Revista GLOBAL

La crisis ambiental, la peor pandemia del siglo XXl

por Equipo editorial
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La existencia y desarrollo de las formas de vida que conocemos en el planeta ha sido un proceso complejo al que aún no se ha encontrado una explicación única, capaz de revelar completamente cómo se ha conformado este espacio, sus características únicas y el balance perfecto para que la diversidad de espacios, ecosistemas y especies haya evolucionado, y podamos coexistir con las demás especies animales y vegetales. Desde hace millones de años esas especies viven aquí, contribuyendo en cierto modo a moldear la superficie de esta gran roca envuelta en una capa de agua, no homogénea y con una atmósfera estable, dentro de sus procesos dinámicos que obedecen a ciertas reglas que los humanos hemos llegado a conocer y hasta cierto punto a manejar. 

Aunque las teorías que tratan de explicar el origen y la evolución de la vida en el planeta nos ubican en el último tramo de los procesos que ha vivido este, dado que la especie humana apareció hace entre 315,000 y 200,000 años, es sin duda la que ha tenido la capacidad de generar los mayores impactos negativos que ha sufrido este espacio que nos acogió como a una más de las especies que forman parte del entramado de la vida. La especie humana ha conquistado cada punto del planeta, buscando de una manera incesante tomar cada lugar donde llega, haciendo uso de cada recurso que alcanza y del cual saca lo que necesita o lo que quiere, pero no siempre administra lo conseguido de la forma más correcta. 

Es esa forma de relacionamiento de la especie humana con el planeta, nuestros patrones de producción y consumo, lo que ha provocado estas condiciones que hoy tenemos. Somos los que hemos consumido algunos de esos recursos que pensábamos que eran inagotables. Hemos sido capaces de provocar la extinción de otras especies, ocasionando el agotamiento de suelos antes productivos, ensuciando el agua que necesitamos para existir, envenenando la atmósfera que respiramos y alterando las reglas de la naturaleza, sus ciclos y su dinámica, lo que nos ha llevado a perturbar el efecto invernadero y, por lo tanto, hemos llegado al punto de desequilibrar completamente nuestra casa común. 

La crisis ambiental en retrospectiva 

Cuando se habla de la actual crisis ambiental que afecta al planeta, encontramos las opiniones de aquellos que afirman que no se trata de un fenómeno nuevo, que el planeta siempre ha estado en proceso permanente de cambio. Lo cierto es que, a lo largo del tiempo, la Tierra se ha calentado y se ha enfriado, con la diferencia de que ese proceso ha ocurrido en periodos de tiempo muy largos, entre cada pico de incremento y decrecimiento significativo de las temperaturas, lo cual ha sido propio de las diferentes eras geológicas por las que ha atravesado el planeta. 

Pero son los cambios ocurridos en los últimos dos siglos los que preocupan al protagonista de esta situación pues han degenerado en una crisis sin precedentes. Como evidencian las pruebas que la especie humana ha recogido desde tiempos pasados, nuestro planeta se ha calentado y se ha enfriado, pasando por etapas sucesivas de cambio desde hace unos 600 millones de años, y los valores de dióxido de carbono (CO2) son el indicador más importante a la hora de evaluar estos cambios, que guardan una estrecha relación con la temperatura. Se ha podido determinar que el cambio en las concentraciones de CO2 en la atmósfera también representa un cambio proporcional en la temperatura, por ser este el principal de los gases de efecto invernadero (GEI), al que se atribuye el calentamiento global (CG), que a su vez ha generado los cambios climáticos (CC). 

El fenómeno del calentamiento global fue notado por primera vez en 1859 y publicado en 1863. Algunos registros evidencian que fue el físico irlandés John Tyndall (creador del Instituto Smithsonian) el primero en advertir que las concentraciones de ciertos gases en la atmósfera se estaban incrementando y que esto tenía una correlación con el incremento en la temperatura del planeta. Estos gases (CO2, N20, CH4, HCFC, PFC y otros) se conocen como «gases de efecto invernadero» porque atrapan la radiación solar de onda larga causando un efecto de calentamiento gradual alrededor de la Tierra. Ese proceso, llamado «efecto invernadero», es esencial para la existencia de las diferentes formas de vida que pueblan el planeta. 

Las observaciones permanentes, realizadas desde 1880, evidencian que ha cambiado la temperatura media global, pero esta vez a un ritmo muy diferente a lo que había ocurrido en los periodos anteriores. Estos cambios ocurren tanto en la atmósfera como en la superficie de los océanos, y alteran el delicado equilibrio global, ya que nuestro planeta mantiene un flujo constante de aire caliente desde el ecuador hacia los polos, y de aire fresco desde los polos hacia el ecuador (vientos alisios y contralisios). Este flujo también es constante a través de las grandes masas de agua de los océanos, llevando agua caliente a los polos y regresando corrientes de agua fresca de los polos a la zona ecuatorial (corrientes oceánicas), manteniendo así el equilibrio de las temperaturas en el planeta, armonía que se ha alterado gracias a la acumulación excesiva de los gases de invernadero generados por nuestras actividades. 

El gráfico de la página siguiente muestra la media global del cambio de temperatura superficial entre 1880 y 2016, respecto a la media de 1951-1980. La línea negra es la media anual global y la roja es el suavizado lowess de cinco años. 

Factores que causan la crisis ambiental 

El actual calentamiento global del planeta no tiene precedentes en los últimos 2000 años. Así lo asevera Matt McGrath, de la BBC News, corresponsal de Medio Ambiente. Las evidencias señalan que el CC es más veloz y más extenso que ninguna variación ocurrida en el clima del planeta en dos milenios. El cambio generado en las últimas décadas no tiene paralelo con eventos de cambios climáticos anteriores. 

¿Cómo y por qué se ha llegado a esta situación? Estas no son preguntas fáciles de responder; es un hecho conocido que toda sociedad siempre ha impactado o modificado, en menor o mayor medida, el medio natural en que se desarrolla, fenómeno estudiado por múltiples disciplinas, entre otras, la historia y la geografía. Si la influencia del ambiente sobre la humanidad y la de la humanidad sobre el ambiente no es una novedad, ¿a qué se debe la importancia que han adquirido en la actualidad los estudios que abordan esta relación? ¿En qué reside su novedad? 

Para nosotros, «la novedad» reside en el cambio de las ideas y de la percepción sobre la relación hombre-naturaleza que se ha venido generando, principalmente desde la segunda mitad del siglo XX en adelante. Este cambio se expresa con el surgimiento de la idea de crisis ambiental o crisis ecológica, por medio de la cual se describe el paradójico fenómeno de que el propio crecimiento económico, junto con el elevado nivel de desarrollo y estándar de vida alcanzado por la «civilización industrial» (según David Arnold, citado por J. Fernando Estenssoro Saavedra), cuyo exponente arquetípico es el Primer Mundo, ha creado problemas de carácter ecológico y medioambiental de enorme magnitud, tales como la contaminación, la pérdida de la biodiversidad, el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la destrucción de la capa de ozono y la llamada explosión demográfica. Por primera vez en la historia esta explosión demográfica pone en riesgo la continuidad de la vida del ser humano en el planeta, así como el proceso de la vida del planeta mismo. De aquí entonces que sea catalogado como el problema más importante y urgente que debe enfrentar la humanidad en esta etapa de su historia. 

Basándonos en lo antes señalado, y que ya no necesita más confirmación porque los hechos que se generan día a día lo evidencian, afirmamos que la mayor pandemia que le toca lidiar a la especie humana en el siglo XXI es la crisis ambiental que sus acciones han generado. 

La mayoría de los planteamientos que se esgrimen destacan que la envergadura, el alcance y el origen de los problemas ambientales y de las condiciones actuales de los recursos naturales se deben sobre todo al desarrollo socioeconómico, sin precedentes, que se ha producido a lo largo de los últimos dos siglos, y principalmente a lo ocurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de la era industrial. 

Las condiciones del mundo actual no tienen precedentes históricos. Estamos en el punto más escarpado de la curva de crecimiento de la historia de la humanidad en un solo siglo. La población mundial se ha triplicado y, de acuerdo con las previsiones, se duplicará a lo largo de los próximos 50 años, superando ya en este año 2022 los 8,000 millones de personas y con una tendencia a romper todas las proyecciones que se habían establecido para 2050 y 2100, lo que también afecta las proyecciones para garantizar el suministro satisfactorio de bienes y servicios como energía, transporte, agua y productos provenientes de la industria, la construcción y la agricultura. Esta situación pone en peligro el potencial económico de las naciones, la salud de sus ciudadanos, la seguridad política interior y, en el caso del calentamiento global y los cambios climáticos, la existencia misma, como señalan múltiples tratadistas del tema. 

Parece indiscutible que son nuestros patrones de producción y consumo los que han provocado la destrucción y degradación de los recursos naturales, así como la contaminación de los suelos, el agua y la atmósfera, alcanzado una magnitud tal, desde la revolución industrial, que se hace cada vez más evidente que no solo se están afectando seriamente las opciones de crecimiento económico futuro, sino también la calidad de vida de la población en el presente. 

Según plantean muchos de los expertos a nivel global, es la propia sobrevivencia humana la que está amenazada, porque la crisis ambiental de nuestro tiempo es una verdadera emergencia del sistema Tierra en su conjunto, al ser manipulado por la humanidad. Esta se encuentra en una encrucijada que pone en peligro su propia supervivencia como especie, como señalan Novo y Lara en su Análisis interdisciplinar de la problemática ambiental, de 1997. 

¿Qué nos espera? ¿Está el planeta en peligro? 

Todas las proyecciones indican que somos nosotros los que estamos en peligro, no la naturaleza, ni el planeta, porque, como ha ocurrido antes, este siempre encontrará las respuestas a las situaciones que se le presentan, se adaptará, pero ¿será la especie humana capaz de adaptarse? 

Si nos preguntamos cuán mal estamos en el 2022, solo hay que leer el nuevo informe de Naciones Unidas generado en septiembre de este mismo año, que es considerado como una alerta roja para la humanidad y un llamado a actuar contra el cambio climático, Las evidencias son claras y contundentes. Veamos algunas de las más fáciles de entender, planteadas en ese documento y en otros publicados en el último lustro:

1) Reportes de grandes incendios en el Mediterráneo y los Estados Unidos de Norteamérica. En esa primera semana de julio del 2022, Europa reporta la temperatura más alta desde que se tienen registros con 48 grados centígrados en Sicilia, y en California se alcanzaron 46 grados, lo cual no es exclusivo de esas regiones, porque a nivel global los cambios no paran. La temperatura media mundial fue de 1.09 grados centígrados, la más alta entre 2011 y 2020, es decir que en esos nueve años registró un incremento mayor que el experimentado de 1850 a 1900 (medio siglo); y para corroborar eso, las evidencias demuestran que los últimos cinco años han sido los más calurosos desde que se tienen registros, es decir desde 1850. 

2) Si comparamos la tasa de subida del nivel del mar desde 1901 a 1971 con la actual, esta se ha triplicado con relación a más de medio siglo que abarca el periodo antes señalado. 

3) Otra de las problemáticas que evidencian el cambio climático son las olas de calor, que se han hecho más frecuentes y mortíferas desde 1950; los eventos de fríos extremos, aunque están ocurriendo, son menos alarmantes y severos, pero indican claramente que los cambios extremos son en ambas direcciones. 

4) La crisis del agua ha llegado a niveles de catástrofe en varios países de la región de América Latina, siendo México uno de los más afectados, según el observatorio de la NASA. Igualmente, es reseñable el caso de la presa Hoover, sobre el río Colorado, en los Estados Unidos, que está amenazada por la sequía. 

5) Las inundaciones que han afectado a Paquistán, China y América Latina han alcanzado niveles nunca antes registrados y que han sorprendido a todos, porque, aunque se predijeron, han superado las proyecciones de los expertos. 

6) Los eventos hidrometeorológicos son más comunes e intensos, con temporadas ciclónicas que han alcanzado números récord de eventos nombrados en la cuenca atlántica, como lo fue la temporada del 2020, con 31 fenómenos nombrados, de los cuales siete fueron huracanes de categoría superior; además, desde el 2005 se han generado cambios muy significativos en las temporadas ciclónicas, tanto del Atlántico como del Pacífico, destacando la del 2017 como la que rompió la mayoría de los récords. 

7) Ha habido una significativa reducción de la producción agropecuaria, que se ha evidenciado en la disminución característica de los niveles de rendimiento de algunos cultivos, y se relaciona con los daños provocados por los eventos hidrometeorológicos extremos, como las inundaciones y las sequías. 

8) Proliferan enfermedades que pasan de los animales a las personas, por pérdida de los espacios naturales, y el incremento de las afecciones respiratorias agudas, afecciones diarreicas agudas y la morbimortalidad. 

9) Pérdida de diversidad biológica, llegándose a afirmar, en el reporte global del Convenio de Diversidad Biológica 2014, que una de las mayores causas de la pérdida de biodiversidad está dada por las presiones vinculadas a la agricultura, que abarcan el 70% de la pérdida estimada de la biodiversidad terrestre. Por ello, como punto crucial se recomendó reorientar las tendencias de los sistemas alimentarios, buscando una producción sostenible y restaurando los servicios ecosistémicos en paisajes agroecológicos. 

10) Desplazamiento de las personas e incremento de la pobreza. En el 48.o periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, en septiembre del 2021, Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, clamó por un medio ambiente seguro, limpio, saludable y sostenible, como base de la vida humana. Pero actualmente, debido a la acción y a la inacción humanas, la triple crisis planetaria de cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad está afectando directa y gravemente a una amplia serie de derechos, que incluye los derechos a alimentación adecuada, agua, educación, vivienda, salud, desarrollo e incluso a la vida misma. 

11) Seguridad y soberanía alimentaria y nutricional en riesgo, como cita el Plan para la seguridad alimentaria, nutrición y erradicación del hambre (CELAC 2025). Más allá de la gravedad del tema, de sus consecuencias sociales y económicas, y de la cantidad de documentos que ha inspirado, la inseguridad alimentaria y nutricional se mantiene como un problema de características endémicas en América Latina y el Caribe. Esto no solo afecta a la población desde la perspectiva de la desnutrición, sino también de los crecientes índices de sobrepeso y obesidad. El cambio climático es un proceso que se comenzó a discutir hace varias décadas, e, independientemente del peso que pudieran tener distintas variables en su desarrollo, todo parece indicar que llegó para quedarse, con consecuencias presentes y futuras. Diversos estudios han detallado el impacto que tendrá el cambio climático, influyendo en los factores que inciden en la producción de alimentos en toda la región. Entre ellos destacan: alza de temperaturas medias mundiales, regionales y locales; aumento del nivel del mar; cambio en el régimen de precipitaciones; mayor frecuencia de desastres y eventos climáticos (huracanes, sequías, etc.); modificación de la frontera agrícola, y cambios en la transmisión de pestes y enfermedades del agro y la ganadería. 

¿Cómo afecta la crisis climática a la República Dominicana? 

Hemos oído y leído en innumerables ocasiones que el calentamiento global, el cambio climático y los fenómenos que de ellos se derivan afectarán de una manera significativa a la República Dominicana; somos uno de los diez países más vulnerables del mundo y debemos prepararnos para ello, pues los riesgos se agravan por las condiciones de insularidad de nuestro territorio, entre otros factores. 

Cada año estamos recibiendo los impactos de las sequías que afectan nuestra ya maltrecha seguridad alimentaria y nutricional; se pierden espacios de playa que se erosionan, lo que se suma a la llegada de sargazos (algas marinas) a nuestras costas, disminuyendo así la posibilidad de atraer más turismo, básico para nuestra economía. Al mismo tiempo, estamos en la trayectoria de los huracanes tropicales, que cada vez son más intensos y con temporadas más activas, que van más allá de los seis meses que normalmente duraba ese periodo. 

Tenemos un territorio muy vulnerable a las inundaciones, pese a que es marcadamente agreste y está dominado por varias cadenas montañosas, pero las áreas más bajas, densamente pobladas, se ven afectadas por las crecidas de ríos, arroyos y cañadas, que generan desastres y pérdidas materiales y humanas con mucha frecuencia. 

Todo lo señalado anteriormente, que genera las condiciones que ya conocemos, resulta potenciado por una cultura marcada por la improvisación y la falta de planificación estatal y privada, que hace un deficiente uso del territorio y de los recursos disponibles, e incluso carecemos de una ley de ordenamiento territorial. Somos un país pobre que cada año invierte una enorme cantidad de recursos para mitigar daños a las infraestructuras y los servicios, y en atención directa a las personas. Si desarrolláramos una cultura de prevención, se generarían menos pérdidas y gastos y se crearían las condiciones de adaptación y mitigación óptimas para enfrentar los impactos que ya sabemos que serán cada vez más comunes y severos. 

Así podemos enfrentar la crisis ambiental. Depende de nosotros crear un futuro más seguro y una sociedad más resiliente, pero para lograrlo debemos comenzar enseguida. Los informes de los últimos años predicen que las próximas dos décadas serán determinantes, ya que la temperatura podría aumentar más de 1.5 grados centígrados, con múltiples consecuencias como olas de calor aún más fuertes y frecuentes, lluvias más intensas y diferentes tipos de sequía, más extremos. 

Las evidencias apuntan a que la especie humana ha generado las situaciones que han llevado al calentamiento de la atmósfera, los océanos y la tierra, con sus consecuencias nocivas. Queda claro que el cambio climático es consecuencia de todo ello, por los gases de efecto invernadero (GEI) que las actividades humanas generan y que son responsables del calentamiento del planeta en 1.1 grados centígrados, desde el periodo 18501900, cuando comenzó la revolución industrial, hasta la actualidad. 

Ese mismo calentamiento de la atmósfera terrestre ha generado, además, el derretimiento de los glaciares de una manera progresiva desde la década de 1990 y la disminución del hielo marino en el Ártico, lo cual afecta la dinámica de todo el planeta, incluyendo a América Latina, donde estamos ubicados. Es esta una de las zonas más golpeadas por el aumento de las temperaturas y del nivel del mar, lo que ocasiona inundaciones y el retroceso de la línea de costa, que además están acompañados por sequías cada vez más intensas. 

Pero ante tantas evidencias y presagios surgen ciertas interrogantes: ¿Se puede revertir todo esto? ¿Cómo? ¿Quiénes deben hacerlo? 

Según los expertos, sí se puede revertir, comenzando por una reducción de las emisiones globales hasta el 2030 para llegar a cero emisiones en el 2050, enterrando una parte y capturando las demás con el incremento de la cobertura boscosa. Teniendo en cuenta que el cambio climático afecta a las economías, las medidas a adoptar también afectarán significativamente a estas. 

En la región de América Latina tenemos los sumideros de carbono y de agua más importantes del mundo, por lo que se deben realizar las inversiones pertinentes para protegerlos e incrementarlos. 

Se necesita desarrollar sistemas de alertas tempranas, en todas las regiones y a todos los niveles, para propiciar la adopción de medidas que logren una mayor protección de los recursos, vidas y bienes. 

La lucha contra la actual crisis climática demanda de un mejoramiento y protección de los ecosistemas existentes en el planeta, tomando en cuenta que la especie humana no es el propietario sino el custodio, y que como especie inteligente debe propiciar su uso racional y sostenible. 

El punto al que hemos llegado nos obliga a trabajar en la adaptación y la mitigación para poder lograr la sobrevivencia de las especies, el fomento de los recursos naturales y el desarrollo armonioso, en el presente y el futuro del planeta y de la especie humana. 

Bibliografía 

1. David Arnold, La naturaleza como problema histórico. El medio, la cultura y la expansión de Europa. Fondo de Cultura Económica, México D. F., 2000. 

    2. Fernando Estenssoro Saavedra, Antecedentes para una historia del debate político en torno al medio ambiente: la primera socialización de la idea de crisis ambiental (1945-1972), Revista Universum, n.o 22, vol. 2: 88-107, pp. 2007.

    3. Joan Martínez Alier, Temas de historia económico ecológica, en Martínez A. J., y González de Molina, M. (editores), Historia y ecología. Editorial Marcial Pons, Madrid, 1993.

    4. Juan Armando Sánchez, Influencia de los cambios ambientales en el riesgo y el aumento de nuevas pandemias, Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, vol. 45, n.o 176, Bogotá, julio-sept. 2021.

    5. María Novo y Ramón Lara, El análisis interdisciplinar de la problemática ambiental. Fundación Universidad-Empresa, Madrid, 1997. 

    6. Sandro Dutra e Silva, Pedro Roberto Jacobi, Zenaida Lauda-Rodríguez, Beatriz Milz, Ciencia y crisis ambiental en medio a incendios y pandemia. Vol. 24. São Paulo, 2021. 

    7. Comisión de las Comunidades Europeas, Programa Comunitario de Política y Actuación en Materia de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Vol. 1. Bruselas, 1992. 

    8. Plan para la seguridad alimentaria, nutrición y erradicación del hambre de la CELAC 2025. Una propuesta para seguimiento y análisis. Naciones Unidas, enero de 2016. 

    9. https://www.bbc.com/mundo/noticias-49113357, 25 julio 2019. 

    10.https://www.google.com/search?q=eras+geologicas+de+la+tierra+y+calentamiento+global&&tbm=i sch&ved=2ahUKEwivgNig0Iv7AhWVjuAKHSD2DtUQ2cCegQIABAA&oq=eras+geologicas+de+la+tierra+y+calentamiento+global&gs_lcp=CgNpbWcQDFCTG1iJOWDJUWgAcAB4AIAB9wGIAfIGkgEFMC41LjGYAQCgAQGqAQtnd3Mtd2l6L WltZ8ABAQ&sclient=img&ei=-FpgY6kDZWdggeg7LuoDQ&bih=568&biw=1366#imgrc=EG8lFCvMywsqM, septiembre 2022. 

    11.https://library.wmo.int/index.php?lvl=notice_ display&id=22128#.Y2E55nbMLIV (United In Science 2022: una compilación de alto nivel de varias organizaciones de la ciencia más reciente relacionada con el cambio climático, los impactos y las respuestas). 

    1 2 . h t t p s : // w w w . o h c h r . o r g / e s / s t a t e m e n t s / 2 0 2 1 / 0 9 / e n vironmental-crisis-high-commissioner-calls-leadership-human-rights-council. 


    1 comment

    ruay91 julio 15, 2024 - 7:46 pm

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