Revista GLOBAL

Entrevista a Judith Rodríguez

por Delia Blanco
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Judith Rodríguez es una actriz dominicana que ejerce su profesión dramática tanto en las tablas vivas del teatro como en los platós de cine. La conocimos hace unos cinco años y nos impresionó su aire de Josephine Baker y Marlene Dietrich, una mezcla híbrida que nos vino de su pintalabios y su sonrisa de marfil a lo Baker y de sus tacones montados por unas piernas perfiladas como la Divina, todo esto en su plena juventud de mujer que ejerce el arte sin perder lo esencial de la vida. Inteligencia no le falta, sensibilidad tampoco.

Enseñándole el francés fue que nos conocimos, y por su destreza con los acentos nos confirmó que era actriz de las buenas. Así que nos atrevimos a llevar un ejercicio dramático literario con unos montajes que aprendimos en París y que consistían en una puesta en escena sobre Marguerite Duras que realizamos en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña de Santo Domingo, exquisita experiencia que nos dejó el sabor y la convicción de que Judith Rodríguez era una artista dramática con factura y cuerpo excepcionales. Nos atrae en ella su generosidad, su accesibilidad, su apertura con las artes vivas y su disposición para mantener siempre la fibra de la vida en todas sus decisiones, con una energía intensa que intenta aprehender, practicar y experimentar los atrevimientos y exploraciones dramáticas y escénicas del siglo 21, que nos ha demostrado con su interpretación en Hamlet y en su papel en la película Carpinteros. A ciencia cierta podemos verla pronto en los espacios internacionales, dirigida por una o uno de los grandes que encontrará por el camino, pues tiene algo de chica Almodóvar llevada a las tablas del trópico. Es para nosotros un gran placer poder compartir la personalidad humana y artística de Judith Rodríguez con nuestros lectores.

¿Cómo nace en ti la actuación? ¿De dónde viene, cómo descubres ese duende? 

Ese duende me nace cuando empiezo a estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático en la República Dominicana, a eso de los quince años de edad, pues en realidad no tenía interés por la actuación, desde pequeña amaba la danza y mis padres me habían inscrito en academias de ballet y luego de jazz dance. Ya terminando la secundaria, fui con mi padre a inscribirme en Bellas Artes en danza contemporánea, pero por mi edad no me admitían; nos comunicaron que en el mismo edificio todavía estaban audicionando para teatro y, aunque no quería, mi padre me incitó a hacerlo y luego de un proceso fui admitida. Me enamoré inmediatamente en mi primer año de estudios y el resto es historia.

Tu primer escenario, tu primera interpretación, ¿qué significó?

Mi primer trabajo profesional (fuera de las presentaciones de nuestros exámenes en la Escuela Nacional de Arte Dramático) fue en Los Hijos del Fénix, bajo la dirección de una de las maestras más importantes del teatro dominicano, María Castillo. Tenía un personaje pequeño en este montaje, pero recuerdo que esta experiencia me reafirmó que había escogido el camino correcto a pesar de los nervios terribles que me entraron antes de empezar la primera función, una mezcla de un miedo extraño con una felicidad descomunal, cosa que se fue calmando cuando subieron las luces y pisé el escenario de Bellas Artes; me quedé en blanco en una parte, lo recuerdo como si fuera ayer, pero pude seguir. Entendí que había llegado al lugar al que pertenecía.

¿Cómo te formaste en las artes dramáticas, cómo fue el proceso, qué significó esta capacitación para ti y los tuyos en tu vida?

 Soy de las que piensan que en esto la formación y capacitación no termina nunca. Empecé a formarme en la Escuela Nacional de Arte Dramático con grandes maestros que usaban distintos métodos y técnicas, maestros como Haffe Serulle, que no solo nos enseñó dirección y montaje, sino que nos hablaba e incitaba siempre a escribir nuestras propias dramaturgias, a apreciar las artes plásticas y a encontrar en la naturaleza misma el arte. Entre otros maestros importantes para mí (dentro y fuera de la academia), están Claudio Rivera, Arturo López, Olga Bucarelli, María Castillo, Waddys Jáquez, Lina Hopelman y Victor Checo. A todo lo largo de mi carrera, cada vez que tengo el tiempo y puedo, hago talleres, laboratorios y sigo mi «entrenamiento actoral». También aprendo de otras artes, es una forma de alimentar mi creatividad, creo en el actor como un ente creador. Al inicio se le hizo difícil a mis padres acostumbrarse a la idea de que yo había asumido como una profesión, un oficio serio, esto de la actuación, pero de alguna forma u otra, nunca dejaron de apoyarme en mi decisión de seguir, aunque para darles un poco de tranquilidad, pues mis padres no querían que su hija se «muriera de hambre» solo dedicándose a la actuación (risas), también hice una carrera universitaria y me gradué con una licenciatura en Comunicación Social. Igual no me dedico a ella, ni me he muerto de hambre, por suerte. Mis padres y mi familia han sido un factor importante, me han dado mucha fuerza para seguir en este medio, independientemente de que no siempre estén totalmente de acuerdo con ciertas decisiones y riesgos que he asumido como artista.

Del cine al teatro, del teatro al cine, ¿qué pasa en el juego dramático? ¿Es igual?

Tanto el cine como el teatro lo asumo con la misma disciplina, el mismo respeto y el mismo trabajo creativo, lo que cambian son los códigos que se manejan a la hora de interpretar, y esto va de la mano con el tono, la atmósfera, la búsqueda de cada director para con su obra y sus personajes. Para mí, uno no se me hace más fácil que otro, llegó con preguntas que contestar, obstáculos que vencer y un reto nuevo para asumir con mucha seriedad. 

¿Cómo te nutres intelectualmente y físicamente para interpretar? ¿Hay un trabajo sostenido específico que practicas? Me nutro de diferentes artes: de la literatura, la música, los performances, la pintura, las artes plásticas en general, así como de diferentes movimientos sociales, de lo ancestral, de la naturaleza misma, eso alimenta mi creatividad y me ayuda a asumir nuevos códigos. De los diferentes métodos y técnicas que he aprendido tomo lo que me sea más funcional de acuerdo al proyecto, y lo conecto con mi método personal. Entreno constantemente, mezclando la danza como parte de ello, al igual que la música. Las experiencias vividas en lo personal te llevan también a crecer y a conocerte más. El estudiarse a sí misma y a los/las que te rodean te lleva a crear también una fuente de inspiración y base de datos para aportar a tus construcciones, pues al final de cuentas este es un oficio de estudio e investigación constante, que trabaja y maneja directamente la sensibilidad, lo sensorial, lo intelectual, al igual que lo físico.

¿Qué actor y qué actriz han marcado tus emociones? ¿Y por qué? 

Por la psicología, su construcción, por lo que sentí al verlos y por lo que inspiraron en mí como creadora, son personajes que te hacen decir «yo quiero seguir en este oficio porque me gustaría toparme con algo como esto y lograr esta magia»: Heath Ledger con su Joker, y su interpretación en Broke Back Montain, Natalie Portman (Black Swan), Adrian Brody (The Pianist), Cate Blanchett (Blue Jasmine), Merryl Streep (Doubt y The Iron Lady). Entre otros, (risas) son muchos, me inspiran las grandes actuaciones.

¿Qué actor y qué actriz han significado algo para tu propio trabajo? ¿Y en qué? 

En la República Dominicana, María Castillo, Waddys Jacquez, Carlota Carretero, Vicente Santos, Josué Guerrero e Indiana Brito por su organicidad, oficio, sentido de la verdad y creaciones. Ya a modo internacional, pues viendo sus trabajos, sus construcciones y creaciones de personajes, he aprendido bastante y me han servido de guía para el tipo de cosas que me gustaría hacer en este arte de actuar: Merryl Streep, Marion Cotillard, Daniel Day Lewis, Natalie Portman, Edward Norton, Tilda Swinton y Leonardo Dicaprio, entre otros.

Tu carrera ha ido muy rápido en estos tres últimos años, ¿qué papeles te han pedido más? 

Sí, Hamlet en teatro, dirigida por Diego Aramburo, y en cine Yanelly en Carpinteros, dirigida por José María Cabral, y Karina en Cocote de Nelson Carlos de los Santos.

¿Cómo podrías hablar de alguna de tus experiencias internacionales representando una película dominicana? ¿Qué sientes?

 Siento mucho orgullo y satisfacción de ser parte de estas historias que colocan de forma positiva a nuestro cine en el mapa internacional, con mucha verdad y dignidad. Todavía es un poco surreal mucho de lo que estamos viviendo a nivel internacional con nuestros filmes, pero es definitivamente una de las mejores experiencias de mi carrera, pues me conecta con otro aspecto de la industria que no conocía y más, ya que es mi interés seguir expandiendo mi oficio fuera de mi hermosa isla, y esto ha tenido un efecto positivo en los pasos que quiero dar. He conocido personas muy interesantes que también han alimentado mis conocimientos y me inspiran a trabajar aún más duro.

Si una joven o un joven vienen hacia ti y te preguntan qué deben hacer para ser actor o actriz, ¿Qué les dices? 

Sólo puedo aconsejar a partir de mi experiencia, y lo que me ha funcionado a mí ha sido prepararme académicamente, entrenar mucho, no solo como actriz, sino experimentando con otras artes. Tener mucha paciencia y fuerza para no caerme cada vez que me den un «no» o me digan que «no puedo hacer esto o aquello»; saberme levantar cada vez que me caiga, aprender y seguir,y, por supuesto, aprender también a crear. Producir proyectos propios. Las cosas no me han caído del cielo, he trabajado muy duro para lograr lo mucho o poco que he logrado y sigo trabajando muy duro; nada me ha sido fácil, no me es fácil ahora tampoco, pero sigo, porque también me he rodeado de un grupo de personas que son impulso e inspiración para continuar en esto y no soltar la toalla.

¿Qué película y qué obra de teatro marcaron tu vida?

Pienso que de alguna forma u otra cada proyecto te deja algo, alguna enseñanza, pero en lo más actual de mi oficio, está la película Carpinteros que ha dejado una gran marca en mí como profesional y como ser humano. Aparte del éxito de esta película en festivales internaciones, su apertura y distribución comercial en Estados Unidos y otros países, que ha sido de gran importancia para mi carrera y conexión con otros profesionales de la industria cinematográfica fuera de la República Dominicana, aparte de esto, Carpinteros me abrió aún más los ojos ante la realidad de nuestras prisiones y nuestra realidad social. Estar en esta película como mujer, madre, artista me hizo reafirmar la responsabilidad social que se tiene como artista, la voz que se puede lograr ser para aquellos que no tienen voz. Ser Yanelly tocó cada fibra de mi sensibilidad y esto en gran parte fue gracias a la ayuda de las internas e internos de estas cárceles que nos permitieron entrar en su día a día para sentir desde la raíz sus formas de ser, de comunicarse. También ser parte de la película Cocote me abrió las puertas para conocer este aspecto mágico religioso y espiritual de nuestra cultura, fue todo un viaje ser Karina y vivir cada rezo y cada llanto. En teatro, ser y hacer a Hamlet fue un regalo de la vida. Hacer una obra shakespeariana era un sueño, pero nunca pensé que sería la mujer que haría de Hamlet. Esta propuesta fue bajo la dirección de Diego Aramburo, de quien aprendí bastante.

¿Qué papel sueñas interpretar? ¿Y por qué? 

Para ser sincera, me faltan muchos personajes por interpretar, pero no tengo uno específico con el que sueño; las posibilidades son infinitas, solo sueño con que cada uno de los que interprete dejen su marca en el o la que los vea y sienta.

¿Por cuál director de cine internacional te gustaría ser dirigida?

 Hay varios, entre ellos, Alejandro González Iñárritu, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese, Sophia Coppola, Lucrecia Martel, y más.

¿Cuáles son tus proyectos más cercanos y qué significan?

La película Cocote, que coprotagonizó junto al gran actor Vicente Santos. Este filme hizo su premier mundial el 3 de agosto del año pasado en el Festival Internacional de Cine de Locarno en su edición número 70 en Suiza, uno de los festivales clase A más importantes del mundo del cine, y ganamos el Leopardo de Oro de Signs of Life como Mejor Película del festival, un hecho histórico para nuestra industria. Vuelvo al teatro, en este caso con un musical: La tiendita del horror, bajo la dirección de Waddys Jáquez y producción del maestro Amaury Sánchez, con un gran elenco de actores dominicanos. Estamos trabajando en Rafa, un largometraje que protagonizaré y que llevamos unos años tratando de filmar en el país. Esta película bajo la dirección de Tito Rodríguez, por la historia que relata, por la verdad que encierra, es de suma importancia para mí y para lo que quiero hacer de mi carrera y con mi arte; me apasionan las historias con garras como esta, es parte del legado que le quiero dejar a mi hija. Para el año que viene también haré teatro con una de mis figuras tutelares en el arte teatral dominicano, María Castillo, con la obra Buenas noches, mamá; haremos de madre e hija. Actualmente estoy en proceso de escritura de un largometraje, una película que deseo contar.


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