Revista GLOBAL

Piratas del Caribe: atentados contra la propiedad intelectual

por Aurora Tactuk Retif
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1. Cosas añejas

Empezamos este breve estudio con un subtítulo que, de la mano de nuestro César Nicolás Penson, nos transporta al pasado. A estos efectos, todavía hay gente en nuestro país a quienes el término “piratería” les despierta cierta connotación romántica al recordar los primeros siglos del dominio español en América, cuando abundaban en el mar Caribe piratas –entonces denominados filibusteros y bucaneros–, quienes intentaban, y, en muchos casos, lograban robar valiosos cargamentos de oro y otras mercancías procedentes del Nuevo Mundo. No obstante, hemos de destacar que aquella práctica legendaria ha quedado ya en el pasado. A finales del siglo XIX aquellos piratas se fueron viendo progresivamente acosados por los distintos avances técnicos y represivos que empezaban a surgir por aquel entonces.

Así, la piratería se halló impotente ante el progreso de los medios de comunicación y de las organizaciones defensivas, de manera que la aventura épica pronto llegó a su fin.

Sin embargo, el recuerdo de aquellos ladrones del mar ha permanecido latente en la memoria de todos nosotros de forma que, hoy día, la piratería es un término utilizado popularmente para referirse a la copia de obras literarias, musicales, audiovisuales o de programas informáticos efectuada sin el correspondiente consentimiento del titular de los derechos de autor

Como vemos, aunque la sociedad no sea plenamente consciente de ello, la figura del pirata tradicional con parche, loro y pata de palo ha sido sustituida por el ciudadano de a pie, común y corriente, que en lugar de llevar a cabo el robo de tesoros materiales, lo hace de tesoros intelectuales y, para mayor abundancia, el el límite ya no es el mar, sino el mundo entero.

2. ¿Por qué lo llaman piratería cuando quieren decir robo?

El subtítulo anterior –que rememora la obra de Woody Allen– encierra una de las cuestiones que mayor preocupación suscita con relación al tema de la piratería actual: la falta de concienciación social de que la piratería no es más que un vil y vulgar robo, que no sólo afecta a artistas y autores, sino a toda la sociedad.

En efecto, el público suele considerar que la propiedad intelectual es una rama especializada del derecho que únicamente atañe a ciertos sectores específicos. Nada más lejos de la realidad. El sistema de los derechos de autor, tal y como está estructurado en todos los países civilizados del mundo, presta un servicio más que importante a toda la comunidad.

Así, del referido sistema dependen las vastas redes nacionales e internacionales de distribución y suministro que sirven a las instituciones educativas de cada país en todos los niveles. La adquisición y la transmisión correctas de derechos en el marco del sistema del derecho de autor son indispensables para todos los medios de comunicación, incluyendo periódicos, revistas, radio y televisión y, por supuesto, todo el mundo del espectáculo, como teatros, conciertos, películas, producción de discos y emisiones de radiodifusión, los cuales dependen del suministro regular de obras literarias, dramáticas, musicales y artísticas, cuya creación y difusión es estimulada y está reglamentada por el sistema del derecho de autor. Además, con la extensión de la protección a los programas de computadoras, gran parte de la actividad industrial y comercial de un país necesita utilizar los derechos protegidos por el sistema de derechos de autor.2 Con la piratería todos estos sectores se ven claramente afectados, y, junto con ellos, la sociedad en general.

3. Crónica de una muerte anunciada

En consonancia con todo lo anterior, y esta vez evocando a Gabriel García Márquez, no podemos continuar este estudio sin antes poner de manifiesto la situación actual de la República Dominicana en cuanto a piratería se refiere. A estos efectos, la Alianza de la Propiedad Intelectual Internacional (iipa, por sus siglas en inglés), una coalición internacional que representa los intereses de las mayores industrias relacionadas con los derechos de autor, en este año recomendó que la República Dominicana, junto con otros 13 países, fuera colocada en su lista de vigilancia prioritaria, dado el alto nivel de piratería registrado en nuestro país en el año 2006.

Y es que, solamente con los datos oficiales recogidos en materia de copias ilegales de software, música y libros, en la República Dominicana se registraron pérdidas de aproximadamente 20.9 millones de dólares. Eso sin contar las posibles pérdidas que pudieron haberse generado por la copia ilegal de obras audiovisuales. De esta manera, se estima que en nuestro país, en materia de programas de ordenador y música, los niveles de piratería alcanzan un 77% y 65%, respectivamente.

Estas cifras son simplemente alarmantes, ya que los productores y/o fabricantes, tanto nacionales como de otros países, pierden la confianza en el mercado cuando son conscientes de que sus derechos de propiedad intelectual no son respetados y no pueden hacerse valer. Esto, por no entrar en detalles sobre las posibles repercusiones que esto puede llegar a tener para la República Dominicana en sus relaciones con otros países y las ayudas y favores económicos que puede dejar de percibir. Y es que, en definitiva, la piratería supone una competencia desleal que deteriora la imagen del país, lo que lleva a la pérdida de inversiones y puestos de trabajo.

Además, debido a que se trata de actividades en las que se generan importantes beneficios y los riesgos son prácticamente inapreciables, muchos casos guardan relación con el crimen organizado. De esta manera, dicha actividad ilícita alimenta la delincuencia internacional organizada y contribuye al blanqueo de dinero, a la vez que socava el respeto de los derechos laborales al crear empleo ilegal y, en ocasiones incluso, explotar la mano de obra de menores.

Por último, es importante recordar que la piratería no sólo representa pérdidas financieras para los titulares de derechos, sino que también supone una merma considerable en los ingresos del Estado por los impuestos dejados de percibir.

4. Atrápame si puedes

A la vista de lo anterior, y esta vez recordando a Steven Spielberg, sólo nos queda por preguntarnos: ¿qué podemos hacer para detener este fenómeno? A estos efectos, la República Dominicana desde el año 2000 aproximadamente, cuando se promulga la actual Ley de Derecho de Autor, ha venido haciendo importantes esfuerzos por corregir esta situación.

Así, las violaciones y las sanciones al derecho de autor están comprendidas en los artículos 169 y siguientes de la Ley 65-00 sobre derecho de autor. En la referida norma se establecen penas que van desde 3 meses a 3 años de prisión correccional y multas de hasta mil salarios mínimos para quienes adopten como suya, falsifiquen, alteren o difundan, ya sea en parte o en su totalidad, una obra literaria, artística o científica, interpretación o ejecución artística, que pertenezca a otra persona, o para quienes, sin autorización expresa, la reproduzcan, transformen, distribuyan o comuniquen públicamente por cualquier medio y en cualquier forma. Además, la ley dispone que las reproducciones ilícitas sean confiscadas, así como los materiales y equipos utilizados para estas, los cuales pueden ser decomisados, destruidos o entregados al perjudicado. Asimismo, se establecen penalidades para aquellos que intenten burlar las medidas tecnológicas que impidan la reproducción o el control de las obras.

Según la ley, esta responsabilidad se extiende a todas las personas que ordenen o dispongan la realización de tales actos, a los representantes legales de las personas jurídicas y a todos aquellos que, teniendo conocimiento que se trata de un acto ilícito, tomen parte de él, lo faciliten o lo encubran.

Por lo demás, la Oficina Nacional de Derecho de Autor (onda) y el Departamento de Propiedad Intelectual de la Procuraduría General de la República, junto con el Instituto Dominicano de Telecomunicaciones (indotel), con el fin de evitar la piratería en nuestro país y de concienciar a la sociedad, inició hace ya un tiempo una campaña que proclama: “Cero tolerancia a la piratería”. A estos efectos, la referida entidad se ha dedicado a realizar diversos operativos de inspección y de retención de materiales ilícitos para tratar de controlar las violaciones de los derechos de autor.

Sin embargo, estos esfuerzos no parecen estar dando los resultados esperados. En este sentido, entendemos que sería necesario realizar campañas más intensas y proyectos de sensibilización y refuerzo de capacidades, además de promover la información, la formación y la investigación en materia de derechos de autor. En definitiva, debe de tratarse de fomentar la toma de conciencia entre los ciudadanos de la repercusión negativa que conlleva la adquisición de productos pirateados. Después de todo, si existe un mercado pirata es porque hay un público que demanda tales productos.

Asimismo, consideramos que los operativos antipiratería deben sucederse de forma más seguida y sin miramientos, toda vez que ya no resulta práctico ni adecuado que la legislación sobre derechos de autor se cumpla principalmente a través de procesos de carácter civil. Ya no se trata meramente de que los individuos hagan valer sus derechos privados; la piratería significa un quebrantamiento de los derechos establecidos de tal envergadura que equivale a un grave ataque contra la ley y el orden público. Así las cosas, es el Estado el que debe tomar medidas para combatir tal atentado público, sin perjuicio de las acciones que correspondan a los particulares, con quienes el Estado debería a su vez colaborar.

Ahora bien, lo anterior no es óbice para que los distintos sectores afectados pongan también su granito de arena para tratar de solucionar el problema. Y es que uno de los factores que muchas La figura del pirata tradicional con parche, loro y pata de palo ha sido sustituida por el ciudadano de a pie. 70 veces influye en el desarrollo de la piratería es el elevado costo de los productos de carácter intelectual, máxime si tenemos en cuenta la precaria situación económica en la que se hallan países como el nuestro. Así pues, si las distintas empresas se dedicaran a intentar desarrollar un mercado más competitivo, elaborando y poniendo en práctica nuevos modelos empresariales que ofrezcan a los consumidores la posibilidad de obtener contenidos a precios asequibles y de manera legal, pues probablemente los niveles de piratería descenderían considerablemente. Dicho esto, por supuesto, sin que de ello se desprenda que el alto precio de las creaciones intelectuales justifica la comisión de un delito.

5. La profecía

Sin ánimo de sembrar la semilla del terror, como indica el título de la película a la que acabamos de hacer referencia, entendemos que, de no tomar medidas drásticas que de una vez por todas frenen el fenómeno de la piratería en nuestro país, podríamos enfrentarnos con consecuencias devastadoras para nuestro desarrollo económico y cultural.

Debemos terminar de entender que la piratería no es una forma más barata de adquirir obras intelectuales, ni tiene que ver con el precio de las mismas; es una forma de robar el trabajo de los autores, por eso es un delito. Por ello, al constituir una infracción contra la ley de derechos de autor, así como de la legislación penal vigente, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado deben perseguir de forma firme y rigurosa esta actividad.

Es evidente que obtener materiales intelectuales baratos que eleven los niveles de educación en un país en vías de desarrollo como el nuestro resulta vital, pero no por ello debe tolerarse en ningún caso la piratería. El alto costo de las obras no puede justificar un delito de esta naturaleza, y menos si se tiene en cuenta que por más que las distintas empresas modificasen los precios de sus productos, las mafias siempre podrán venderlos más barato, porque no tienen ningún tipo de costos, sólo beneficios.

Lo que es peor es que los expertos en esta materia aseguran que el fenómeno de la piratería irá aumentando conforme vaya desarrollándose cada vez más el proceso de globalización. De ahí que sea ahora cuando tengamos que adoptar las medidas tendentes a su freno y prevención, antes de que la situación se escape aún más de nuestras manos. Propongámonos metas, estudiemos la situación, pongamos en práctica los métodos actuales, establezcamos estrategias, eduquemos a la sociedad, hagamos todo lo que esté en nuestras manos para solucionar el problema. Si conseguimos convertir a los piratas en aliados, ya que hablamos de películas, ¿quién sabe?, quizá este pueda ser el principio de una gran amistad.

Notas

En términos parecidos se expresa la Nota 14 del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (adpic) cuando se define la piratería de la siguiente manera: “Para los fines del presente Acuerdo: […] b) se entenderá por ‘mercancías pirata que lesionan el derecho de autor’ cualesquiera copias hechas sin el consentimiento del titular del derecho o de una persona debidamente autorizada por él en el país de producción y que se realicen directa o indirectamente a partir de un artículo cuando la realización de esa copia había constituido infracción del derecho de autor o de un derecho conexo en virtud de la legislación del país de importación”. Ver De Freitas, Denis, “Piratería de la propiedad intelectual y medidas necesarias para combatirla”, Comité Intergubernamental de Derecho de Autor, París, 15 de marzo de 1995. 3 Datos extraídos de la página oficial de la IIPA, que puede ser consultada en línea en la siguiente dirección electrónica:  < http://www.iipa.com/>


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