritarismos y la forma de un nuevo mundo nacido de la dialogía y la heteroglosia». Y el reino de la representación de una realidad ausente, el ámbito esencial del símbolo es, precisamente, la poesía.

Una actividad cultural programada, como un FIP Diáspora, no debe prescindir de la consideración económica al integrarse a los valores estéticos que promueve. Y menos aún pasar por alto El propuesto Festival de Poesía persigue afirmar la identidad cultural de estos pueblos mediante la construcción de un puente dialógico 78 la satisfacción del consumidor de arte y cultura porque, además, como también afirma la CIOFF, «los participantes [en un festival] ofrecen a otros participantes, así como a un amplio sector de la población, una percepción de las tradiciones» de sus respectivos pueblos. No podría ser menos puesto que las industrias culturales constituyen «el conjunto de actividades de producción, comercialización y comunicación en gran escala de mensajes y bienes culturales que favorecen la difusión masiva, nacional e internacional, de la información y el entretenimiento, y el acceso creciente de las mayorías».

Las implicaciones existentes entre lo nacional, postnacional, local y global que se desprenden de esta fiesta poética encuentran en la ciudad de Nueva York el escenario óptimo para su realización. Entre otras razones, las principales serían su condición de ciudad global, y la circunstancia de ser el receptáculo en los Estados Unidos de ciudadanos de todas partes del mundo y, consecuentemente, de los países de lenguas romances del continente americano, mucho más carenciados en el orden económico. Dicha condición de poblaciones pobres insertas en una urbe con altos índices de desarrollo humano bordea el escenario que arguye Huntington en El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, 16 quien, en ese tenor, asegura que las grandes causas de división de la humanidad y las principales fuentes de conflicto habrán de ser culturales. Los propósitos de un FIP Diáspora representan una gran oportunidad de reducir la dimensión de ese conflicto.

En cierto modo, se puede concluir que Nueva York, metrópolis donde sucede una real confluencia de población proveniente de naciones en vía de desarrollo, es el recipiente perfecto para contener el caldo híbrido de las culturas. Y, como bien ha escrito García Canclini, «al reducir la jerarquía de los conceptos de identidad y heterogeneidad en beneficio de la hibridación, quitamos soporte a las políticas de homogeneización fundamentalista o simple reconocimiento (segregado) de la “pluralidad de culturas”».

Intelectual (2011) alega que también los festivales «desde el punto de vista cultural, ofrecen una instantánea única de la identidad de una comunidad, brindan la oportunidad de revitalizar y conservar las prácticas culturales, y a menudo sirven como laboratorio creativo para los artistas contemporáneos. Desde el punto de vista social, sirven para reforzar el diálogo intercultural, promoviendo un entendimiento más profundo a través de la experiencia compartida; y desde el punto de vista económico pueden generar considerables beneficios financieros a largo plazo y muchas oportunidades laborales y comerciales».

Dada la insuficiencia medular en los eventos de este cariz realizados por dominicanos en la diáspora norteamericana, no se consigue la incorporación, en el espacio unitario que provee un festival de poesía, de la amplia emigración latinoamericana presente, errando con ello en cumplir la misión de integración que demandan estos tiempos de globalización. Esto lo revalidé tras el análisis de un amplio espectro de 30 festivales internacionales de poesía esparcidos por España y la América Latina, el cual arroja que ni uno solo de ellos cuenta con la singularidad de congregar a los poetas en condición diaspórica.

¿En dónde queda colocar y poner en valor y perspectiva esa «pertenencia múltiple»18 de las culturas afectadas por movimientos sociales transnacionalizados? Un Festival Internacional de Poesía de la diáspora latinoamericana en los Estados Unidos conseguiría conectar a diferentes y desiguales.

El espíritu de festividad presente en los festivales culturales fuerza a pensar en el difícil equilibrio entre las menudencias frías de la gestión y organización de un evento bajo estos patrones y las inevitables satisfacciones refractadas en la trascendencia humana a que conduce el arte. La poesía dominicana podría conseguir la cohesión definitiva –en sí y frente a las otras tradiciones poéticas latinoamericanas y universales–, por vía de un evento de este tipo.

No digo que sea sencillo. Pero, como bien afirmó Albert Einstein, «la creatividad es inteligencia divirtiéndose».

Notas

1 Los inmigrantes de la República Dominicana son el cuarto grupo de inmigrantes hispanos más grande en los Estados Unidos, después de los mexicanos, salvadoreños y cubanos, de acuerdo con el Migration Policy Institute (MPI). Fuente: https://www.migrationpolicy.org/article/ inmigrantes-de-la-republica-dominicana-a-los-estadosunidos. «Según los últimos datos publicados [2019, nota del autor] República Dominicana tiene 1,558,668 emigrantes, lo que supone un 15,05% de la población de República Dominicana. Si miramos el ranking de emigrantes vemos que tiene un porcentaje de emigrantes medio, ya que está en el puesto 143.º de los 195 del ranking de emigrantes.» Fuente: datosmacro.com, https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion/ republica-dominicana#:~:text=Seg%C3%BAn%20 los%20%C3%BAltimos%20datos%20publicados,la%20 poblaci%C3%B3n%20de%20Rep%C3%BAblica%20 Dominicana. Los datos del número de emigrantes ofrecidos en un informe en 2021 por el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, confirman la cantidad de 2,531,618 millones de personas de origen dominicano residiendo en el extranjero, para un total del 19.5% de la población total del país. Fuente: https://index.gob.do/informe-registro.

2 «De región de inmigración, América Latina se ha convertido en una importante región de emigración, especialmente hacia países desarrollados, en lo que podríamos llamar una gran marcha del Sur al Norte. Aunque Estados Unidos se ha convertido en el principal destino de la emigración latinoamericana, también son importantes los flujos que se dirigen a Europa (España, principalmente) y Japón.», A. I. Canales (2015) «Los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos: inserción laboral con exclusión social». Web, 9 de septiembre de 2019. 3 Ver el Diccionario Cultural Dominicano, de la autoría de Jimmy Sierra, y la colaboración de León Félix Batista, Reynaldo Disla, Héctor Martínez Fernández y Carlos José Peña. Santo Domingo: Editorial Funglode, 2017. 4 En «Globalización, arte, cultura popular e identidad nacional», en Memoria del XI Congreso Dominicano de Historia, número 2 de Historia, revista de la Sección Nacional Dominicana del Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Santo Domingo: IPGH, 2009.

5 En Identidad sin territorio, San Francisco de Macorís: Seña, 2008.

6 Keiselim A. Montás, De la emigración al Transtierro. Diásporas del Caribe hispanohablante en los Estados Unidos. New York: Arte Poética Press, 2015.

7 George Steiner, Extraterritorial, ensayos sobre literatura y la revolución lingüística, Barcelona: Barral, 1973.

8 «…ha sido usado de manera indistinta para referirse a fenómenos sociales como la globalización, el transnacionalismo, el exilio y la migración, por mencionar los más comunes. Su diferenciación de aquellos otros con los cuales está relacionado no es sencilla. Si bien la semántica ha demostrado que la sinonimia completa no existe, siempre es posible encontrar un rasgo diferencial, la sustitución indiscriminada de un término por otros afines termina por desdibujar sus diferencias». En «Diáspora: la complejidad de un término», Revista Venezolana de Análisis y Coyuntura, vol. XIV, núm. 2, julio-diciembre, pp. 305- 326. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 2008.

9 Bonet, Ll. y Schargorodsky, H., La gestión de festivales escénicos. Conceptos, miradas y debates, Gescénic. Barcelona: Universidad de Barcelona, 2011.

10 Jean-François Lyotard, La condición postmoderna. Madrid, 1994.

11 Ll. Bonet, X. Castañer y J. Font (eds.), Gestión de proyectos culturales: Análisis de casos. Barcelona: Ariel, 2009. 12 David Throsby, Economía y cultura. México: Conaculta, 2008.

13 M. Berttolini y M. Langon, Diversidad cultural e interculturalidad. Propuestas didácticas para la problematización y la discusión. Materiales para la construcción de cursos. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas, 2009.

14 En La postmodernidad y Mijail Bajtin. Una poética dialógica. Madrid: Espasa-Calpe, 1991.

15 Néstor García Canclini, «Industrias culturales y globalización: Procesos de desarrollo e integración en América Latina», Estudios Internacionales, 33(129), pp. 90- 111. doi:10.5354/0719-3769.2011.14982, año 2000.

16 Bs. As., Paidós, 1997. 17 En Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: DeBolsillo, 2009. 18 García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, mapas de la interculturalidad. Barcelona: Gedisa, 2004.


1 comment

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