Revista GLOBAL

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La globalización caracterizada por interconexiones planetarias ha construido espacios de fluidez que navegan en medio de una crisis de civilización. La búsqueda de opciones y de nuevos proyectos sociales no puede fundarse sobre un pensamiento simplificador, encerrado en disciplinas y verdades absolutas. La complejidad conspira contra ese tipo de método. El sujeto de la escritura, de la economía, de la política y de la cibernética tiene que lidiar con lo dialógico entre lo real y lo virtual. La verdad y la memoria, para que tengan existencia actualizada, deben tomar en cuenta lo digital, el ciberespacio.

La modernidad comienza como una critica de la religion, la filosofia y la moral, el derecho, la historia la economía y la política. La crítica es su rasgo distintivo, su señal de nacimiento. Todo lo que ha sido la Edad Moderna ha sido obra de la crítica, entendida esta como un método de investigación, creación y acción.” (Octavio Paz. La otra voz)

Vivimos en un mundo complejo donde la incertidumbre, el azar y lo convulso caracterizan los días. Nada parece permanecer. Los valores culturales son sometidos a la velocidad, a la instantaneidad de unos tiempos que no solo reales, sino virtuales.

Navegamos también en incertidumbre, inseguridad, ya que la representación científica de nuestro tiempo no garantiza la certidumbre. De ahí que la pérdida de los caminos, de la certeza, tenga su impronta en la complejidad. Esta es la realidad misma, ya que se caracteriza por el azar, los cambios, los desequilibrios.

El discurso de la complejidad puede definirse como la comprensión del mundo, del universo sin verdades inmutables. Dicho discurso incorpora el orden y el desorden, lo eventual, lo recurrente, lo indeterminado y lo determinado, lo universal y lo particular, lo real y lo virtual, el espacio y el ciberespacio. Todas estas representaciones, opuestas unas a otras, se abordan como complementariedad, sin exclusiones, conviven e interaccionan como fibra de dicho pensamiento complejo.

La complejidad es un pensamiento emergente que se edifica con la crisis del marxismo, del funcionalismo, positivismo, el neoliberalismo, entre otras variantes ideológicas, científicas y sociales.

La Republica Dominicana forma parte de este escenario como especifidad social, cultural y ciberespacial que va de un lado a otro, en un ir y venir en ese océano planetario. Nuestra nación vive en tres tiempos entrelazados con tres espacios históricos, específicos y entretejidos. Espacio premoderno, espacio moderno y espacio postmoderno.

Nuestra sociedad está organizada sobre la premodernidad, la modernidad y la posmodernidad. Es decir, convergen en un aquí y ahora las estructuras premodernas como cultura de la clientela, de la precariedad de los servicios y, por otro lado, la modernidad como cultura del trabajo, placer y consumo, articulada en las relaciones sociales emergentes de la sociedad del conocimiento y el ciberespacio. En tal sentido, la complejidad social, ciberespacial y virtual no escapa a la dominicanidad en este siglo xxi.

De ahí es que parto con un discurso filosófico-sistémico complejo1 que es una articulación y organización conceptual sobre la importancia de la parte en el todo y del todo en la parte, no de manera total, ya que la complejidad asume una crítica de la totalidad como única verdad y unicidad, abriéndose a lo uno y a lo múltiple, contra la simplificacion y reduccion de los fenomenos humanos en esta era de la sociedad del conocimiento.

El pensamiento complejo tiene entre sus precursores tres discursos científicos: la teoría general de sistemas, la cibernética (de segundo orden) y la teoría de la información.

Para situar el ciberespacio como complejidad y diferente al mundo de la red (Internet), fundamentaré mi discurso en la teoría de sistemas y de la cibernética de segundo orden.

El punto de partida del discurso de sistema se encuentra en la obra del biólogo Ludwig Bertalanffy, Teoría general de los sistemas, donde nos dice que el mundo, el universo, hay que pensarlo como un todo dinámico, como algo relacional en lo que un sistema se constituye a través de la relación con otros sistemas. De ahí que sea un conjunto de partes coordinadas y en interacción, produciendo lo sinérgico, en cuanto a que la suma de las partes es menos que el todo y la recursividad, cuando cada una de las partes también constituyen sistemas con elementos independientes.

Lo sinérgico

Un ejemplo de lo sinérgico lo forman la articulación entre las distintas partes de un computador: procesador, disco duro, memorias, pantalla, teclado. Esas distintas partes forman un conglomerado de artefactos electrónicos y para que puedan existir como una computadora tienen que estar todas sus partes integradas e interrelacionadas en un todo que forma un sistema. Para que exista un sistema como red tiene que estar integrado por conectores, que en este caso son el software, el módem, los cuales nos permiten entrar al ciberespacio.

Hay una recursividad cuando el sistema computacional es una parte independiente del sistema de la red de redes (Internet) y este un sistema independiente del ciberespacio. Ejemplo, la página web de secondlife.com es un espacio cibernético dentro del ciberespacio de Internet, que tiene características independientes y afines en ese espacio digital. A la vez, ese lugar nos envía a otro espacio cibernético que está dentro de éste, aunque con autonomía. Cada unos de estos son subsistemas virtuales dentro de otro sistema que a la vez pertenece al sistema ciberespacial, ya que por separado no se puede situar como si fuese el ciberespacio.

Con relación al discurso de la cibernética, esta tiene como punto de partida al matemático y físico Norbert Wierner (1894-1964), el cual le dio importancia al control y la comunicación en animales y máquinas, así como en la relación de la cibernética con la sociedad.

La cibernética es un término de origen griego que significa navegación. Los cibernautas eran navegantes, así como el timonel que era líder del barco, para poder mantener la trayectoria de la nave en medio del océano y poder llevarla a puerto seguro, el timonel tenía que calibrarla permanentemente con el movimiento de los vientos, oleajes y tormentas.

Se daba una interrelación circular, autorreflexiva entre el timonel o el cibernavegante y los vientos de las tormentas.

Para tal suceso intervienen el timonel y el entorno; no hay ley natural, dependerá del sujeto navegante y su estrategia para poder llevar, en medio de la tormenta, los vientos, el barco a su puerto.

La retroalimentación o feedback juega un papel fundamental en ese proceso, ya que examina constantemente el trayecto, lo corrige hasta alcanzar la meta.

Es una retroacción que nos conecta con el efecto y este nos devuelve hacia la causa; se produce una recurrencia, un volver hacia los pasos dados anteriormente. Todo esto trae una redundancia, que es un salirse de los límites, en donde los procesos de retroacción y recurrencia se desbordan para repetirse una y otra vez.

Primer y segundo órdenes

Esta visión cibernética corresponde a la del primer orden, pero será con la cibernética de segundo orden con la que se puede situar un acercamiento a la complejidad del ciberespacio, específicamente con el discurso sistémico de Von Foerster y de la complejidad de Edgar Morin.

Para Morin, Foerster era el Sócrates electrónico, ya que introdujo la epistemología de la cibernética de los sistemas observantes, en contraposición de la cibernética de los sistemas observados, tesis sustencuántica de Heisenberg.

Reflexionar sobre la complejidad del ciberespacio, de la sociedad de la información y el conocimiento (cibermundo), implica un conocimiento a fondo de los discursos de Edgar Morin y de la sistémica de Von Foerster; sin ellos, entre otros, no podría hablarse de ese conocimiento emergente.

Para Morin, tres principios sitúan a la complejidad en el plano de lo transdisciplinario e interdisciplinario: el principio dialógico, el principio recursivo y el hologramático.

El dialógico nos reenvía al diálogo, a la relación e interacción dialéctica entre los polos opuestos, entre el antagonismo y la complementariedad. Este principio emerge en el seno de las contradicciones del mundo y sus cosas: autonomía/ dependencia, espacio/ciberespacio, real/virtual, dinamismo/estabilidad, determinismo/indeterminismo, identidad/alteridad, digital/ analógico, exclusión/inclusión, odio /amor, lo uno y lo diverso, lo cercano y lo lejano, etc.

En lo dialógico el aspecto de la complementariedad no se define sobre la base de aplastar al otro, sino más bien sobre la conexión, la contribución, la cooperación, el aporte ante la carencia del otro. Lo que no puedo hacer con mi mano derecha, lo hago con mi mano izquierda, la información que no encuentro en el espacio, en lo real, la busco en el ciberespacio, en lo virtual.

Esto implica una confluencia entre los polos, un devenir de corrientes, en el agua heracliteana. De ahí que Morin plantee la unión del desorden y el orden. Nos dice que “desde ahora, la génesis de las partículas materiales, de los núcleos, de los átomos, de las moléculas, de las galaxias, de las estrellas, de los planetas es indisociable de una diáspora y una catástrofe”.

El principio recursivo es volver a recorrer el camino desde el final hasta el inicio, en donde no hay linealidad de una causa que produce un efecto, sino que el efecto también produce la causa. El proceso de volver al punto de partida, donde el efecto actúa sobre la causa, y produce el sistema de una manera constante, regenerándolo, ya que todo sistema se desgasta, y de ahí que ante esa pérdida de energía tenga necesariamente que regenerarla.

El hologramático es un principio formado por dos términos, holos, que significa de todo, y grama, cuyo sentido es inscripción, que ve más allá que el todo y contra el reduccionismo que ve solo las partes. Este principio ve las partes en el todo y el todo en las partes. Es la reproducción de una imagen en el espacio, en tres dimensiones, esto genera en el sujeto observador la sensación de una imagen real. Cada parte del objeto hologramado posee casi la totalidad de la información del objeto y al mismo tiempo cada parte es contenido en el todo.

Es a partir de la edificación de estos principios de la complejidad, sustentados por Morin y la sistémica de Von Foerster,5 que asumo un discurso del sujeto cibernético, sistémico y complejo, articulado a la cultura y a la sociedad, en donde el cibernavegante no es timonel de un barco en alta mar, sino el navegante del ciberespacio, que en la actualidad, es el sujeto de los celulares, cajero automático y todo lo que tiene que ver con esos espacios virtuales.

La observación

La cibernética de segundo orden incluye al observador o sujeto conceptual en la observación, contrario a la primera cibernética de Wiener, que le daba importancia a la observación, excluyendo de ese escenario al sujeto.

Este sujeto observador, viviente y de lenguaje histórico es único, contradictorio e irrepetible; en él conviven diversas prácticas sociales: viene siendo padre, hermano, hijo, filósofo, cibernauta, investigador, consumidor, ciudadano. Posee un sistema autopoiesis o autocreador6 de sí mismo, que a la vez está conformado por subsistemas: nervioso, digestivo, muscular, y que pertenece a sistemas más amplios: familiar, barrial, clase social, raza, sociedad, mundo y cibermundo, galaxia, universo.

Dicha cibernética de segundo orden abordó al sujeto de manera compleja, ya que se autoobserva, se hace crítico de sí mismo. Él mismo como observador, gracias a su discurso, forma parte de la misma estructura, de la misma realidad que quiere observar. Construye el sistema, forma parte de este, lo moldea, aunque tiene autonomía organizacional respecto a su entorno.

Por eso no es lo mismo un sujeto que asume un discurso sobre Internet que sobre el ciberespacio;7 el primero se queda entrampado en el sistema tecnológico, en la herramienta digital; en cambio, el segundo lo trasciende y construye el sistema ciberespacial articulado a una sociedad, lengua y cultura.

El ciberespacio sin asidero en lo real, sino en las interconexiones de millones y millones de computadoras y teléfonos celulares, no es objeto de estudio (salvo raras excepciones) de ingenieros de sistema, técnicos informáticos, sino de lingüistas, filósofos, sociólogos, físicos, educadores, políticos, poetas; aunque muchos de ellos confundan esa relación de la red y el ciberespacio.

El sistema computacional y las conexiones forman parte de la estructura de la organización ciberespacial. Pero el primero se encuentra alimentado por los cibernautas, que son los sujetos sociales y cibernéticos que navegan como mínimo esos espacios virtuales dos o tres veces a la semana.

La estructura digital es el soporte material, en donde se interioriza el ciberespacio, el cual es una interacción organizacional compleja y virtual.

Estar conectado implica formar parte del ciberespacio, interactuar con este, el cual también interactúa con el cibernauta. La conexión como estructura es una condición imprescindible para introducirse al sistema organizacional ciberespacial y para estudiar los efectos sociales que producen las navegaciones en los entornos reales.

El sujeto cibernavegante, de acuerdo a su estrategia, navegará por los confines del ciberespacio; muchos viven en el chateo, otros en los foros, en comunidades virtuales, en investigaciones, en informaciones educativas o de entretenimiento.

Es un sistema construido y alimentado por él y su entorno. Por lo tanto, el ciberespacio es producido por el sujeto; pero este lo produce a él y le va formando un sentido nuevo a lo que era ante de ser cibernavegante. Su conectividad se convierte en una autoreproducción e innovación.

Ese proceso de conectividad por parte del cibernauta genera el orden y el desorden (diversidad de navegaciones), que es producido por la interacción, la participación activa. Él es productor y consumidor del ciberespacio, el cual se alimenta de las configuraciones, la interactividad, los hipervínculos, las imágenes, las informaciones y creaciones virtuales inventadas por este.

En ese proceso se va padeciendo de entropía, en donde millones de blogs, websites, comunidades virtuales mueren, duran un instante, pero otras van entrando, produciéndose de esta manera una regeneración permanente que le da vida en una simultaneidad de procesos entrópicos y sinérgicos.

Dichas partes pueden ser de relativa autonomía y pueden entrar en comunicación. Cada parte tiene la capacidad virtual de generar al todo.

Punto de llegada

La complejidad en el ciberespacio está marcada por las navegaciones de más de mil seiscientos millones de cibernautas que viajan, como consumidores y productores, por sus confines, con más de cien millones de websites, que son el conjunto de páginas que componen un determinado servicio o publicación.

En fin, el ciberespacio como totalidad-complejidad vive en constante agitación. Hoy existen trescientos millones de personas con otras identidades en ese espacio virtual. De esos espacios virtuales se encuentra el de segunda vida (second life), que se ha ido entretejiendo a partir de las producciones educativas, científicas, culturales y de entretenimientos de los millones de cibernavegantes que viven con uno o varios avatares (otras identidades) en ese espacio digital.

Hoy podemos hablar del ciberespacio de la Internet 2, que es usado específicamente por centros universitarios y de investigaciones, relacionados con el mundo científico.

En estos tiempos podemos hablar de la web 2.0, que no es para especialistas de la tecnología de la información y del conocimiento, sino para el ciudadano común, con cierto grado de alfabetización. Además de los cien millones de blogs que se han creado como producto de esta web 2.0, de los programas de código libre, la Wikipedia, el wikilibro.

En la actualidad, según Technorati.com, una empresa que se dedica al registro de bloggers o bitácoras en el mundo, dice que hay registrados ochenta millones de blogs, con tendencia a llegar a finales de 2008 a más de cien millones. La empresa Blogger tiene unos mil cien millones de usuarios registrados y más de noventa millones de mensajes publicados en todos los idiomas.

En el ciberespacio, que es el sistema en donde entra el sistema de la sociedad de la información y el conocimiento, cada sujeto le da un uso específico al blog o bitácora, ya sea periodístico, empresarial, científico, educativo o cultural.

En este espacio virtual se ha estado configurando un control social y cognitivo, tras el derrumbe de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Se ha realizado lo que era tan sólo un experimento, lo biométrico como dispositivo de control político.

La biométrica como mecanismo de control social funciona basándose en la complejidad e identificación de los sujetos, por medio de las huellas digitales, las manos, el iris de los ojos, la cara, la voz y la firma. Con el uso de la biométrica se pueden controlar las principales características físicas de un sujeto y parte de su comportamiento cotidiano; por medio de esos controles se puede identificar si los datos de su vida son auténticos o falsos de acuerdo a lo que posee en el pasaporte, la licencia de conducir u otra identidad.

Es en este contexto complejo, lo enfatizo y reitero, que no se puede filosofar, pensar el mundo, sin reconocer que de este ha ido emergiendo un cibermundo, el cual se edifica en otro espacio, el ciberespacio, otra realidad, la virtual, otra sociedad, la del conocimiento, lo cual no significa una exclusión o ruptura del primero con relación al segundo, más bien son una complementariedad, como parte de lo dialógico, lo interdisciplinario y transdisciplinario.

Notas

1 La complejidad como pensamiento y ciencia (mitad del siglo xx) debe ser pensada como construcción permanente, apertura ante otros discursos simpli

ficadores, por lo que dicho pensamiento no es un programa, un manual recetario, ni un método especifico, más bien propuesta, estrategia para comprender el universo y el arte de vivir. Además de los discursos expuestos en este trabajo sobre la complejidad, existen otros relacionados con fractales, caos, autopoiesis, que forma parte de ese paradigma, destacándose los filósofos y científicos F. Capra, I. Prigogine, Von Neumann, Niklas Luhmann, Humberto Maturana y Francisco Varela.

2 Esta teoría, pionera del pensamiento complejo, se remonta a mitad del siglo xx, su principal expositor es Claude Shannon, quien fundamenta su tesis en trasmitir, almacenar y procesar información. La producción de una comunicación debía tenerse en cuenta: fuente, codificador, mensaje, canal, decodificador, y receptor, a lo que se le agrega la fuente de ruido, considerado como la interferencia o la perturbación en la claridad de la transmisión de las informaciones, algo parecido a la estática en la comunicación visual y auditiva, que son influencias externas que dificultan la integridad de la comunicación y desvirtúan el mensaje para el receptor.

3 A partir de los años sesenta del siglo xx los avances de la cibernética y la computación electrónica, las matemáticas y la revolución científico-técnica, así como un importante conjunto de problemas científicos prácticos no resueltos, impulsaron la investigación por los derroteros de ruptura que en la década de los noventa comenzaron a agruparse bajo un denominador común: complejidad. Ver texto Hacia un nuevo saber. La bioética en la revolución contemporánea del saber. Carlos J. Delgado Díaz. Publicaciones Acuario Centro Félix Valera. La Habana, 2007.

4.Ver Edgar Morin. El método. La naturaleza de la naturaleza. Ediciones Cátedra, 1998. El Método.

El conocimiento del conocimiento. 1994. Este pensador, y la valoración de su discurso complejo, se conocía en la mitad de la década de los ochenta, su influencia nos llegó en conversaciones con intelectuales como Andrés Molina, José Oviedo, y que también fue conocida en la escuela de filosofía de la uasd, por Juan Pablo Uribe y Salomón Bastardo.

5 La sistémica, dice Heinz von Foerster, parte de tres pilares fundamentales: la hermenéutica, la cibernética y la ética, en donde la teoría del lenguaje sería la misma hermenéutica en cuanto interpretación discursiva y articulada al sujeto.

Ver texto Sistémica elemental desde el punto de vista superior, tercera reimpresión: abril de 2002, Medellín, Colombia, 80 páginas, y el texto Pensar sistémico de José Antonio Garciandia, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2005.

6 La autopoiesis busca poner la autonomía del ser vivo al centro de la caracterización de la biología, y abre al mismo tiempo la posibilidad de considerar a los seres vivos como dotados de capacidades interpretativas desde su mismo origen. Es decir, permite ver que el fenómeno interpretativo es continuo desde el origen hasta su manifestación humana. Ver Máquina y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo. Humberto Maturana y Francisco Varela. Editorial Universitaria, 2004, Argentina, p. 52. 7 Ver un estudio más amplio del ciberespacio en mi texto: La República Dominicana en el ciberespacio de Internet. Ensayo filosófico cibercultural y ciberespacial (1995-2007). Editora Búho, 2007, República Dominicana. Publicaciones sobre complejidad: www.Ergad Morin.com. En dicha página encontrará diversos materiales relacionados al pensamiento complejo, como el Manual de iniciación pedagógica al pensamiento complejo (2002), Unesco.


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