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El modelo de cluster para el logro de la competitividad nacional

by Guillermo van der Linde
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El modelo de cluster constituye una herramienta novedosa y práctica para el diseño y evaluación del impacto de estrategias y políticas de desarrollo industrial en diferentes niveles: empresas, asociaciones, sectores, regiones y países; para estudiar la competencia, competitividad y ventaja competitiva bajo circunstancias de proximidad geográfica y esfuerzo colectivo característicos de esta entidad (entre otras circunstancias); y para la detección, fomento y recreación de las condiciones que favorecen la creación de nuevos negocios desde el interior de los clusters. De acuerdo con Michael Porter (2003), el cluster es: “[…] un grupo, geográficamente próximo, de empresas interconectadas entre sí e instituciones asociadas en un campo particular y ligadas por externalidades de varios tipos”. 

Otros autores contemporáneos (ver por ejemplo Schmitz y Nadvi, 1999) coinciden en que los clusters son concentraciones de empresas, tanto desde el punto de vista sectorial como geográfico. Marshall (1920) argumentaba que las empresas se benefician de la aglomeración, ya que consiguen ventajas de costos. El enfoque marshalliano, aunque sólido y válido aún hoy día, no explica en su totalidad el fenómeno que se observa en los clusters, donde el desempeño se debe no sólo a la mera aglomeración, sino también a la realización de esfuerzos deliberados y colectivos para lograr la eficiencia, tal y como señalan Schmitz y Nadvi (1999). Como prueba para sustentar su tesis, estos autores argumentan a partir de estudios de casos realizados en países con distinto grado de desarrollo y en clusters de diferente naturaleza. La heterogeneidad es, pues, una de las principales características observadas; no obstante, uno de los resultados más importantes es que a la hora de competir en los mercados globales, las empresas que cooperaron más estrechamente tuvieron un mejor desempeño que las que no lo hicieron (Schmitz y Nadvi, 1999).  

No es una aglomeración 

¿Cómo podemos distinguir un cluster de una mera aglomeración de empresas? Van Dijk y Sverrisson (2003, p. 186) proponen una serie de características que definen un cluster, de acuerdo a la literatura existente: 

• Características que se pueden observar directamente, tales como cercanía entre las empresas, alta densidad de actividades económicas, existencia de muchas empresas que se dedican a actividades iguales, similares o conexas. 
• Características que ellos denominan “universales”: conexiones entre las empresas por subcontratación vertical, conexiones horizontales de cooperación entre empresas; especialización en algún grado. 
• También mencionan más de una decena de características teóricas, de las cuales cabe mencionar: apoyo institucional, niveles de desarrollo tecnológico similares, capacidad laboral y competencia técnica común del cluster. 

Las empresas que integran un cluster pueden ser micro, pequeñas, medianas o grandes; proveer insumos especializados, componentes, máquinas, productos finales o servicios; ser instituciones financieras, educativas, de investigación, gubernamentales y, en general, cualquier entidad que realice actividades necesarias o que influyan en el cluster. Los clusters también se caracterizan por la etapa de desarrollo en la que se encuentran. Normalmente se divide la vida de los clusters en cuatro etapas (Rosenfeld, 2002): la inicial, la de crecimiento, la de madurez y la de declive. En la etapa inicial, se requieren notables esfuerzos en inversión e innovaciones para hacer frente a los entaponamientos del ámbito local (ver Bianchi, Miller y Bertini, 1997, entre otros). La fase de crecimiento es aquella en la que “los mercados se desarrollan lo suficiente como para expandirse, atraer imitadores y competidores, y estimular los emprendimientos” (Rosenfeld, 2002). En la etapa de crecimiento se consolida la identificación del cluster como tal.

En la etapa de madurez, los procesos se han aceptado al interior del cluster, y entran más competidores al mercado. En este momento es fundamental la capacidad para la innovación dentro del cluster, de tal manera que las empresas que lo constituyen realicen actividades de mayor valor agregado en sus productos y servicios. Estas cuatro etapas, que constituyen un ciclo de vida, deben de ser tomadas en cuenta para decidir la localización inicial de las empresas, y para el diseño e implementación de políticas institucionales encaminadas a la creación de los clusters. Pero, si se quiere lograr un desarrollo sostenible, hay que cultivar las competencias necesarias para innovar, la creatividad es imprescindible: “Los clusters prometedores no sólo se caracterizan por economías de escala, sino por su capacidades de innovación perpetua y mejoramiento de bienes y servicios, así como por un proceso de creciente especialización y mejoramiento del capital humano y otros factores” (Ketels, C., Lindqvist, G., Sölvell, O., 2003). Siguiendo los argumentos de Porter (2003), de que la existencia de clusters impacta la manera en la que empresas que los constituyen compiten entre sí y el resultado de esta competencia, enunciamos algunas de sus ventajas: 

• Se incrementa la productividad de las empresas localizadas en el cluster. 
• Se fomenta la innovación y la velocidad, ya que los integrantes del cluster deben detectar oportunidades para añadir valor y así poder diferenciarse de sus competidores directos. 
• Se incrementa la tasa de creación de nuevos negocios: los costos de entrada y salida del cluster no son tan elevados como en otras localizaciones, ya que existen facilidades crediticias, conocimiento compartido, mano de obra especializada, etcétera.

Se infiere de lo anterior que la competitividad, para que sea sostenida, debe basarse en capacidades y competencias que produzcan mejoras dinámicas. Aunque otros académicos no coinciden y dicen que son ventajas temporales que dan una competitividad efímera y vulnerable, comentando que la ventaja competitiva duradera y sostenible estriba en la capacidad de innovar; apuntan a que debe haber algo en los clusters que apalanca la innovación y apoya el éxito competitivo de un grupo de empresas.

De región a redes globales

La evidencia empírica muestra que en los clusters la creación de riqueza está por encima del promedio regional y que se suele exportar un alto porcentaje de su producción. Los clusters pueden estar conformados por una región o ciudad, e inclusive hasta por una red de países vecinos. También existe evidencia de que las empresas líderes, en cualquier campo, tienden a agruparse en áreas geográficas relativamente pequeñas y que de esta forma, dentro de un país o una región, se van creando grupos completos de industrias relacionadas o clusters, altamente eficientes, que permiten crear una ventaja competitiva sostenible (ver Porter, 1999). Las aglomeraciones de empresas han surgido espontáneamente, como consecuencia de su búsqueda de mayores niveles de eficiencia económica. En el caso de las empresas con un desempeño innovador, sus estrategias se definen para responder a los desafíos existentes en los mercados en los que compiten; afrontan los cambios en la demanda, y el incremento de la competencia en los mercados, a través de estrategias de organización y de localización. Los modelos actuales de organización de la producción garantizan a las empresas la consecución de economías de escalas internas y externas y la reducción de los costos de producción y de negociación y, por lo tanto, favorecen la rentabilidad de sus inversiones. Con la creación de nuevas políticas y estrategias de desarrollo se persigue el logro de ciudades y regiones cada vez más competitivas y que atraigan nuevas inversiones, nuevas empresas y localizaciones capaces de competir tanto local como globalmente.

Esto muestra una tendencia a que converjan las políticas y estrategias macroeconómicas con las empresariales. En función de lo anteriormente expuesto, afirmamos que los clusters seguirán formándose, debido a que este modelo contribuye a la generación de conocimientos colectivos y de innovación. El proceso de innovación dentro del cluster sigue la siguiente secuencia: una vez que una empresa logra que un nuevo producto, fruto de la generación de nuevo conocimiento tenga éxito en el mercado, surgirá un grupo cada vez mayor de imitadores interesados en producirlo, lo que entonces daría lugar a la formación del cluster. La conformación del cluster ocasiona una fuerte atracción sobre los nuevos entrantes, lo que a su vez fortalece más el cluster y expande su conocimiento base (Tallman et al., 2004). Una vez más se muestra la dimensión intangible, fruto de las interacciones entre empresas, instituciones y consumidores. Los estudios declusters suelen basarse en el análisis de casos, utilizando datos y métodos cuantitativos que normalmente no son generalizables a otros contextos. Una de las situaciones más frecuentes es que la clasificación geográfica y sectorial de los datos no coincida con el sistema de valor que se desea investigar. La definición estratégica del cluster debe realizarse en función de la demanda que satisface, esto significa que comienza con un análisis de los mercados actuales y potenciales. El mercado determina el valor que produce un sistema y permite identificar los elementos que lo constituyen y las funciones que debe cumplir. 

Las fases 

En la práctica, para el diseño y lanzamiento de los clusters se debe estructurar cada iniciativa en cuatro grandes fases: la identificación y priorización de clusters, la realización de estudios-diagnóstico, la definición de planes conjuntos de mejora de la competitividad y, finalmente, el apoyo del desarrollo y ejecución de los planes elaborados para los clusters. El propósito es que los empresarios conozcan y manejen las problemáticas interna y externa correspondientes a la actividad industrial donde producen, para buscar soluciones conjuntas, de una manera activa y participativa. Así podrán conocer los distintos puntos de vista del sector empresarial del cual forman parte, para desarrollar un fuerte sentido de pertenencia, de compromiso y de equipo, indispensables para la posterior puesta en marcha de los clusters. De acuerdo con varios autores (Humphrey, J. Schmitz, H., 2002; De Blasio, G. y Di Addario, S., 2005), los clusters ofrecen una gran diversidad de ventajas a las empresas que los integran: 

• Disponibilidad de insumos: Existe una alta concentración de proveedores de insumos y compradores, por lo que se obtienen economías de escala y reducción en costos de transporte, oportunidad y bodegaje, entre otros. 
• Concentración de mano de obra: La intensa aglomeración de trabajadores capacitados que se presenta en los clusters permite maximizar la eficiencia en la utilización de dicha mano de obra, se reducen los costos de reclutamiento y selección de individuos, y se garantiza la estabilidad laboral, tanto para los trabajadores como para las empresas. 
• Concentración de conocimiento: La proximidad de empresas y trabajadores favorece la rápida y efectiva difusión de conocimientos, tanto concernientes a técnicas como a tecnologías, gracias a una mayor posibilidad de interacción entre individuos. 
• Acumulación de capital social: Los clusters constituyen algo similar a una familia de empresas, donde se generan y fortalecen vínculos de confianza, el capital social, lo cual redunda en una interacción de negocios más fluida, así como en menores costos de transacción. 
• Generación de incentivos: Debido a la cercanía, las empresas pueden compararse fácilmente con sus competidores e implementar con mayor celeridad mejores prácticas. 
• Innovación: Los clusters atraen toda suerte de individuos de formación distinta, lo cual, según han concluido numerosos estudios, crea mayores posibilidades de innovación que aquellos sectores de industria donde hay una alta homogeneidad de la fuerza laboral. Asimismo, hay fuertes relaciones con los mercados objetivo, lo que permite percibir con mayor rapidez sus tendencias y necesidades.
• Complementariedad: Los miembros de los clusters son interdependientes, por lo cual tienen una elevada presión para coordinar actividades y elevar la eficiencia con la que las realizan. 
• Actividad empresarial: Dada la buena reputación de la que por lo general gozan los clusters, facilitan el acceso a mejores condiciones de crédito. Asimismo, todos los recursos para la actividad empresarial ya existen, y debido a la alta especialización de labores, se requieren menos activos, eso sí, muy específicos. 

Como consecuencia de todos los beneficios ya descritos entendemos que el Estado dominicano, junto al empresariado nacional, debe redoblar los esfuerzos que hasta el momento han sido desplegados, para impulsar la materialización de las iniciativas ya en curso y apoyar las que puedan iniciarse; esto contribuirá al fortalecimiento de la competitividad de las empresas que formen parte de estas iniciativas.

Bibliografía 

Bianchi, Miller y Bertini (1997). The Italian sme Experience and Possible Lessons for Emerging Countries, unido. De Blasio, G. y Di Addario, S. (2005). “Do workers benefit from industrial agglomeration?”, Journal of Regional Science. Humphrey, J. Schmitz, H. (2002). “How does insertion in global value chains affects upgrading in industrial clusters”, Regional studies, volumen 36, 9 de diciembre. Marshall (1920). Principles of Economics, (8va. ed). Macmillan, Londres. Porter, M. E. (2003). “The Economic Performance of Regions” Regional Studies, vol. 37, 6 y 7, European Union, Regional Innovation Strategies, págs. 549- 578. Porter, M. E. (1999). The new challenge to America’s prosperity: Findings from the innovation index. Council on Competitiveness, Washington. Rosenfeld (2002). “Creating smart systems: A guide to cluster strategies in less favored regions”. Schmitz, H. y Nadvi, K. (1999). “Clustering and Industrialization: Introduction”. World Development, vol. 27, 9, págs. 1503-1514. Ketels, C., Lindqvist, G., Sölvell, O., 2003, “The Cluster Initiative Green book”, Center for Strategy and Competitiveness, Stockholm School of Economics. Tallman, S.; Jenkins, M.; Henry, N.; Pinch, S. (2004). “Knowledge, Clusters and Competitive Advantage” Academy of Management Review, vol. 29, 2, págs. 258-271. Van Dijk y Sverrisson (2003). “Enterprise clusters in developing countries: mechanisms of transition and stagnation”, Entrepreneurship & Regional Development, 15, julio-septiembre, págs 183-206.


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